El fraude electoral

Por Rosendo Fraga.

En la historia argentina se vincula el fraude con el ejercido por las fuerzas conservadoras en los años 30. Pero se trata de un fenómeno mucho más amplio.

En la historia argentina se vincula el fraude con el ejercido por las fuerzas conservadoras en los años 30. Pero se trata de un fenómeno mucho más amplio. Cuando el 22 de mayo el Regimiento de Patricios rodeó el Cabildo impidiendo la entrada de españoles y permitiendo así que los criollos, que eran minoría, lograran la mayoría para destituir al virrey, no era el comienzo de una democracia demasiado perfecta. Durante todo el siglo XIX y comienzos del XX, votaba sólo una minoría que alcanzaba aproximadamente al 10% de los varones mayores de edad.

Quien controlaba el poder se aseguraba el control de la elección y a veces con métodos violentos. Hace un siglo, se sanciona la ley del voto universal, secreto y obligatorio que disminuyó fuertemente el fraude, pero no lo eliminó, sobre todo en las zonas más pobres del país. Si bien los conservadores usaron más el fraude que las otras fuerzas políticas, la realidad es que hubo casos en el radicalismo y hasta en el socialismo. Con el peronismo, que ganaba genuinamente las elecciones por amplio margen, el fraude fue sustituido por el clientelismo como forma de asegurar las lealtades electorales. En los años 50 y 60 no hubo fraude, pero sí proscripción del peronismo.

Con el reestablecimiento de la democracia en 1983, por primera vez en doscientos años de historia, la Argentina tuvo más de un cuarto de siglo ininterrumpido con voto universal, secreto y obligatorio. Desde entonces, no ha existido el fraude masivo, pero quien está en el poder cuenta con una serie de instrumentos para manipular elecciones, sobre todo en las regiones con menores ingresos del país y del Gran Buenos Aires. A los efectos que genera el clientelismo, se agrega que la ausencia de fiscalización, que puede ser alta en la oposición, lo que puede generar una pérdida de votos de aproximadamente el 4%, que pasa al oficialismo. En lugar de irse perfeccionando las costumbres electorales para disminuir el fraude, se ha ido involucionando, como lo confirmó en 2007 el masivo robo de boletas en algunas zonas del Gran Buenos Aires. *Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.

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