Ante 70.000 fieles, el Papa hizo un llamado a todos los cristianos a dejar atrás sus divisiones
"Los conflictos, si no se superan bien, nos separan de Dios. El conflicto puede ayudarnos a crecer, pero también nos puede dividir", advirtió el Papa en una Plaza San Pedro repleta de unos 70.000 fieles, pese al sol impiadoso y más de 30 grados de temperatura.
Al reflexionar sobre el concepto de Iglesia como cuerpo de Cristo, expresión del Concilio Vaticano II, el Pontífice recordó que la Iglesia "no es una asociación benéfica, cultural o política, sino que es un cuerpo vivo, que camina y actúa en la historia". "Y este cuerpo tiene una cabeza, Jesús, que lo guía, lo alimenta y lo sostiene", agregó.
"Ser parte de la Iglesia quiere decir estar unidos a Cristo, significa permanecer unidos al Papa y a los obispos y también significa aprender a superar personalismos y divisiones, entenderse mejor, armonizar la variedad y las riquezas de cada uno", explicó luego.
"La unidad es una gracia que debemos pedir al Señor para que nos salve de las tentaciones, de las divisiones, de las luchas entre nosotros y del egoísmo, de los chismes. ¡Cuánto daño hacen las habladurías: cuánto daño, eh! Nunca chismes sobre los otros: nunca. ¡Cuánto daño causan a la Iglesia las divisiones entre los cristianos, los partidismos, los intereses mezquinos!", exclamó, saliéndose del texto que había preparado.
El Papa recordó las divisiones que hay en la misma Iglesia Católica y las que hay entre las comunidades cristianas: evangélicos, ortodoxos, católicos... "Pero ¿por qué divididos? Debemos tratar de lograr la unidad", propuso.
Y, en tono coloquial, confesó que quería contar algo: "Hoy, antes de salir de la casa, estuve unos 40 minutos, más o menos, media hora, con un pastor evangélico, y rezamos juntos. Buscando la unidad. Pero tenemos que orar entre nosotros, católicos, y también con los cristianos, orar para que el Señor nos dé la unidad: ¡la unidad entre nosotros!", exhortó.
Al saludar luego a los peregrinos en italiano, hizo un fuerte llamado por los refugiados, al recordar que hoy se celebra su día en todo el mundo. "No podemos ser insensibles hacia nuestros hermanos refugiados: estamos llamados a ayudarlos, abriéndonos a la comprensión y a la hospitalidad", dijo. "No falten en todo el mundo personas e instituciones que los asistan: en su rostro está impreso el rostro de Cristo", subrayó.
Al término de la audiencia general, luego de saludar a celebridades como la ex modelo Valeria Mazza y el senador Nito Artaza, entre otros, Francisco volvió a protagonizar una escena conmovedora.
Después de bendecir y dedicarles gran parte de su tiempo, como siempre, a enfermos, invitó a un chico con síndrome de Down que vestía una camiseta de la selección argentina con el número 10, de Messi, a subir por un rato en el papamóvil. En medio de aplausos emocionados de los presentes, el chico -llamado Alberto Di Tullio, de 17 años, de Nápoles-, divertido, aprovechó para sentarse en la silla pontificia. Alberto parecía no querer bajarse del jeep blanco y el Pontífice, más sonriente que nunca, le siguió el juego, en otro gesto de grandeza.
BERLUSCONI, MÁS COMPLICADO
El Tribunal Constitucional italiano rechazó ayer un recurso interpuesto por el ex primer ministro Silvio Berlusconi para conseguir la anulación de una condena por fraude fiscal en el caso Mediaset, por el que el Cavaliere fue condenado a cuatro años de cárcel, a cinco de inhabilitación en el desempeño de cargos públicos y a tres de prohibición de ocupar puestos ejecutivos en compañías privadas.
La decisión del Tribunal, que allana el camino para un fallo definitivo en los próximos meses, profundizó la incertidumbre que enfrenta el primer ministro Enrico Letta, que llegó al cargo respaldado por el magnate de los medios. De todas formas, a través de un comunicado, Berlusconi dijo ayer que el fallo no afectaría su apoyo al gobierno de Letta.


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