Francia evaluará caso por caso

París considera que aquellos detenidos en la bahía de Guantánamo que recuperen la libertad y contra los cuales no pesa cargo alguno “no deben ser enviados a sus países si corren peligro de ser perseguidos”.
Se acabó la ESMA del primer mundo y Francia confirmó ayer su disponibilidad a recibir, bajo ciertas condiciones, a los prisioneros de Guantánamo que serán liberados próximamente. El portavoz adjunto de la Cancillería francesa, Frédéric Desagneaux, saludó la decisión de cerrar la cárcel de Guantánamo tomada por Barack Obama. La clausura de este centro de tortura inaugurado por la democracia de la primera potencia mundial ya había sido exigido por París y varias capitales europeas. La misma fuente del Ministerio de Relaciones Exteriores recordó que “en todas las circunstancias, es necesario que el combate contra el terrorismo debe llevarse a cabo en el respeto de los derechos humanos, del derecho internacional y del derecho de los refugiados”.

El portavoz recordó que el jefe de la diplomacia francesa, Bernard Kouchner, ya había comunicado su deseo de que se examine favorablemente la posibilidad de recibir a los prisioneros de Guantánamo que recobren la libertad y que formulen la demanda expresa de venir a Francia. París interpone como condición el examen “caso por caso” de las demandas a fin de evaluar “las implicaciones judiciales y los riesgos para la seguridad”. Francia considera que los detenidos de Guantánamo que recuperen la libertad y contra los cuales no pesa cargo alguno “no deben ser enviados a sus países de origen si corren el riesgo de ser perseguidos”.

En este contexto, el gobierno francés quiere que este pesado legajo sea objeto de un “enfoque común europeo”. A través de trayectorias diversas que luego convergieron en dos puntos comunes, Afganistán y Guantánamo, seis personas de nacionalidad francesas estuvieron detenidos en Guantánamo luego de haber sido capturados en Afganistán entre finales de 2001 y principios de 2002 por tropas paquistaníes y fuerzas de la Alianza del Norte (movimiento de resistencia afgano con gran influencia en las regiones del norte de Afganistán y pieza fundamental para la caída, a finales de 2001, del régimen radical de los talibán). Se trata de Khaled ben Mustapha, 35 años Mourad Benchellali, 25 años; Nizar Sassi, 27 años; Redouane Khalid, 39 años; Brahim Yadel, 36 años, e Imad Achab Kanouni, 30 años. Los seis hombres estuvieron detenidos en Guantánamo durante casi dos años y medio y, al igual que los otros presos que fueron liberados paulatinamente, narraron las escenas de tortura física y psicológico que sufrieron. Los seis fueron liberados por tandas, entre 2004 y 2005, y luego tuvieron que presentarse nuevamente ante los tribunales franceses. Cinco de ellos fueron condenados a cuatro años de cárcel, tres de ellos en suspenso, a raíz de su estancia en Afganistán.

Reclutados en Francia por integristas, conducidos a Londres y luego a Pakistán, los seis ex detenidos pasaron después a Afganistán, donde siguieron cursos y entrenamiento militar en las bases que Al Qaida había instalado en Kabul con la complicidad del régimen de los talibán. Desde luego, al igual que todo lo que toca de cerca o de lejos esta macabra historia, Washington tiene responsabilidad sustancial en ese episodio afgano. El régimen fundamentalista de los talibán, los famosos estudiantes de Teología, había sido en su momento un estrecho aliado de la Casa Blanca, la cual los utilizó primero para precipitar el retiro de las tropas de la ex Unión Soviética de Afganistán y luego para tomar el control político de un país sumido en un sangriento antagonismo entre los grupos y facciones que se habían unido para expulsar a los soviéticos. Los seis franceses siempre reconocieron que habían sido entrenados en Afganistán por los aliados de Osama bin Laden, pero negaron toda implicación en las actividades terroristas posteriores.

En el curso del proceso de los seis hombres que se organizó en Francia luego de su liberación surgieron algunas revelaciones incómodas. Por ejemplo, los franceses contaron que varios investigadores habían viajado a Guantánamo para interrogarlos en secreto –una información negada siempre por Francia–. Ayer, Obama cerró para siempre ese pozo de vergüenza humana que fue y será Guantánamo. Queda aún un caso pendiente entre Francia y Estados Unidos. Se trata de Zacarias Moussaoui, el único acusado y condenado hasta hoy en los Estados Unidos por los atentados del 11 de septiembre de 2001. Ciudadano francés, Moussaoui fue condenado en 2006 por un tribunal de Virginia a cadena perpetua con seis cargos encima debido a su implicación en esos atentados. A pedido de su madre, un abogado francés intenta desde hace un año y medio que Zacarias Moussaoui cumpla el resto de su pena en Francia. Sin embargo, a fines de 2006, un mensaje atribuido a Osama bin Laden descarga a Moussaoui de toda culpabilidad o lazo con los atentados que derribaron las Torres Gemelas y desembocaron luego en dos guerras –Afganistán e Irak– y los peores abusos que hayan sido cometidos por las democracias modernas en Occidente.

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