Fracaso propio y desatino central

Nuevamente en la provincia de Córdoba, como en el ‘95 y en el 2001, volvimos a conversar sobre la posible aparición de bonos. Esto evidencia un fracaso en el manejo de la cosa pública.
Los gobiernos provinciales de los últimos años, con un aumento casi procaz del gasto público, y con la costumbre de financiar los déficit tomando deuda para que "se arregle el que siga" tienen gran parte de la culpa de esta situación. Sin embargo, limitarnos a esto es marcar sólo una parte del problema.

Las políticas nacionales, especialmente la de los últimos años, han mostrado un desprecio por el interior del país casi rayano al lacayismo. Porque, no nos confundamos, tenemos un federalismo por constitución, pero un unitarismo económico y fiscal por realidad, que nos transforma en meros mendigos del poder central. ¿No nos ha llamado la atención, acaso, que el gobierno central tenga superávit fiscal, y que las provincias acumulemos un déficit de casi 14 mil millones de pesos?

Esto es así por el sistema fiscal perverso que tenemos. El gobierno central tiene una estructura tributaria que le permite tener los huevos en distinta canasta. Si el nivel de actividad internacional aumenta, cobra vía retenciones a las exportaciones; si el nivel de actividad local aumenta, cobra vía el IVA, o el impuesto a los débitos y créditos bancarios. Y si todo esto le va mal, siempre tienen la herramienta de la emisión monetaria o de tomar los fondos de la Anses. Con las provincias no pasa esto.

Los impuestos locales se basan mayoritariamente en tributos que dependen del nivel de actividad en cada jurisdicción. Y si esto fracasa, deben mendigar el envío de coparticipación (que por ley le corresponde) o que la nación "le habilite unos mangos" por el Programa de Asistencia Financiera. Esto sí, a cambio de algunos favores políticos.

¿Los cordobeses acaso no nos hemos dado cuenta del daño que nos ha hecho la Nación con las retenciones a las exportaciones? Así como en la década del 90 los bancos extranjeros tomaban los depósitos en el interior para prestarlo en la Capital Federal "secando las plazas del interior", hoy el Gobierno Nacional, ese mismo que reniega de esa "década infame", hace lo mismo: le detrae recursos a las provincias para subsidiar, por ejemplo, el boleto en Buenos Aires.

La economía es simple: es como una pileta. Los recursos monetarios que generan los empresarios es el agua que circula en la misma. En la medida que todos los recursos se muevan "dentro" de la pileta todo anda bien: genera consumo y recaudación fiscal. Si la Nación levanta el tapón de la pileta y le saca recursos a las economías provinciales, ese dinero es lo que deja de consumirse y, por ende, lo que deja de generar recaudación. Así de simple, así de patético.

Nuestros legisladores tienen la oportunidad histórica que esta situación cambie. Pero la gente está escéptica. Mientras la política siga siendo una profesión y no una vocación no tendremos salida.

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