Fracasó la negociación por Honduras

La delegación de Micheletti se negó a aceptar el regreso de Zelaya; Arias pidió 72 horas y advirtió sobre el riesgo de una guerra civil
SAN JOSE, Costa Rica.- El diálogo entre las delegaciones del depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, y del gobierno de facto de Roberto Micheletti para encontrar una salida a la peor crisis en 20 años en América Central fracasó ayer en Costa Rica, luego de que los enviados del mandatario de facto rechazaran una propuesta del mediador del encuentro, Oscar Arias.

Arias pidió 72 horas de plazo para intentar volver a sentar a ambas partes a la mesa de diálogo y evitar el "derramamiento de sangre", pero la inflexibilidad que demostró el lado de Micheletti a la propuesta de que Zelaya reasuma la presidencia pareció echar por tierra cualquier posibilidad de negociación.

Aunque anoche dijo que siempre hay que dejar "una puerta abierta al diálogo", Zelaya advirtió que nadie puede impedir su retorno al país, lo que parece augurar una exacerbación de las tensiones en Honduras, donde, según Arias, el peligro de guerra civil es inminente.

Las delegaciones, que estuvieron reunidas durante todo el fin de semana en San José, no lograron ponerse de acuerdo en la propuesta de Arias de restituir en el poder a Zelaya, que fue derrocado hace tres semanas por militares y expulsado a Costa Rica. La primera ronda de diálogo, entre el 9 y 10 de julio, había fracasado.

"Lo siento mucho, pero las propuestas que usted ha presentado resultan inaceptables para el gobierno constitucional de Honduras que yo represento", le dijo al presidente de Costa Rica Carlos López, representante de la delegación del gobierno de Micheletti.

La enviada de Zelaya, Rixi Moncada, dijo que consideraba "finalizadas" las negociaciones con esa delegación del gobierno de facto, a la que calificó de "intransigente".

"Nos sometimos a la mediación; aceptamos toda la propuesta de buena fe; no obstante, y en virtud de la intransigencia demostrada, anunciamos que para nosotros, como comisión delegada por el gobierno constitucional, este diálogo con esta comisión de este régimen de facto producto del golpe militar ha finalizado", dijo Moncada, ministra de Energía de Zelaya.

"Reiteramos, de todas formas, nuestra disponibilidad ante el mediador legitimado por la comunidad internacional y la OEA. Nos mantendremos al pendiente de acciones o medidas que el presidente Arias pueda tomar en las próximas horas", añadió.

Arias confirmó el fracaso del diálogo y, ante este sombrío panorama, pidió más tiempo. "Yo quiero tomarme 72 horas para continuar trabajando, esta vez de una manera más ardua, para ver si podemos lograr un acuerdo entre las partes -señaló el premio Nobel de la Paz-. Hasta que me den las fuerzas, voy a insistir; me parece que un plazo de tres días es tiempo suficiente para que yo haga ese esfuerzo. La alternativa es que se va a derramar sangre en Honduras si no llegamos a un acuerdo que permita que el presidente Zelaya regrese pacíficamente".

La hoja de ruta de Arias preveía la restitución de Zelaya en el poder, la creación de un gobierno de conciliación nacional integrado por todas las fuerzas políticas y que el presidente depuesto renunciase a realizar una consulta para convocar una Asamblea Constituyente, entre otros puntos.

Horas antes del encuentro en la casa de Arias, la delegación de Micheletti había dado a conocer una contrapropuesta, que aceptaba el regreso de Zelaya al país, siempre y cuando el depuesto presidente respondiera ante la justicia "con las garantías necesarias" de que recibirá "un debido proceso".

En Managua, la canciller del gobierno depuesto, Patricia Rodas, había anunciado antes de conocer el resultado de la cita en San José que, de fracasar la negociación, Zelaya marcharía hacia Honduras.

Por su parte, Zelaya dijo que nadie puede impedir que regrese a Honduras. "Lógicamente, mi retorno no puede impedirlo absolutamente nadie", dijo Zelaya. En una entrevista con el diario F olha de S. Paulo, publicada ayer, el mandatario había afirmado que, cuando regrese el poder, insistirá en el proyecto para convocar a una asamblea constituyente, que fue lo que desencadenó el golpe. "No se trata de una decisión mía. Es un problema de voluntad política; no puedo traicionar a todo el pueblo y abandonar el proceso", afirmó.

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