El fracaso más inesperado

Por Félix Sammartino

Algo se está haciendo tremendamente mal con el campo como para que las pequeñas y medianas explotaciones estén desapareciendo a la velocidad del tren bala.

Los resultados parciales del Censo Nacional Agropecuario que mide el período 2002-2008 demuestran que dejaron de existir 9990 establecimientos por año. Esta tasa de desaparición supera incluso las 6276 explotaciones que salieron de escena por año durante el período censado entre 1988 y 2002.

Es decir que en el período de mayor crecimiento y de los precios internacionales de los productos agropecuarios más altos de la historia no sólo se continuó expulsando productores de la actividad agropecuaria, sino que se lo hizo a una velocidad aun mayor que la de la convertibilidad, la más impiadosa de las épocas para los más chicos y medianos.

Nadie hubiera apostado al grado de descalabro que desnudaron las cifras oficiales. Los resultados parciales del censo agropecuario no son sólo la triste evidencia de que los errores en las políticas agropecuarias se terminan pagando. Demuestran también el nivel de daño que puede causar un gobierno cuando elige de enemigo a un sector de la actividad económica.

La producción agropecuaria argentina se concentra en menos manos. En las manos más fuertes y grandes de quienes pueden aguantar menos rentabilidad y una altísima presión impositiva. También de los que tienen la información correcta, un activo valiosísimo cuando la política está basada en lo impredecible.

Se podrá decir que hay una tendencia mundial a la concentración. Es cierto y parece inevitable en una economía globalizada. Entonces la pregunta que se debe formular es a qué velocidad ocurre.

La preocupación del matrimonio Kirchner por frenar este fenómeno de concentración ha estado sólo presente en los discursos. De otra forma, es difícil explicar este fracaso. Es paradójico el divorcio entre las palabras y los hechos. Una política enunciada en favor de los pequeños productores termina siendo un perjuicio antes que un estímulo, al punto de obligarlos a abandonar su actividad. Lo mismo ocurrirá este año con la soja. La política kirchnerista en contra de la sojización tiene como resultado la mayor superficie sembrada de este "yuyo" en desmedro de otros cultivos y actividades.

Pero los resultados del censo demuestran un problema superior a la concentración. Las 59.943 explotaciones que cerraron sus puertas durante estos seis años estaban distribuidas a lo largo y a lo ancho de la geografía nacional, y en su gran mayoría, no es difícil acertar, eran pequeñas explotaciones. Y representan a casi todas las actividades productivas del país, agricultores, ganaderos, tamberos, fruticultores, productores ovinos, yerbateros, etcétera.

Teniendo en cuenta estas cuestiones, es fácil concluir que los resultados parciales del último censo demuestran a las claras que mientras la producción agropecuaria se concentra el país se deforma. Familias que migran de las zonas rurales a los cordones más pobres de las grandes ciudades. Culturas y arraigos que desaparecen.

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