El fracaso de la censura

Por: Ricardo Roa

El régimen iraní pelea contra Internet pero no puede con la revolución del Twitter. Prohibió a sitios y blogueros difundir cualquier material que "provoque tensión". O sea, información sobre las masivas protestas contra el fraude electoral. Pero aún así le es imposible ocultar lo que está pasando

Las redes sociales parecían sólo una forma inofensiva de comunicarse. Pero a través de Twitter, donde los participantes cuentan en una o dos líneas lo que ocurre y al que se puede acceder desde Internet o cualquier celular, la gente hace denuncias y hasta envía imágenes que terminan en muchos diarios del mundo.

Las cadenas noticiosas están usando esas fuentes para saltar el cerco oficial. En Teherán sus periodistas no pueden cubrir los hechos y la web está bloqueada por los filtros del régimen. Para silenciar al Twitter el gobierno debería desconectar el país: cortar las comunicaciones telefónicas y meterle un cerrojo tecnológico a los satélites.

El muro de la censura fue rápidamente atravesado. Cuando se tipea Irán, los mensajes apabullan. A la frase "Iranelection" ya la buscaron más de 40 millones de usarios en el mundo. Desde luego, es difícil y a veces imposible chequear si un dato es verdadero o falso. Y esto es toda una discusión en los medios antes de decidir qué se publica. Por eso, aclaran al lector que los editores no están en condiciones de corrobar los hechos. Eso sí: lo que no ayuda al régimen iraní es justamente no tener buena prensa.

Está visto que la censura tiene patas cortas. Y con la revolución de las comunicaciones, cada vez más cortas. Hoy parece prehistoria. Pero nos enteramos de lo que ocultaba la dictadura militar en tiempos de la guerra de Malvinas escuchando radio Colonia o la BBC por onda corta.

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