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Acceder a los hospitales públicos de la ciudad a pie se ha vuelto complicado. En las veredas de la mayoría se eternizan baches y roturas. Hay sectores sin mosaicos y rampas o accesos a consultorios completamente rotos. Y se suman los levantamientos y hundimientos de las aceras por efecto de los árboles añosos. Un combo que obliga a transitar con mucho cuidado y paciencia para llegar con éxito a los centros de salud.
El Hospital de Niños Zona Norte es un claro ejemplo de esta situación. Ubicado sobre el parque Alem, frente a la desembocadura del Ludueña, en su vereda exhibe desde hace años unos seis cráteres. Demás está decir que diariamente transitan por allí decenas de familias con cochecitos, personas con problemas de movilidad o sillas de rueda. Sin embargo, pocos parecen tener en cuenta las complicaciones que generan estas roturas.

   El cuidado de las veredas está a cargo de los frentistas (ver aparte). Pero en el caso de los hospitales o dependencias públicas es la Municipalidad la encargada de mantenerlas. "Las aceras de los edificios de salud las arreglamos nosotros a medida que detectamos las roturas", explicó la subdirectora de Obras Públicas del municipio, Susana Nader.

   Para la funcionaria, el mal estado que presentan las aceras en más de un efector público tiene su origen en el alto tránsito que deben soportar. "Muchas veces son las ambulancias las que las hunden", explicó y agregó que en el sector comprendido entre Oroño, Pellegrini y el río son reparadas por la Secretaría de Obras Públicas y fuera de esa zona, la tarea cae en manos de los centros municipales de distrito correspondientes, ya que la labor está descentralizada.

Una agonía. a esquina de Suipacha y Urquiza, y parte de la vereda de mosaicos que llega hasta que aparecen las lajas, también está rota, nada conveniente para transitar durante la noche, cuando se suma la oscuridad generada por la arboleda de la cuadra.

   Los encargados del quiosco ubicado en el ingreso del hospital aseguran que hace años nadie arregla el frente y agregan que el panorama se ve peor porque las bolsas de basura quedan por varios días depositadas cerca del cordón y apoyadas en el cesto de metal de Urquiza y avenida Francia.

   Sin embargo, no es el único centro asistencial de difícil acceso. En el Carrasco, a las veredas muy angostas de 3 de Febrero, se suman malezas y suciedad.

   En el ingreso principal por Avellaneda, los mosaicos faltan o están rotos, hay mucha suciedad y hojas desparramadas y sectores de tierra poceados. Por Zeballos se complica caminar por los restos de ramas, escombros, bolsas plásticas diseminadas y la fuerte presión de las raíces de los viejos plátanos que sigue rompiendo el cemento.

   En el Hospital de Niños Víctor Vilela, de Virasoro al 1800, puede verse que por Dorrego faltan varios mosaicos y los grandes plátanos levantaron otra buena cantidad que quedaron flojos y también provocaron el hundimiento de la calzada. En la verdulería de la esquina de Dorrego y Virasoro se quejaron por la suciedad reinante. "Antes un hombre de la limpieza barría y levantaba toda la mugre a diario, pero después no lo dejaron salir más a la calle", indicaron.

   El contraste con la vereda de enfrente es notorio, es que los vecinos barren de par en par sus frentes. "Si llueve se inunda y debemos salir a destapar las bocas de tormenta del hospital", aseguró José, que además comentó que las motos toman la rampa de la esquina y llegan hasta los consultorios del hospital usando la vereda como si fuera una calle".

   El Hospital Provincial también se suma a la familia de las veredas rotas. Por 1º de Mayo y a mitad de cuadra ya es imposible pasar porque la angosta vereda está bloqueada por un montículo de arena. Donde hubo alguna vez árboles, hoy sólo quedan los rectángulos de tierra y parte del ingreso por Alem está roto.

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