La fórmula y el olor a pólvora

La reunión del jueves por la noche entre Carlos Reutemann y Felipe Solá fue el primer dato de lo que empieza a ocurrir dentre del peronismo no kirchnerista. Aunque el Lole despeje con algo de inocencia cualquier connotación electoral del encuentro el mundillo de la política empieza a hablar sobre la fórmula presidencial.
Mientras, Néstor Kirchner pasa sus días jugando a todo o nada con una idea fija que lo hace cometer dislates pero jamás retroceder: dar por tierra con el Grupo Clarín.

El más feliz tras el cónclave santafesino era Eduardo Duhalde, quien necesita a Reutemann para poder introducirse con un imán en el escarpado territorio del conurbano bonaerense, espacio geográfico que pese a las especulaciones tras la derrota de la lista encabezada por el ex presidente y el gobernador Daniel Scioli no provocó la huida de ningún barón del conurbano.

Kirchner intenta retener con fondos extra a esos caudillos con los que es indispensable poder contar para embarcarse en una aventura electoral, en este caso para el 2011.

Solá sabe que no será un hueso difícil de roer sacar de escena a Kirchner e intenta fogonear desde el 10 de diciembre una bancada que se vincule al justicialismo y ya no al peronismo disidente. Eso fue lo que Reutemann reconoció haber dialogado con el bonaerense, además de especular con una pretendida candidatura presidencial de Solá para que se lo saque a él de los primeros planos.

"El Lole siempre tiene la idea de que una candidatura suya tiene que venir de la mano de un consenso general, casi por aclamación. Y eso no será fácil de que se produzca a menos que este gobierno se derrumbe definitivamente", confió a este diario un diputado nacional.

El gobierno nacional tiene frentes abiertos de un calibre mayúsculo de cuya resolución depende la viabilidad del proyecto kirchnerista. La grotesca invasión de 200 agentes de la Afip en las instalaciones de Clarín es un mensaje de que nada detendrá sus pretensiones de imponer la nueva ley de radiodifusión, un compendio normativo que quedó esmerilado por el clima de extrema tensión más allá de lo anquilosado del texto actual.

Resulta difícil alejarse de las peleas de barricada entre oficialistas que acusan a los opositores de "peones" de los grandes grupos mediáticos y los dichos de los anti K que especulan con que el proyecto solamente está basado en el resentimiento hacia el "gran diario argentino".

La crispación e intolerancia con que se debate en los programas políticos apenas logra la indiferencia de la sociedad, que sí se manifestó el 28 de junio poniéndole una barrera al kirchnerismo y dándole un aval a la oposición.

Ni la Casa Rosada receptó el mensaje de las urnas ni la oposición muestra ideas claras respecto al futuro. Todo este intríngulis se hace más confuso con la casi segura postulación presidencial de Julio Cobos, quien, a la vez, permanece como vice. Un cuadro de situación imposible de visualizar en otro país que no sea Argentina.

Al tiempo que los hechos se suceden al ritmo de un rayo y cada vez con mayor gravedad, nadie está en condiciones de pronosticar cómo será la realidad económica de las provincias cuando el 2010 asome sus narices.

Kirchner y la presidenta les han dicho a gobernadores e intendentes del sector que la situación mejorará y que el gobierno llegará pleno a los comicios de 2011.

"Vamos a ir al ballottage con grandes chances. Néstor o Cristina enfrentando a Reutemann. Ahí nos vota todo el zurdaje", se explayaba noches atrás el intrépido Torcuato Di Tella en un programa televisivo dando a entender que el tiempo no pasó y que la situación es similar a la del 2003 cuando el "progresismo" kirchnerista debía enfrentarse al "noventismo" de Carlos Menem.

Demasiada agua corrió bajo el puente. Basta con asomarse al interior de la provincia de Santa Fe para reconocer que aquellos que votaron por Cristina hoy manifiestan bronca contra las políticas oficiales, alineándose con el ánimo mayoritario de las grandes ciudades.

La sucesión de episodios notorios (como el allanamiento a Clarín) pronostica nuevas movidas instadas desde lo más alto del poder central.

Aquel viejo dicho de que "los gobiernos pasan pero los grandes medios quedan" puede hacer tambalear en algún momento la situación institucional atento al estado de ánimo alterado del ex presidente.

Cuentan que la propia Cristina se enfureció con su marido al enterarse de la masiva presencia de agentes, aunque otros le restan verosimilitud a la especie. Sí es casi payasesco que el titular de la Afip, Ricardo Echegaray, haya declarado que nada sabía del operativo, una tomadura de pelo a la sociedad pero que pasó casi desapercibido en la oposición que debería pedir la renuncia inmediata del jefe de los sabuesos.

Ajeno a esto, los políticos rosarinos fijan su mirada en el 27 de septiembre, comicios a concejal que generan en la población nula expectativa.

Las cartas están marcadas con un oficialismo que aspira a ganar para que no se caiga la ambición de seguir gobernando Rosario en 2011 y, a la vez, pode rmostrar a Miguel Lifschitz como seguro candidato a gobernador. El peronismo mixtura una lista entre rossistas y reutemistas, al tiempo que Jorge Boasso quiere sacar provecho de esta situación para encaramarse como principal opositor.

A nivel provincial, la palabra "diálogo" sigue siendo la más pronunciada, pero la relación entre peronistas y socialistas sigue tensa en ambas Cámaras.

Los meses que vendrán son un gran signo de interrogación para el ciudadano común, espectador del columpio emocional de los habitantes de la quinta de Olivos.

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