La fórmula de Lula para revisar el pasado en Brasil

Por Rodrigo Mallea

El conflicto político que se produjo entre Lula y los comandantes de las Fuerzas Armadas brasileñas, quienes le presentaron su renuncia luego de conocer los detalles del Programa Nacional de Derechos Humanos, contiene varios aspectos políticos destacables.

El primero y más destacable consiste en que Nelson Jobim, ministro de Defensa de Lula y uno de los máximos responsables de la alianza estratégica-militar con Francia, acompañó la posición de las FF.AA. brasileñas presentando su renuncia.

Este episodio no es menor, dado que Jobim pertenece al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que es el partido con mayor cantidad de legisladores en ambas cámaras y el principal socio del gobernante Partido de los Trabajadores (PT); alianza que Lula procura mantener para imponer a su candidata Dilma Rousseff en las presidenciales del 2010, actualmente ubicada 20 puntos detrás del líder opositor José Serra.

Otro aspecto que entra en juego ocurre en el seno del propio PT. A un año de una incierta sucesión presidencial, el ala dura del PT busca congraciarse ideológicamente con su electorado, ya que en materia económica Lula mantuvo los lineamientos de su predecesor, Fernando Henrique Cardoso (PSDB), mientras que en 2005 perdió su bandera histórica de la lucha contra la corrupción tras el escándalo del mensalao.

Esta postura ideológica del PT hoy es defendida por el ministro de Justicia, Tarso Genro, quien intercedió activamente a favor del ex guerrillero italiano Cesare Battisti, hoy detenido en Brasil con una orden de extradición emitida por la justicia italiana, acusado de haber cometido cuatro asesinatos en aquel país en el marco de la organización Proletarios Armados por el Comunismo y cuya decisión final hoy pende de Lula.

Sin embargo, la actual postura de Lula consiste en mantenerse equidistante de los reclamos del ala radical del PT, mostrándose alejado del caso Battisti al mismo tiempo en que el gobierno brasileño busca cerrar las investigaciones de la guerrilla de Araguaya que está siendo tratado en la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA desde abril último.

Las explicaciones de ello se encuentran en que el propio Lula es el más moderado del PT, con un estilo político centrado en tejer y mantener alianzas, cuya máxima expresión se pudo apreciar en su abrazo con su otrora rival político y ex presidente Fernando Collor de Mello, al igual que su inédito apoyo a José Sarney, también ex presidente y actual presidente del Senado, tras ser acusado de fuertes hechos de corrupción a mediados de año.

Lo más probable es que Lula haga lo que mejor sabe hacer: buscar fórmulas para abordar la cuestión de los derechos humanos evitando generar fisuras políticas y sociales, fiel a la tradición política brasileña.

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