La fórmula de los Kirchner no convence.

Por Eduardo van der Kooy.

La Presidenta se desgasta con una catarata de anuncios. El ex presidente madura decisiones de gestión, se ocupa del peronismo y planea las elecciones. Ese desfase sigue manteniendo escéptica a la sociedad. El conflicto con el campo vuelve a escalar. El canje resultó oportuno.

Hace muchas semanas, casi desde el último trimestre del año pasado, que la fotografía del poder parece repetirse. Cristina formulando anuncios por televisión, a veces afable, otras veces con la vegetación de la arrogancia. Néstor Kirchner dialogando en Olivos con dirigentes y gobernadores peronistas, subido a una tarima en mitines partidarios y metido muy temprano en la campaña electoral.

¿Qué tendría de malo la reiteración de aquella foto? Varias cosas. Quizá los Kirchner estén convencidos de que esa imagen puede satisfacer el cambio que demandó la sociedad después del tremendo conflicto con el campo. Es cierto que existe el intento de exhibir a un Gobierno activo frente a las aguas de la crisis internacional que ya penetran las orillas argentinas. Pero ese intento asomaría insuficiente.

La imagen va consumiendo también, de modo inexorable, las últimas oportunidades que le quedan a Cristina para rehacer su identidad y su autoridad presidencial. Para colmo, Kirchner suele hacer ostentación de sus labores políticas. Es difícil admitirlo como un simple y privilegiado consejero de la Presidenta. No habría distancia entre su quehacer político y las decisiones que se van enhebrando en el Poder Ejecutivo.

Esa realidad aflora en el conflicto con el campo. Aflora, para ser sinceros, en todas partes. Pero Kirchner bendice las medidas para el sector agropecuario -la semana pasada fue la emergencia por la sequía- sólo por grageas. Y en la última decisión influyó de modo determinante la presión de los gobernadores e intendentes del PJ de provincias maltratadas por la ausencia de lluvias.

Definitivamente el campo ha pasado a ser para el ex presidente el enemigo político de este tiempo. Más, tal vez, de lo que fue durante el conflicto del año pasado. Los dirigentes del agro también se encargaron de empastar el pleito: hablan sobre sus demandas con el mismo entusiasmo con que rosquean paras las elecciones legislativas.

Los Kirchner no se han dado cuenta de algo. El gradualismo con que tratan las supuestas soluciones para el campo atentaría contra la fortaleza de la economía y las expectativas sociales y políticas. La comunidad está harta del problema en medio de una crisis mundial que sólo siembra incertidumbre y miedo.

Esta situación divide a las entidades rurales. La Sociedad Rural y CRA, por ejemplo, piensan en un plan de acción que no crispe aún más los ánimos sociales. De la Federación Agraria de Eduardo Buzzi y Alfredo De Angeli surge una ecuación menos contemplativa: "Si no hay respuesta oficial, habrá protesta", alertan.

Todas coinciden, sin embargo, en lo mismo. El problema no se circunscribe ya a las retenciones y la sequía. Exhiben datos: cuando arrancó el conflicto la previsión exportadora rozaba los 90 millones de toneladas; cuando concluyó, Carlos Cheppi -el nuevo secretario de Agricultura- dijo que con las nuevas medidas se podrían alcanzar las 150 millones de toneladas. El ciclo concluirá con exportaciones que no superarán los 75 millones.

Un golpe de timón sorpresivo, al estilo Kirchner, podría debilitar la actitud política de la dirigencia agraria. ¿Qué golpe? Los gobernadores Hermes Binner, de Santa Fe, y Juan Schiaretti, de Córdoba, promueven la suspensión temporaria (tres meses) de las retenciones. Al menos tres ministros y un secretario del Gabinete de Cristina insisten con nuevas bajas. En especial para la soja. "Si no se sacude la modorra no cambiará ninguna expectativa. Y si las expectativas no cambian la economía se seguirá adormeciendo", explica el mandatario socialista.

Tiene sus pruebas. Cristina anunció hace algunas semanas una línea de créditos blandos para facilitar la compra de maquinaria agrícola. Esa línea está muerta en toda Santa Fe.

Las expectativas no están demolidas en otras áreas aunque sus oscilaciones trasuntan la desconfianza que impera en la sociedad. El plan sobre autos económicos registró hasta ahora en Buenos Aires un resultado pobre. Muchas consultas y escasas compras. Pero los concesionarios santafesinos indican otra cosa: las ventas venían con un retroceso del 30%, pero recuperaron y hasta incrementaron esa cifra en enero.

Los Kirchner se aferran siempre de esos datos y no de los otros para apuntar el mensaje optimista con que les agrada envolver a la Argentina. El optimismo pareciera ser también el único impulso de las estadísticas que monitorea el secretario de Comercio, Guillermo Moreno. El INDEC informó que la economía creció en el 2008 un 7% pese a la retracción que se observó en el último trimestre. De hecho, la recaudación en diciembre tuvo un déficit que triplicó el registrado en el 2007. El último mes de año es siempre, por diversos factores, deficitario.

Consultoras privadas, en cambio, insisten con que el crecimiento del 2008 fue del 5,5%. También están reavivando un fantasma que parecía olvidado: la inflación. Los índices de este mes podrían trepar hasta un 1,5%, sobre todo, por los aumentos en la energía y el transporte.

Probablemente los Kirchner comuniquen una cosa y en la intimidad crean otra. No fue esa la impresión que se llevaron de Olivos la hilera de gobernadores peronistas que vio la semana pasada al ex presidente. " Está confiado. Pensando en las elecciones", comentó uno de ellos.

Que está pensando en las elecciones es una obviedad y una certeza. Descuenta el triunfo en 15 provincias aunque se desvela con Capital, Córdoba y Santa Fe. Buenos Aires es un capítulo aparte de esa historia.

Su ansiedad electoral se refleja en dos gestos. Lee cada día la evolución de la crisis económica internacional y sigue al detalle los números de la Argentina. Fue un impulsor de la renegociación de los vencimientos que nuestro país debe afrontar este año. Y lo dejó en manos de Sergio Massa, con quien tiene una relación política ondulante. Massa es el jefe de Gabinete de Cristina. Todo dicho.

Kirchner quedó sorprendido por la dimensión del canje que llegó al 97% y que le permitirá a la Argentina diferir pagos por 13 mil millones de pesos. Hubo alguna demora de los bancos en participar y esa demora provocó fricciones entre Massa y Martín Redrado, el titular del Banco Central. Queda algo de humo pero ha desaparecido el fuego entre ellos.

El Gobierno se dispone ahora a repetir la operación con los inversores extranjeros. Esa maniobra no resultará sencilla. Los interrogantes sobre Cristina y Kirchner en el mundo siguen sonando fuerte y el marco de la crisis tampoco ayuda. "Con un canje que alcance el 50% nos damos por hechos", graficó un ministro .

Los cálculos del ex presidente son ambiciosos. Aspira a que, con las distintas renegociaciones, al Gobierno le queden para este año vencimientos que no superen los 7 mil millones. Y estaría dispuesto a hacer un desembolso, si fuera necesario con reservas del Central para enviar una señal externa de previsibilidad y aventar el temor a otro default.

El otro gesto visible de la ansiedad electoral en el Kirchner de estos días es su repentina inclinación al diálogo y a la consulta con dirigentes con los cuales casi no hablaba. También, su paciencia para tolerar desafíos que en otras épocas se hubieran convertido en explosión.

Volvió a reunirse con Alberto Fernández, como la semana anterior. Le sugirió un acercamiento con Cristina. El ex jefe de Gabinete no habla con la Presidenta desde que renunció. "Me dejó sola en la trinchera", suele quejarse la mujer. "Sigo creyendo que Cristina es mi amiga. Hablamos cuando quiera", le contestó Alberto Fernández a Kirchner.

El ex presidente escuchó también a Rafael Bielsa. El ex canciller le hizo una descripción descarnada de lo que, a juicio suyo, sería hoy el vínculo entre el Gobierno y la sociedad. Se detuvo en la Capital y Santa Fe, territorios que ha peregrinado. "En Capital puede ser un desastre electoral", vaticinó. Kirchner oyó calmo, sin réplicas.

Ese Kirchner es otro. Es el de los tiempos adversos que le toca vivir. Carlos Reutemann criticó al matrimonio y, de paso, le tiró un mandoble a Moreno. El senador no quiere ir rezagado con Binner, que también vapuleó al secretario de Comercio. Reutemann le está imponiendo condiciones a Kirchner para octubre. Hubiera sido impensado un año atrás. El ex gobernador no quiere a Agustín Rossi en la lista de diputados. El jefe del bloque de Diputados del PJ se plantó: "Habrá interna", amenaza.

Reutemann no parece el único insolente. Schiaretti le dijo a Kirchner que seguirá manteniendo autonomía del Gobierno y que aspira a armar las listas para octubre. El sanjuanino José Luis Gioja, que siempre acompañó al ex presidente, cantó lo mismo: "Cada provincia tendrá su estrategia electoral", pronunció.

Quizá Kirchner esté desenfocado. Se obsesiona con las candidaturas. Y la encrucijada para octubre no sería esa. Sería el Gobierno de Cristina y suyo, atrofiado como está..

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