El formidable enriquecimiento de los amigos del poder K

Lázaro Báez, Rudy Ulloa y Cristóbal López crecieron con la llegada de los Kirchner a la Presidencia. Hoy facturan millones. En su mayoría, con negocios de obras públicas o que dependen del Estado.
El camino del aeropuerto a la ciudad ya lo dice todo. La radio que se escucha en el taxi es de ellos. También los galpones frente al aeropuerto, las máquinas que remueven la tierra para la construcción de una ruta, las camionetas de otra constructora a la vera de la ruta, los tendidos eléctricos y, ya en el ingreso a la ciudad, cientos de casas populares. Río Gallegos no sólo es la capital de Santa Cruz; también lo es del impresionante imperio económico forjado por los amigos del matrimonio Kirchner durante su doble mandato presidencial.

La multiplicidad de negocios no parece azarosa. Distribución de energía eléctrica, explotación petrolera, medios de comunicación, empresas de obras públicas, juegos de azar y hotelería. Negocios estratégicos, abrazados a las decisiones públicas y de difícil control, son los que interesan a Rudy Ulloa, Lázaro Báez, Cristóbal López y otros de los hombres tocados por la varita de la fortuna de los Kirchner.

Si el enriquecimiento del matrimonio presidencial durante el período de gobierno (2003-2009) se quintuplicó hasta llegar a los 46 millones de pesos, el de sus más preciados amigos se multiplicó por decenas. Al no ser funcionarios públicos no tienen que hacer declaraciones juradas, pero una recorrida por la evolución de sus empresas alcanza para detectar su ascenso social.

Antonio Lázaro Báez es el más notable de todos. Aunque se está construyendo una fortaleza en las afueras de la ciudad dentro de una chacra de 10 hectáreas, todavía tiene su casa familiar en el centro de Río Gallegos. Es una casa importante pero no fastuosa, de dos plantas, edificada sobre el mismo lote donde vive desde los primeros años de la década del noventa, cuando era un simple empleado del Banco de Santa Cruz al que no se veía ni en las tertulias políticas ni en las juergas nocturnas. Siempre de perfil bajo, Lázaro tuvo su primer golpe de suerte en 1996, cuando el gobernador Kirchner lo nombró directivo adjunto a la intervención del banco, en pleno proceso de privatización y licuación de deudas privadas por más de 180 millones de dólares. Durante ese proceso Lázaro conquistó para siempre la confianza del gobernador y futuro presidente. No era, todavía, dueño de nada más que su casa.

La fortuna de Lázaro Báez se constituyó, íntegra, a partir de 2003. Hoy es dueño, para empezar, de las principales empresas constructoras de Santa Cruz -gana el 82 por ciento de los contratos- y de las más poderosas de todo el país. Esas empresas tienen más de 4.000 empleados y también reciben contratos del gobierno nacional por miles de millones de pesos. Durante 2008, según un relevamiento del diputado de la Coalición Cívica Juan Carlos Morán, Gotti Hnos. ganó el 12 por ciento de los contratos licitados por el ministerio de Planificación que dirige otro de los incondicionales de Kirchner, Julio De Vido. Pero no sólo eso. Lázaro Báez acaba de probar a su sorprendida ciudad que también sabía del negocio petrolero. Una de sus empresas obtuvo la licitación de seis de las 14 zonas petroleras de Santa Cruz. Las otras fueron para Cristóbal López, otro de los amigos.

¿Era un talento escondido el del empresario Báez? Sus acciones siguen en aumento. A partir de 2005 empezó a comprar decenas de estancias y chacras en la Patagonia, algunas de ellas con árboles traídos desde la mesopotamia en camiones térmicos. Las últimas tierras de Lázaro Báez están en Río Turbio, casualmente en un cerro que, si avanza el plan oficial para la construcción de un dique (que hará otra empresa vinculada al grupo), justo en ese sitio, el Estado deberá pagarle fortunas para expropiárselo. Lázaro, por supuesto, también es uno de los compradores de tierras fiscales de El Calafate a precios irrisorios, como lo fue el matrimonio Kirchner. Y sueña, según ha confesado, con algún día ser gobernador de la provincia. En el libro "Gracias Néstor", del periodista Lucio Di Matteo, que acaba de publicar la editorial Sudamericana, se le atribuye a Lázaro Báez un crecimiento económico formidable de 3.500 millones de pesos, producto de licitaciones a favor de sus empresas entre 2004 y 2007.

Un destino similar, aunque menos exponencial, tuvo Rudy Ulloa, dedicado a los negocios pero sobre todo a la influencia. Su historia es de novela. A los 14 años pasó de ser un humilde canillita a ser el ordenanza del estudio jurídico de los Kirchner. El chico de los mandados devino chofer y probó su lealtad durante años hasta convertirse en alguien casi de la familia, uno de los pocos que hoy habita la quinta de Olivos como si fuera un hijo más del matrimonio. Durante los períodos de Kirchner como gobernador, se dio maña como operador político y ya en el 2000 compró un periódico local -"El Periódico"- y empezó a gestionar la compra de un canal de televisión, El 2, al que accedió con la llegada de Kirchner a la Presidencia. A partir de ese momento no paró de influir; hoy maneja radios de la Patagonia, como la FM del Carmen que se escucha en la mayoría de los taxis, y los 250 mil pesos mensuales de pauta oficial que le gira el gobierno nacional a sus medios. El año pasado, según distintas fuentes, llegó a ofrecer una fortuna para comprar el canal Telefé, cosa que negó en una charla exclusiva con Clarín (Ver Rudy...).

Hace una semana mudó sus cosas a Río Gallegos. Vivirá en una casa importante pero austera en el centro, que le prestó Claudio Uberti, también pingüino, el ex titular del Organo de Control de Concesiones Viales echado del gobierno por haber traído, en 2007, a Antonini Wilson con la valija millonaria. Rudy se mudará con el último de sus diez hijos, al que ya anotó en el colegio María Auxiliadora, y su última mujer, Jésica. Fue ella quien le puso el nombre a una de sus empresas, Cielo Producciones. Es que así lo llama: Cielo.

El retorno de Rudy al pago se explica en un pedido de Kirchner para que reconstruya el poder K en Santa Cruz, algo debilitado en los últimos años. A esta misión sí la admite como cierta.

La llegada de Cristobal López al universo kirchnerista es menos sentimental. Cuando Kirchner era gobernador, López ya era empresario del juego pero en la provincia vecina, Chubut, y tenía una empresa de micros. Es, junto a Gerardo Ferreyra (dueño de las transportadoras de energía), uno de los pocos empresarios que tenían vida propia antes de la llegada de Kirchner, aunque también se han beneficiado y muchísimo con el poder pingüino. Cuentan en Río Gallegos que Kirchner fue a buscar a Cristóbal López y le concedió la explotación del juego en la provincia. A partir de 2003, esa alianza no paró de expandirse y su facturación creció de 500 millones de pesos en 2003 a 3.000 millones en 2008. López, que suele vestir de jogging aún de noche, recorre el país en su Lear Jet personal, uno de los dos aviones particulares que ostenta, debilidad de muchos en el entorno kirchnerista. Hoy maneja, además de campos y hoteles, los salones de juego de 8 provincias. Kirchner, para colmo, el 31 de diciembre de 2008 le dio la concesión del juego del hipódromo de Palermo -colocó 4.500 máquinas tragamonedas- hasta el año 2032. Cómo Lázaro Báez, en 2008 consiguió la explotación de pozos petroleros, siete

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