El Fondo pone condiciones al acuerdo que busca el Gobierno

Reclaman información sobre la economía, incluyendo al INDEC. Y también la justificación del plan vigente. Lo planteó el delegado del Fondo que vino a Buenos Aires, quien además dijo que es Argentina la que debe pedir que se abra el diálogo.
"Nos parece espléndido". Con esa escueta frase (tan breve como su visita a Buenos Aires), Nicolás Eyzaguirre, responsable del Fondo Monetario para el Hemisferio Occidental tomó la decisión del gobierno de Cristina Kirchner de volver a conversar con el organismo internacional.

No fueron palabras al viento. El cargo de Eyzaguirre significa que en su puño tiene la facultad de negociar en nombre del FMI todo tipo de préstamo con cualquier país latinoamericano. Y acaba de aprobar cifras generosas para México y Colombia: 47.000 y 20.000 millones de dólares, respectivamente.

La intención del Gobierno de volver al diálogo con el Fondo había sido reconocida por el ministro de Economía, Amado Boudou, el miércoles al firmar un acuerdo financiero con Brasil, tal como reflejó Clarín. Ahora, la lupa está depositada sobre las condiciones que pedirá el FMI.

Es por eso que tomaron significación, ayer, las declaraciones de Boudou, y también del ex presidente Néstor Kirchner, acerca de que "la Argentina no aceptará condicionamientos por parte del Fondo Monetario" (ver pág. 5).

Boudou y Eyzaguirre se vieron ayer por primera vez. Fue en el VIP del Hotel Alvear, donde se reunió el Council of Americas del que participó el funcionario. Y los presentó Carlos de la Vega, titular de la Cámara de Comercio y anfitrión del encuentro. Bautizaron el inicio de la relación con un áspero y poco sonriente apretón de manos. En cambio, cuando Eyzaguirre y el titular del Banco Central, Martín Redrado, se toparon en el mismo lugar, se fundieron en un abrazo, explicando que se conocían de otros seminarios. A la tarde, los tres volvieron a verse, por separado, sin público (ver pág. 5).

¿ ¿Cómo ve el FMI la decisión del gobierno argentino de volver al diálogo?, le preguntó este diario a Eyzaguirre en una breve reunión de prensa que concedió, luego de asegurarse que grabaría todo con su propio celular.

-"Tenemos los oídos abiertos y el corazón cercano a la Argentina", respondió. De inmediato disparó dos aclaraciones que fueron al corazón del asunto. "El llamado lo tiene en su poder la autoridad argentina", dijo. Y, agregó: "No podemos decir que si van al artículo 4, el cielo es el techo, pero el artículo 4 es la base de la confianza".

Traducción: hasta que el Gobierno de Kirchner no pida formalmente la reapertura del diálogo, nada pasará. En segundo lugar, que es imposible negociar con el Fondo sin que éste ponga sus condiciones.

Eyzaguirre pensó cuidadosamente cada frase para referirse al famoso artículo 4. Este es la letra jurídica que le abre la puerta al Fondo para pedir información sobre la economía de los países con los que firma acuerdos. Pero para el Gobierno es la vía para que el FMI llegue a plantear planes de ajuste, como lo hizo en los acuerdos firmados en los '90 en varios países, no sólo en la Argentina y que terminaron en profundas crisis económicas, políticas y sociales, como la del 2001 aquí.

"Hay que desmitificar la connotación del artículo 4", consideró el funcionario del FMI. "No ponemos ninguna condición de ningún tipo; del verbo ninguna", pretendió bromear el economista chileno. Y fue por más al referirse a los 14 programas distintos de acuerdos que puede ofrecer el Fondo: "No hay filtro político de ningún tipo".

Sin embargo, Eyzaguirre especificó que en ese amplia oferta de programas del FMI las condiciones son las mismas: "Conocer el conjunto de reglas macroeconómicas sostenibles en el tiempo". En otras palabras, información detallada de la economía argentina, y también la justificación de que el plan vigente es sustentable.

Entre tanta explicación, también hubo autocrítica para las políticas de los 90. "No hay un traje que calce a todos, nosotros ni nadie pudo prever la peor crisis que se conoce luego de la Segunda Guerra", se animó. Pero, de inmediato, miró hacia adentro de la economía argentina. Destacó la fortaleza del superávit fiscal y que la demanda internacional de productos primarios ayudará a la salida de la crisis. Sin embargo, remarcó que "Argentina no tiene todavía una relación fluida con el mercado de capitales" y que "hay cuellos de botella propios, que vienen de antes de la crisis internacional".

Quiso, sin éxito, gambetear el conflictivo tema del INDEC (sobre el que fue más explícito en encuentros reservados, ver pág. 5). De hecho, hubo informes oficiales del FMI en que se cuestionaron las estadísticas nacionales.

Fue cauto pero avanzó. "En el Fondo fuimos extremadamente neutrales sobre el INDEC, nos remitimos a reproducir lo que dicen los argentinos que pasa con las estadísticas". Y admitió que "hubo visitas de cortesía" entre técnicos del organismo internacional y el INDEC pero "nada formal", se atajó a aclarar. Justamente, la revisión del instituto de estadísticas podría ser una moneda de cambio en el diálogo por venir entre el gobierno de Cristina K y el FMI.

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