Fondo Monetario y default quizá dejen de ser malas palabras

Es la novedad más importante de estos días: el Gobierno tomó conciencia de lo grave que será la recesión durante el año electoral. Los datos sustituyeron a las interpretaciones. Los Kirchner saben que este trimestre la economía crecerá un 2% menos que el anterior. El superávit comercial pasará de los 12.000 a los 2000 millones de dólares el año próximo. El déficit en el intercambio con Brasil, de 4000 millones de dólares, asegurará la tensión con Lula y que los industriales insistan en la devaluación. Los sindicalistas estarán nerviosos: el desempleo llegará en 2009 al 11% y la pobreza superará el 40%. Son fenómenos que afectarán, sobre todo, la base social del oficialismo
El Gobierno mira esta crisis como si fuera aquel jardín de senderos que se bifurcan que imaginó Borges. La primera reacción fue tomar el camino del ajuste fiscal para evitar el del default. La recaudación por IVA será este mes un 4% menos de lo esperado. Los ingresos por retenciones se reducirán en 2009 a un tercio. Los fondos incautados a las AFJP cubrirán esta caída pero no evitarán la cesación de pagos. Por eso, aunque hablara de reactivación, las medidas que Cristina Kirchner presentó el martes pasado fueron pensadas para cerrar la brecha fiscal. Impedida de subir los impuestos o de pedir plata a Hugo Chávez, apeló a la moratoria y al blanqueo.

Los Kirchner, que el 25 de mayo de 2003 prometieron "traje a rayas para los evasores", defienden ahora una amnistía tributaria y penal. La ironía es que arriarán aquella bandera moral a cambio de muy poco. Es verdad que algunos contertulios del esposo de la Presidenta podrán sacar a luz nuevos recursos y adquirir activos baratos el año que viene. Pero el efecto fiscal del jubileo será imperceptible.

¿Qué gran evasor querrá desnudarse ante un Gobierno que manifiesta semejante voracidad fiscal? "El blanqueo puede ser la forma de meterte en el zoológico para cazarte más rápido con la AFIP. Además, ¿cómo sabés que, con lo que odian al empresariado, no publicarán tu nombre en los diarios para después perseguirte?" Palabras de un banquero.

Más allá de la calidad de los instrumentos, la propuesta de la señora de Kirchner es débil en su lógica. Por su naturaleza recesiva, con el ajuste fiscal puede caer más la recaudación. Las provincias agravan el problema cuando suben sus impuestos. Igual que Julio De Vido, condenado a aumentar las tarifas cuando convendría bajarlas. Eso lleva a un dirigente de la Coalición Cívica como Alfonso Prat-Gay a comparar: "Están aplicando la receta de De la Rúa en 2001, cuando en vez de estimular la economía la enfrió con un impuestazo y aceleró el default".

Frente a este dilema, el Gobierno ensaya otro camino: esta semana hará más anuncios para animar la economía sin demasiado costo fiscal.

Se conocerán los primeros "planes de competitividad" de Débora Giorgi para la industria y el campo. Y Amado Boudou explicará el uso de los nuevos fondos de la Anses: el organismo licitará la colocación de depósitos en la banca según las condiciones que ofrezcan las entidades para transformarlos en créditos. Boudou ganó la pulseada por el control de esa caja. Pero deberá someterse a más controles que hasta ahora.

Neutralización

La recesión no quedará neutralizada. Por eso, algunos economistas se preguntan si Kirchner, ante el costo político del ajuste, exhausto, no acabará defaulteando. "Casi se cae el Citibank, es decir, se abre una época en la cual entrarán en cesación de pagos marcas mucho más respetables que la Argentina", explica uno de ellos. Y agrega: "No imagine un default tajante, nítido, como el de 2001. Sería un canje en el que los bonistas recibirían un papel con un rendimiento muy inferior al que tienen".

Hay varios argumentos en contra de ese recorrido. Uno, de un subjetivismo exasperante, pertenece a un funcionario santacruceño: "Kirchner se crió en una familia que prestaba dinero. La palabra «default» era mala palabra en esa casa". Otro razonamiento es político: "Los bonos que quedarían impagos fueron emitidos por el propio Gobierno, que espera pasar a la historia por esa operación. Si no cumpliera, pasaría igual, pero por la puerta de los papelones". Existe una tercera razón, inconfesable pero sugerente, por la que Kirchner querrá pagar: entre sus íntimos, hay grandes tenedores de bonos. A la mesa de Olivos se sientan empresarios codiciosos, no intelectuales del grupo Carta Abierta.

¿Pagar la deuda a costa de una crisis social, o defaultear los bonos de "la reestructuración más grande la historia"? Hay una tercera vía que asoma, tímida, en un par de rincones del Gobierno: cuando tengan perdida la fe, los Kirchner volverán al Fondo Monetario Internacional. La objeción principal es obvia: su beligerancia contra ese organismo. Pero el matrimonio está acostumbrado a volver sobre sus pasos. No sólo por aquello del traje a rayas. La crisis internacional lo sorprendió negociando con esos "fondos buitre" con los que jamás se sentaría. Además, como bromea un economista del gabinete, "regresaríamos al Fondo de Obama, no al de Bush".

La alternativa del FMI

El argumento tiene una pizca de verdad: para cualquier reacercamiento con el Fondo Monetario, será decisivo el futuro secretario del Tesoro de EE.UU, Timothy Geithner, quien conoce bien la Argentina. No sólo negoció el blindaje de 2001 cuando asistía a Larry Summers. Como chairman de la Reserva Federal de Nueva York, Geithner mantiene un equipo de monitoreo de las economías del Cono Sur, a cargo de John Clark y Jason Weiss, quienes viajan con frecuencia a Buenos Aires.

Si quisiera acercarse al Fondo Monetario, Cristina Kirchner debería retomar las negociaciones con los holdouts y normalizar el Indec. Sobre esto último, Geithner tuvo una mala experiencia: durante un almuerzo en Nueva York, en septiembre de 2007, la entonces candidata le explicó que "si los Estados Unidos utilizaran al Indec, tendrían más inflación que la Argentina". Incómodos testigos de la audacia, Alberto Fernández, Martín Redrado y Beatriz Nofal.

"Ahora no tendríamos ese problema -se explaya un funcionario del área económica-, ya que la inflación es mucho menor; eso sí: habría que ser más serios al medir actividad y empleo." Si se usara el criterio aplicado con Ucrania y Hungría, la Argentina podría acceder a un préstamo stand by de más de 20.000 millones de dólares. Pero habría otra condición: devaluar. Es lo que hicieron Brasil y México antes de pedir un salvataje, y lo que Summers recomendó en 2001, en vano, a José Luis Machinea.

También este sendero se bifurca. Que lo explique un banquero recién llegado de Nueva York: "Es difícil que la Argentina consiga demasiado del Fondo. A los Kirchner allá se los ve como a Chávez. Tengo entendido que Madeleine Albright, después de hablar con la Presidenta, le comentó a un confidente: «Si cree que porque cambiamos de gobierno dejamos de creer en el mercado, comete un gravísimo error». Es una pena, pero al final de esta crisis, la Argentina integrará el club de los países chicos. Será vista como Perú o Chile. No como un actor estratégico. Y, en medio de la tormenta, pocos advertirán que faltó otra vez a sus compromisos".

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