El Fondo y la menor recaudación, señales incómodas para el Gobierno

Por: Daniel Fernández Canedo

La propuesta de Olivier Blanchard resultó insólita para un país como la Argentina.

El jefe del departamento de Investigaciones Económicas del FMI considera que los países emergentes, en vez de seguir acumulando reservas, deben tomar créditos blandos de ese organismo para acelerar la reactivación que supuestamente sobrevendrá después de la crisis financiera internacional.

La respuesta de Martín Redrado llegó rápido.

El presidente del Banco Central argumentó que tener un alto nivel de reservas le permitió a la Argentina transitar la crisis mundial en forma bastante ordenada.

Pero, más allá de eso, para un país como la Argentina, con un pasado frondoso en crisis externas, que indefectiblemente desembocaron en fuertes devaluaciones, cambiar reservas por endeudamiento sería riesgoso.

De hecho, hoy el Banco Central tiene US$ 45.000 millones en las reservas y, sin embargo, carece de crédito internacional.

Para un país sin crédito y baja confianza financiera, la pérdida de reservas sería vista como una debilidad que se traduciría en presiones sobre el mercado cambiario.

El Gobierno no acepta las recomendaciones de Blanchard, pero tampoco quiso desairarlo. El ministro Boudou sigue diciendo que su intención es normalizar la relación con el FMI, aunque no le vayan a pedir plata.

La combinación que Boudou dice, por lo menos dos veces por semana, es que el Gobierno quiere conseguir crédito en el mercado internacional y que los bonos argentinos rindan entre 18 y 20% anual en dólares, lo que dejó como saldo algunas buenas semanas financieras.

Algunos especuladores globales están a la pesca de rentabilidad y los bonos argentinos, que rinden seis puntos más que los venezolanos (los peores de la clase), les resultan atractivos.

Sin embargo la salida de dólares aún sigue sin revertirse.

En agosto se fueron unos US$ 900 millones, una cifra elevada aunque sea la mitad de la que salió el mes anterior.

Probablemente el balance cambiario de agosto y septiembre muestre superávit porque quienes adhieren al blanqueo de capitales estarían vendiendo dólares para pagarlo.

Además, también estarían volviendo al mercado parte de los dólares comprados antes de las elecciones de junio por motivos de precaución.

Los economistas bajaron sus pronósticos de devaluación para fin de año y 4 pesos es ahora el precio que cosecha más adeptos.

La baja del dólar a nivel mundial, además, debería favorecer cierta tranquilidad cambiaria.

En parte eso se viene reflejando en la suba de los depósitos a plazo fijo en pesos, que en dos meses crecieron 3.000 millones.

En otras palabras, el mercado financiero parece convencido de que en la última parte del año las tasas le ganarán al dólar. Y que Néstor Kirchner no tiene en mente una devaluación.

Sin embargo, los pedidos de créditos de las empresas están retraídos y aparecen muy aplacadas las decisiones de expandir las inversiones.

Tanto el Gobierno como el sector privado, que se desconfían mutuamente, presentan estrategias económicas de corto plazo.

Y el modesto resultado que reflejó la recaudación impositiva de agosto encendió una luz amarilla.

La recaudación de impuestos (incluyendo lo que antes iba a las AFJP) subió sólo 0,1% respecto al mismo mes del año pasado.

El gobierno podrá esgrimir que en agosto de 2008 se había recaudado mucho por el regreso de las exportaciones después del paro del campo, pero no podrá dejar de lado que la menor actividad económica está golpeando a la caja oficial.

Para la Casa Rosada bajar el gasto público no es un objetivo, pero transitar por el filo del déficit fiscal no le será sencillo.

La Reserva Federal dio a conocer ayer un informe que dice que para ellos la recesión quedó atrás y que EE.UU. comienza a recuperarse. Para la Argentina es una definición importante.

La recuperación mundial puede implicar baja del dólar, buenos precios para los granos y posibilidades de financiamiento internacional.

Se va generando la idea de que Argentina podría tener una nueva oportunidad fuerte. ¿Se sabrá aprovechar?

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