Fluye el voto antimacrista

Fluye el voto antimacrista

por Eduardo van der Kooy

Peña exhibió encuestas optimistas. Pero nadie comparte sus augurios.

El 50% de los potenciales votantes de Cristina Fernández estarían dispuestos a elegir a otro candidato peronista con tal de derrotar a Mauricio Macri. Con ese estimulante se nutren los candidatos del peronismo federal. Sobre todo, Sergio Massa, llevado ahora de la mano por el consultor político y estratega electoral, Antoni Gutiérrez Rubí. Este hombre oriundo de Barcelona añade otros datos para fomentar el optimismo: el 64% de los argentinos, en medio de la crisis económica, parecen dispuestos a votar durante la maratón electoral que arranca el mes que viene a postulantes de la oposición. A priori, un problema serio para Cambiemos. Con una salvedad: habrá que escrutar cuántas ofertas tendría aquel segmento opositor.

Gutiérrez Rubí trabajó en una época en España para el PSOE (Partido Socialista) y Podemos, una coalición que tomó fuerza con la irrupción de los indignados en el 2011. Pero no es un debutante en la Argentina. Pasó fugazmente al lado de Cristina en las legislativas del 2017. Cuando resultó derrotada en Buenos Aires por Esteban Bullrich. Le atraen mucho más los nuevos métodos de comunicación en la política que el tacticismo electoral. De ambas cosas podrían disponer los peronistas esperanzados en doblegar a Macri sin recurrir a Cristina.

De hecho, Massa está en una etapa de redefinición de su perfil. Que podría extenderse todo el verano. El objetivo apunta a mostrarse como un indesmentible opositor a Macri. Sus mensajes van en esa dirección. Afincados en la crisis económica. Otros temas le costarían bastante más. Ha optado por no meterse en la agenda sobre inseguridad que desovilló las últimas semanas la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Quizá porque alguna de sus propuestas han sido en su momento de esplendor (entre 2013 y 2015) más extremas que las que ahora impulsa el Gobierno. Por caso, la baja de edad de imputabilidad para aquellos que delincan. También habría decidido archivar los asuntos de corrupción. Una bandera que supo levantar cuando en el 2013 quebró la ilusión re-reeleccionista de Cristina.

Su prioridad sería ganar anclaje entre aquel 64% que asoma con voluntad de castigar al Gobierno. Aunque en ese montón habría que computar, se supone, un tercio que correspondería a la ex presidenta. El sendero que estaría recorriendo Massa ya habría despertado en el universo pejotista suspicacias y resistencias.

Hay motivos. El ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, blanqueó días pasados sus diálogos con el líder del Frente Renovador. El dirigente porteño es un puente que halló la ex presidenta para conectarse con el mundo peronista al cual había abandonado cuando fundó su propio partido, Unidad Ciudadana. La principal bastonera de Massa, la diputada Graciela Camaño, cuestionó el papel de Fernández. Sobre todo si arrastra a su jefe hacia las vecindades kirchneristas. Camaño sostiene que ese movimiento pondría en peligro la correcta pretensión del ex intendente de Tigre: moldear su identidad opositora a Macri. ¿Y a Cristina no? Un verdadero dilema.

Sucede que Fernández desea que kirchneristas y peronistas diriman la candidatura para el 2019 en una interna sin ninguna restricción. Querría decir, sin cuestionamientos a Cristina. Más allá de lo que finalmente la ex presidenta decida sobre su postulación. La dama por ahora calla. Pero se comporta como si fuera a competir. El interés colocado sobre Massa, en aquel armado, tiene explicación. Es el único candidato que, pese a su declive de los dos últimos años, conserva un volumen de votos importante para una elección general que despunta muy incierta y reñida. Sería el aporte para que la ex presidenta pueda sobrepasar los votos del núcleo de incondicionales que nunca dejó de acompañarla. Cabe una interpelación que aún carece de respuesta: ¿los votantes antimacri de Massa comulgarían sin dispersión en un espacio donde Cristina será candidata o, al menos, electora indiscutida?

En esa heterogénea comarca se avizoran otros pleitos. Juan Manuel Urtubey, el mandatario de Salta, quiere ser candidato, participar de una interna pero, como condición, reclama la prescindencia de Cristina. Miguel Angel Pichetto, articulador del espacio pejotista, también rechaza cualquier subordinación a la mujer varias veces procesada por corrupción. Asoman otras propuestas que lejos estarían de desmalezar el camino de peronistas-kirchneristas para una interna amplia. Felipe Solá pide “acuerdos previos” que no excluyan a Cristina. Facundo, el diputado hijo del líder camionero, Hugo Moyano, se orienta en la misma dirección. Pero exige la exclusión de Urtubey. Supone que es una herramienta funcional a Macri para dividir a la oposición.

Tal pandemonio explica por qué razón nueve gobernadores ya decidieron anticipar las elecciones. Cuando el organigrama esté concluido la cifra podrá ascender hasta 15. Todos aspiran, como prioridad, a retener sus parcelas. Salvo Río Negro, Neuquén y Santa Fe, se trata de territorios administrados por la oposición. En los cuales no incidiría, precisamente, la reelección de Macri sino la persistencia de Cristina, en algunos casos, y la crisis evidente del peronismo en otros. Después habrá que ver qué resuelve Cambiemos en las provincias donde juega su pellejo.

Por lo pronto, el kirchnerismo va posicionando candidatos en lugares donde el pejotismo tiene dificultades. Un caso es Río Negro. Allí talla el intendente de General Roca, Martín Soria. Hijo del trágicamente muerto ex funcionario de Eduardo Duhalde, el “gringo” Soria. Macri ensayó un acuerdo con el actual mandatario, Alberto Weretilneck que va por la re-reelección. Por ahora no prosperó.

Otro problema se plantea en Neuquén. El ex piquetero Ramón Rioseco, un maestro de escuela primaria, tiene el respaldo de Cristina, Máximo, Oscar Parrilli y Juan Grabois. El PJ está fracturado y Cambiemos apuesta al intendente Horacio “Pechi” Quiroga para confrontar con el actual mandatario del MPN (Movimiento Popular Neuquino), Omar Gutiérrez. Se trata de una provincia de elevadísima sensibilidad para Macri y su política energética: figura la explotación de Vaca Muerta. Rioseco es un feroz opositor a dicho proyecto. Un eslabón quizás perdido para el Gobierno sería Chubut. El intendente de Comodoro Rivadavia, Carlos Linares, tiene la bendición de Cristina. El PJ del gobernador Mariano Arcioni negocia con él. No se descarta que Massa sume el Frente Renovador a ese esquema.

Las cosas se han tornado imprevistamente complejas para la oposición en Santa Fe. Agustín Rossi, el jefe de diputados del FpV, camina la provincia como precandidato a presidente. Atesora la débil ilusión que Cristina, si no se presenta, pueda ungirlo su delfín. Hasta ahora nadie, ni el kirchnerismo, dudaba sobre la idoneidad del senador Omar Perotti para desbancar al socialismo en la provincia. Pero irrumpió María Eugenia Bielsa con un frente diverso que contempla hasta al ex socialista Rubén Giustiniani. Cristina había pedido que la ex vicegobernadora de Jorge Obeid pugnara por la intendencia de Rosario.

La arquitecta destacó en su lanzamiento los legados de Duhalde y de Néstor Kirchner y Cristina. Pero suele hablar sin anestesia cuando se siente desafiada. En 2015 rechazó el pedido de la ex presidenta para que se presentara como candidata a la gobernación. A fin del año pasado brindó una charla auspiciada por Nuevo Encuentro y el kirchnerismo. Hizo estallar varias bombas. “Robamos y no hay que robar en política”, sorprendió a los asistentes. Contó detalles de su último encuentro con la ex presidenta. De las condiciones que había pretendido imponerle para su postulación. “No las acepté –confesó-- y me alegro, porque a la luz de lo que está pasando ahora no estaría hablando aquí sino en Comodoro Py”,remató. Memorable.

Ese panorama, tal vez, esté inyectando dosis de optimismo muy exageradas en el Gobierno. Al menos, en el vértice del poder donde Macri confluye con Marcos Peña y el ecuatoriano Jaime Durán Barba. El jefe de Gabinete ofreció la semana pasada un informe electoral que disparó perplejidad de los asistentes. Estuvieron, entre varios, Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli. Peña sostuvo que Macri estaría ahora varios puntos encima de Cristina. Y que, haciendo una proyección, la reelección presidencial podría concretarse incluso en primera vuelta. No hay encuesta, fuera de esos números oficiales, que concuerde con tales vaticinios.

De ser así, en verdad, no se explicaría el tironeo en Cambiemos por el supuesto desdoblamiento de varias elecciones. Sucede que aquella perspectiva de Peña no es compartida por María Eugenia Vidal ni por los radicales que gobiernan tres provincias: Mendoza, Jujuy y Corrientes. La diferencia no significa que la gobernadora de Buenos Aires esté convencida de la alquimia favorable para Macri que representaría el adelantamiento en la Provincia. Por dos razones: tanta especulación transmitiría una señal de debilidad; tampoco existiría magia, a juicio suyo, si la sociedad no advierte a partir del segundo trimestre que la economía puede ir lentamente abandonando la recesión. Un pronóstico al cual pocos se atreven.

Distinto sería intercalar las votaciones en Mendoza y Jujuy. Allí el radicalismo está bien posicionado. Sobre todo Gerardo Morales. Podría repetir victorias que cortarían la previsible seguidilla de éxitos opositores en las provincias que han anticipado los comicios. Sería un bálsamo sobre un estado de ánimo oficial tal vez alicaído. Pero, al mismo tiempo, una garantía de nada.

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