Flores de otoño.

RIVER 3 - TIGRE 1: De la mano del uruguayo, River se lo dio vuelta a Tigre y el Ogro volvió a hacer un gol después de 15 partidos. Ponelo a Robert, Pipo.
Si se tratara de una crónica informativa, sería indispensable contar que ese flaco desgarbado, elegante y habilidoso que empató el partido, nació en Montevideo, el 13 de mayo 1986, que es mediapunta, diestro, fue figura en el River de Montevideo y llegó a Núñez en julio del año pasado, cedido por el Villarreal de España. Si fuera una entrevista, resultaría interesante (y sorpresivo) escuchar de su boca que más allá de que no faltaron quienes lo compararon con Francescoli y hasta le pusieron el Príncipe, a ese que se sacó de encima de a uno, dos o tres rivales realmente le costó horrores la adaptación al fútbol argentino. Pero análisis al fin, resulta interesa descubrir cómo y por qué Robert Flores, de repente, revivió a un River marchito, lo hizo oler bien aunque Buonanotte y Mauro Díaz se hayan llevado de paseo a Francia su fútbol de frasco chico y en (lejos) su mejor partido, hizo un gol, dio una asistencia, dejó a sus delanteros tres veces mano a mano con Islas y, como alguna vez soñó, se fue aplaudido de la cancha. Tarde, sí, ya que su préstamo vence a fin de mes y es casi un hecho que no va a seguir. Pero al menos quedará el recuerdo de la tarde en que el botija desafío al frío, le cambió la cara a River y regaló Flores de otoño.

Jugar sin motivación siempre es feo. Y en el caso de River, además, fue literal. Durante el primer tiempo, no hubo ideas, no hubo plan ni hubo decisión para pelear la bola, recuperarla y jugarla. Salvo Flores, quien arrancó como desde que llegó para reforzar al River campeón de Simeone: observado con lupa. Y de arranque, parecía que el destino iba a ser inalterable. Quería gambetear y se enredaba solo. La pedía y no le llegaba. Arrancaba y se tropezaba. Quería conducir y se estrolaba en la esquina. Pero no se rindió. Al contrario. Y encontró una contra, y tiró una pared con un Fabbiani justamente más estático que una pared, y después de que Islas se la tapara de zurda, facturó de derecha. Y ahí cambió. Fue otro. Como el partido. Porque contagió a Ferrari, a Domingo, a Fabbiani y hasta a Gorosito, quien se animó a romper el doble cinco y se dio cuenta de que con Falcao en cancha River podía parecerse a River. Pero lo más importante es que Tigre no lo vio venir. No supo cómo frenarlo, cómo evitar que el uruguayo lastimara con esa gambeta que de horizontal había pasado a ser vertical.

Cagna intentó neutralizarlo cambiando delantero por volante (Altobelli por Rusculleda), pidiéndole a Castaño que no se le despegara. Pero ya era tarde. En apenas unos segundos, el Tigre de River ya había amargado al Tigre de Victoria. En apenas 30 minutos, el Ogro había pasado de hacer jugar a River con uno menos a tirar tacos y caños y de ser acusado por los hinchas de vende humo a felicitarlo por la posible llegada de un hermanito/a para Uma. En apenas 90 minutos, se trate de una crónica, una entrevista o un análisis, Flores había conseguido que River terminara un fin de semana con más motivos para celebrar que para deprimirse. Y que después de 12 meses, más de uno se enterara que existe.

Comentá la nota