Fiscalía y defensa debatieron sobre la intencionalidad del acusado

El viernes pasado, se escucharon los alegatos en torno a un juicio por el cual se definirá la responsabilidad penal de Enrique Deblinger, quien apuñaló a Tato García en una reyerta de domingo a fines de abril de 2007. Para el ministerio público quedó acreditada la responsabilidad penal del acusado, como así también su intencionalidad homicida. Pidió en consecuencia, ocho años y tres meses de prisión. La defensa, en tanto, pidió que el Tribunal considere el hecho como lesiones graves.
Tal se vino detallando en ediciones pasadas, el Tribunal Criminal N° 1 entró en audiencia para resolver la responsabilidad penal de Enrique Deblinger, quien el 29 de abril de 2007 en plena reyerta le asestó cinco puntazos a José "Tato" García.

El pasado viernes, tras escuchar los testimonios aportados por las partes como las pruebas incorporadas por lectura, fue el turno de los alegatos, en los que quedó en claro ya no la discusión sobre la existencia del hecho como de la autoría, sino que el debate se centró acerca de la intencionalidad del imputado.

Mientras que para el ministerio público quedó probado que Deblinger actuó con intenciones de darle muerte a García, la defensa planteó una legítima defensa y, subsidiariamente, una agresión que debería encuadrarse bajo la figura de lesiones graves. El entuerto quedó en manos del criterio de los jueces Pablo Galli, Eduardo Uhalde y Gustavo Abudarham, quienes el próximo viernes al mediodía darán a conocer su veredicto.

Precisamente tras escuchar el último de los testimonios que debió ser traído por la fuerza pública, el Tribunal dispuso el tiempo de los alegatos, abriendo la instancia el fiscal Gustavo Morey.

El representante del ministerio público relató cómo sucedieron los hechos y argumentó los porqué se desprendía que el imputado tuvo intenciones de darle muerte a García, quien en pleno juicio contó su versión de los hechos y dentro de la precariedad de su relato pidió que su agresor recupere la libertad, dado que según su parecer, el hecho "no había sido para tanto".

Ya inmerso en cómo se sucedieron los hechos, Morey reseñó que García, en estado de ebriedad provocó a Deblinger, pero dicha provocación había cesado, y no se habían registrado elementos como para considerar que el imputado en aquella discusión se viera amenazado, y muchos menos su familia.

Fue así que el fiscal sentenció frente a los jueces que debía descartarse la hipótesis de una legítima defensa, dado que Tato no esgrimió en ningún momento el cuchillo que llevaba encima y tras la provocación y discusión le dio la espalda a Deblinger, Tato se desentendió de la pelea, por lo que no presentaba peligro alguno.

Apuntando sobre la conducta del acusado, Morey subrayó que pudo optar con otra reacción para repeler la presunta agresión de García. Agregó al respecto que al borracho lo podía haber evitado, ignorado (como el propio hermano de Deblinger supo referir sobre otroras discusiones protagonizada por Tato). Incluso el fiscal consideró que el imputado podía haber optado por otros modos, incluso empujarlo al provocador que, en su estado, seguramente iba a desistir de sus bravuconadas.

El fiscal recordó que Deblinger, tras la primera discusión con García, fue hacia su mujer y extrajo de su cartera el cuchillo para ir nuevamente a enfrentar a un hombre que ya le había dado la espalda, que en apariencia se había desentendido de la disputa. Es más, Morey argumentó en su teoría que la primera de las apuñaladas fue en el glúteo, figura que le permitió fundar su hipótesis sobre la actitud de ambos protagonistas.

Siempre en el ánimo de hablar de una intencionalidad del agresor, el fiscal subrayó que la conducta desvaliosa de Deblinger quedó en evidencia cuando ni siquiera tuvo el espíritu de socorrer a la víctima una vez asestadas las cinco apuñaladas (al menos tres en zonas sensibles como el abdomen y el rostro).

Morey insistió en que si se hubiera tratado de una legítima defensa podía haberse quedado, pedir auxilio, y no escapado como lo hizo (Deblinger fue detenido días después en un establecimiento rural).

En síntesis, el ministerio público alegó que el hecho debía encuadrarse bajo la figura de Homicidio simple en grado de tentativa, pidiendo en consecuencia la pena de 8 años y tres meses de prisión de cumplimiento efectivo.

A la hora de enumerar los agravantes tenidos en cuenta para la acusación, se tomó de la entidad de las lesiones, lo desprevenido del ataque, como la notoria diferencia física y la edad entre víctima y victimario, además del estado de alcoholismo que presentaba el agredido. Tampoco se dejó de lado la conducta posterior del agresor que se fugó del lugar.

Una vez cerrada la acusación para con Deblinger, también el fiscal pidió que se traslade a la UFI en turno dos causas por falso testimonio agravado, resultando los denunciados Mario Julio García y la hija de Tato, quienes contradijeron sus primeras declaraciones en la instrucción con lo que ahora refirieron en la audiencia.

EL ALEGATO DE LA DEFENSA

Al turno de la defensa, el doctor Diego Araujo se tomó todo el tiempo para intentar desacreditar una y cada una de las acusaciones del fiscal, considerando al suceso como una legítima defensa o, subsidiariamente, pidiendo a los jueces que tomen al hecho como lesiones graves.

Araujo pidió la libra absolución de su defendido, entendiendo que a lo largo del juicio quedó despejado que no hubo intenciones de matar. Reseñó que de la docena de testigos que desfilaron en la audiencia resulta imposible probar el dolo homicida.

Para el letrado, Tato García se embriagaba y se ponía pendenciero, por lo que resultaba peligroso en ese estado.

Se subrayó que a lo largo del suceso violento registrado aquel domingo en Las Tunitas, no se registró una conducta preavisada por parte de su defendido, no preestableció agredir a Tato, no hubo una intensión homicida, sentenciando que Deblinger agredió pero luego cesó, cuando Tato todavía se mantenía en pie e ingresó al comercio caminando, donde había muchas personas. El cese de la agresión, entonces fue un desistimiento y por eso Araujo insistió en lo que debía encuadrarse como lesiones.

Para el defensor, los elementos tomados por el fiscal para hablar de intención homicida como la fuga y la falta de auxilio no debía ser tenido en cuenta, recordando que en el lugar del hecho había mucha gente más.

Para el abogado, Deblinger no estuvo oculto, estaba trabajando en el campo y cuando los investigadores lo hallaron no ofreció resistencia alguna, acatando la orden policial.

Tras marcar las incidencias previas como posteriores al hecho, Araujo se inscribió sobre la pelea en sí. En ese hipotético escenario, no obvió señalar que la víctima no recordó si sacó o no su cuchillo en la reyerta, como así también entendió que Tato no había cesado en su agresión tras el primer encontronazo. Al respecto, también afirmó que no hay pruebas para afirmar que el primer puntazo fue en el glúteo.

Acerca de la ubicación de las heridas, para el defensor no deben ser tenidas en cuenta como un elemento que merezca un designio letal, acotando también que Tato estuvo solo 22 días internado hasta que le dieron el alta.

Finalmente, Araujo remarcó que no quedó demostrado en el juicio el dolo homicida, sí la agresión constante de Tato para con Deblinger y su familia. En consecuencia, se solicitó la absolución del acusado por considerar el hecho como legítima defensa, en contrario, los jueces debería tomar el suceso como lesiones graves.

Ya en sus conclusiones, Araujo recordó un dato que no debía ser obviado por los jueces. Tuvo que ver con lo que consideró "un modo natural para resolver el conflicto" de parte de los protagonistas. Más precisamente el abogado reseñó sobre las propias palabras de Tato García, afirmando que el hecho ya había pasado y no era tan grave, como así también cuando al salir del recinto del juicio fue a saludar a su agresor amistosamente, como que las cosas ya se habían saldado, a pesar de lo que ahora resolviera la justicia penal.

Ya sin más, el juez Galli informó que el viernes próximo, a las 12, se dará a conocer el veredicto y eventual sentencia para con una historia de violencia, alcohol y códigos sociales lejos de las pautas regidas por un código penal.

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