Al final, Tigre se quedó con más de lo que merecía

La gran actuación del arquero Islas fue clave para que Tigre se llevase una victoria en La Plata.
En esta lucha de lobos y tigres, el último zarpazo lo terminó pegando el visitante. Un equipo que no mereció llevarse el triunfo, pero que mostró, además de un arquero infranqueable, astucia a la espera del momento indicado para sorprender a su presa. Y así, cuando la contienda parecía diluirse en igualdad, como buen felino, el Tigre se aprovechó de la ausencia del Gato en el arco ajeno, y ejecutó ese rasguñón final a través de la pegada de Martín Morel.

El dueño de casa fue el dueño de los máximos merecimientos. Intentó siempre ser el protagonista principal del cotejo, y lo logró, sobre todo en la segunda etapa, cuando se lo llevó por delante a su adversario. Buscó todas las variantes para doblegarlo, probó remates desde afuera del área, envió centros en busca, primero de Roberto Sosa, y luego de Diego Alonso, pero careció de profundidad. Hizo todo bien, excepto la puntada final. En fin, esa impericia en la definición, conjugada con la gran actuación del Daniel Islas en la valla visitante, fueron las resultantes de que Gimnasia, nuevamente haya ingresado en la angustiante zona de descenso.

No se pareció ni por asomo el conjunto ganador, a ese equipo que supo golear a Racing por 4 a 1 en la última fecha. Lució impotente en conjunto, sin volumen de juego en sus individualidades. Pero fue inteligente. No se achicó ante el arranque superior de su adversario. Se dedicó a olfatear en los primeros minutos. A observar sigilosamente desde lejos, siendo cauto, y de a poco le fue sacando el ritmo que el equipo dirigido por Leonardo Madelón le había impreso al encuentro. Entonces, promediando la primera etapa se comenzó a jugar en el campo que más le convino al visitante. Más por el aire que por el piso. Más cerca del cielo que al ras del piso.

Lógicamente, desde las alturas llegaron las situaciones más claras del primer período, y ambas fueron para Gimnasia, con Roberto Sosa como protagonista. La primera fue un tiro libre que el delantero desvió con un frentazo que se perdió cerca del palo izquierdo de Islas; y dos minutos más tarde, cabeceó al medio del arco un centro proveniente de Ignacio Piatti, que el arquero despejó al córner.

Tigre, el orden que caracteriza al equipo de Cagna y una sola llegada, a través de un contragolpe que encabezó Néstor Ayala, y que definió desviado Leandro Lazzaro.

El quiebre mayor del partido se dio paulatinamente en el complemento, con los aciertos de Cagna, en las tres modificaciones que estableció en la calurosa tarde. Ingresaron Morel, Sebastián Rusculleda y Matías Suárez. Todos le dieron al equipo bocanadas de aire fresco, necesarias para un conjunto que hizo un culto del control del balón, pero al que le faltó dinámica e ingenio. Que refleja en cada terreno de juego abultadas dosis de fútbol del ascenso, que le imprimen al equipo la sabiduría para entender el desarrollo del juego, cuando las medidas de un terreno de juego diminuto, obligan a jugar en espacios reducidos.

Con el punto en el bolsillo, Tigre se topó con un error de Ariel Agüero. Alvaro Ormeño le cometió la infracción a Morel, y él mismo sentenció la injusticia deportiva, tras una floja reacción del arquero Pablo Bangardino, sustituto de Gastón Sessa, suspendido.

Tigre castigó a Gimnasia con una resolución perfecta. Fue un premio exagerado. Un rasguñón lapidario.

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