El final de la sumisión empresarial

Por Jorge Oviedo

Los empresarios han tomado rápidamente nota del mensaje de las urnas. Ya no hay frente a ellos un gobierno fuerte que pueda permitirse prepotencias y amedrentar con decisiones arbitrarias. Ha llegado el momento de pensar en romper y actuar articuladamente y, probablemente, de manera conjunta. Las conversaciones entre las distintas entidades gremiales empresarias continúan y continuarán. Y comienzan a aparecer varias certezas. La primera es que el Coloquio de IDEA de este año tendrá más participación de empresarios de primera línea dispuestos a opinar sin mordazas. Y no habrá una suerte de "contracoloquio" favorable al oficialismo organizado casi en la misma fecha por la UIA, como ocurrió no hace mucho. Las primeras señales sobre los movimientos podrían verse con mucha claridad el próximo 28 del actual, en el precoloquio de IDEA en Rosario.

Desde la entidad aseguran que ya hubo contactos y que el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Héctor Méndez, comprometerá su presencia. En la Asociación Empresaria Argentina (AEA) tienen el mismo espíritu de conversaciones amplias entre todos los sectores y de tratar de conformar un polo empresario amplio y cohesionado.

Muchos creen que ha llegado el momento de poner freno a las arbitrariedades gubernamentales de los últimos años, pero también hay precacuciones. No quieren aparecer como un movimiento conspirativo que aparezca acosando al Gobierno y al que se pueda acusar de trastornos económicos.

"Es evidente que un vocero habitual del Gobierno salió a decir que la UIA y la Sociedad Rural se juntarán para pedir una devaluación y cercar a las autoridades; ése parece el plan de Néstor (Kirchner), que en la madrugada del lunes dijo que la responsabilidad de la gobernabilidad ahora también es de otros. Está diciendo: si hay una catástrofe, va a ser culpa de estos tipos", explicó un hombre de negocios.

El economista José Luis Espert cree que la situación fiscal es muy seria, y aunque no predice un estallido inminente, explica que, como va, el Gobierno necesitará una devaluación para licuar el gasto. Los empresarios dicen que con la apreciación del real y del euro, hoy el principal beneficiario de una depreciación del peso sería el Estado. Por eso la UIA abandonó por completo el tema. "Estos tipos quieren echarnos la culpa a nosotros", dicen. De momento no habrá, por las mismas precauciones, un lanzamiento político de una suerte de "mesa de enlace" de todas las entidades empresariales. Pero es probable que ocurra en los próximos meses.

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