El final de una política de inclusión digital

El final de una política de inclusión digital

El desguace del Conectar Igualdad terminó con los espacios de formación y articulación de los equipos instalados en todo el país. “El programa no era solamente la cesión gratuita de computadoras, se pierde la parte pedagógica”, advierten las docentes.

Se vieron obligadas a salir a la calle, pero no como lo hacían siempre desde 2010. Ya no viajan por el interior para capacitar docentes o articular propuestas pedagógicas, incluso pagando los traslados de sus bolsillos. Ahora protestan frente al Ministerio de Educación que las despidió, esperan una respuesta del ministro Esteban Bullrich que no llega y difunden su delicada situación en los medios. Son tres jóvenes profesionales del equipo Conectar Igualdad que en promedio cobraban entre 10 y 12 mil pesos mensuales. Facturaban sus honorarios, estaban precarizadas y, aun así, le ponían el cuerpo a lo que hacían y todavía intentan hacer. María Jimena Méndez y Noelia Expósito son sociólogas; Paula Villafañe es filósofa. Las tres además son docentes y bordean los 30 años. Ahora están desocupadas como decenas de sus compañeros, recibieron su último salario el año pasado y hacen oír su voz.

M. J. M.: –Nosotros trabajamos en el programa desde su creación en octubre de 2010 y siempre en el ámbito territorial de Conectar Igualdad. En principio, íbamos a las escuelas para ver cuál era el impacto del programa entre los docentes, directivos, familias y eso que nosotros hacíamos sirvió mucho para la política pública. Mandábamos informes al ministerio y al principio cada escuela recibía diez computadoras, se tenían que turnar y eso complicaba bastante el uso de los docentes porque no tenían a los equipos en sus casas para planificar. A partir de los informes que hacíamos eso cambió y se empezó a entregar una computadora a cada docente y fue parte de nuestro trabajo y también del equipo de 60 despedidos que se dedicaba al acompañamiento pedagógico del programa. Nosotras viajábamos mucho y además formábamos a los equipos provinciales. Esa era nuestra actividad.

–¿Ustedes integran el denominado equipo central y no por estar en Buenos Aires?

N. E.: –Sí, trabajamos en esta oficina (donde todavía se reúnen, sobre la avenida Callao) y en los equipos territoriales distribuidos en todo el país. El equipo central se conformaba con un área de formación de compañeros que estaban en el ministerio desde antes de la existencia de Conectar Igualdad y donde hay licenciados en educación, comunicólogos, de diferentes perfiles como educación especial, educación secundaria... y además sociólogos, antropólogos, filósofos. También están los compañeros de administración y otros que se ocupaban de difundir las acciones del programa.

P. V.: –Y además, gente que se ocupaba de un área de desarrollo tecnológico, como el software libre Huayra, programadores, diseñadores gráficos. Y otra parte importante del equipo eran los compañeros de gestión que se encargaban de atender el teléfono a toda la comunidad educativa. El equipo central trabajaba articuladamente con todas las provincias y hacía eso que contaba Jimena, de formar a los formadores. Daban capacitación a los docentes y lineamientos pedagógicos que estuvieran relacionados con el Ministerio de Educación nacional. Y nosotros le imprimíamos esa articulación a los contenidos.

M. J. M.: –Las propuestas de formación que llevábamos a las escuelas están enmarcadas en los lineamientos pedagógicos del Ministerio de Educación y siempre las trabajábamos en conjunto. Conectar Igualdad llega hasta la educación especial, a las escuelas rurales, a las escuelas hospitalarias. Nosotras, al formar a los formadores y acompañarlos, también generábamos los espacios tanto presenciales como virtuales de articulación de todos los equipos jurisdiccionales. Por ejemplo, en una plataforma donde los equipos estaban conectados entre sí y compartían estrategias de enseñanza, del uso de la tecnología. De esos espacios también salieron muchas de las propuestas que después se llevaron a cabo desde el equipo central. Había una política nacional que se iba nutriendo de lo que sucedía en las provincias y eso también se rompe al desaparecer este grupo.

–Si desaparece el programa, ustedes pierden el trabajo como quedó demostrado. Pero, ¿las computadoras se seguirán entregando?

N. E.: –Se pierde la política nacional de Conectar Igualdad. Tal vez nosotras no tenemos certezas de que siga la entrega de netbooks, tal vez cuando el ministro dice que sigue el programa entienda que siga la entrega de equipos, pero se pierde la parte pedagógica del programa. El programa no era solamente la cesión gratuita de computadoras. Era justamente esto: desarrollar los contenidos, acompañar a las escuelas, tener una política nacional de inclusión digital, de integración de TICS. Se estaban desarrollando propuestas pedagógicas comunes, sobre todo el año pasado. Cómo se iban a organizar las computadoras en el aula, con qué sentido pedagógico, para qué, cuál era el trabajo que tenían que hacer los chicos. Al desarticular este equipo, lo que se pierde es eso. Esta discusión, esta política.

–Ustedes ingresaron al Estado en condiciones de precariedad laboral, en negro. ¿Cómo era su situación puntual?

M. J. M.: –Era precaria desde sus comienzos. Nosotros somos monotributistas, siempre facturamos, primero a una organización internacional, después a universidades, por lo que nos perjudica este decreto del macrismo que anula todos los contratos con universidades. Una gran parte del equipo, no todos los sesenta pero sí unos quince, estamos afiliados a ATE hace casi tres años. Veníamos participando. De hecho tenemos un delegado en la junta interna del sindicato. Es decir que nosotros ya veníamos luchando en la gestión anterior por la regularización de los contratos.

N. E.: –Desde el ministerio se venía intentando regularizar este programa, había intención de darle una institucionalización a sus trabajadores. Y la realidad es que nosotros habíamos renovado los contratos, que eran precarios, pero con la gestión actual se dieron de baja y sin ninguna explicación.

M. J. M.: –Contratos que nosotros firmamos hasta mayo y nos están despidiendo. Hay mucha gente que dice: vos sabías que tu contrato era precario, bueno, ya está. Pero nosotros cuestionamos eso, porque es una relación de dependencia encubierta, nos están despidiendo sin nuestros contratos finalizados.

P. V.: –Hay gente que está hace mucho más de seis años. Antes del programa. Incluso, la persona que está a cargo de Educación Especial es conocida en todas las escuelas de Argentina, tiene una trayectoria muy grande y está despedida. Se llama Daniel Zapala.

N. E.: –De lo que nos dimos cuenta es que no hay un criterio para nuestros despidos. La realidad es que éramos todos compañeros con diferentes experiencias laborales, perfiles y antigüedad en el ministerio, por lo que no hubo un criterio como: nosotras somos despedidas porque entramos en tal fecha o período. Acá se desarticuló un programa.

–El ministro Bullrich dice que el programa continúa. ¿Ustedes qué responden a eso?

N. E.: –A nosotros nos parece que el programa no continúa porque el equipo que lo llevaba adelante, por lo menos en el Ministerio de Educación, no continúa. Entonces la pata pedagógica de Conectar Igualdad no sigue. Continuará si el ministro se refiere a eso, la entrega de computadoras. Pero ese es un componente del programa, tal vez el más visible, el que generaba que se cierre la brecha digital. Conectar Igualdad, es otra cosa.

P. V.: –Me hago esta pregunta: ¿Cómo puede ser que se continúe con el programa y que se expanda sin convocar a los trabajadores que tienen esta experiencia que estábamos comentando y además, que también nos estuvimos formando para ello? Siempre se fomentó nuestra formación. Están ignorando la profesionalización de los trabajadores. Esto es muy preocupante.

–¿El salario promedio de ustedes a cuánto asciende?

M. J. M.: –Variaba según los equipos. Entre diez y doce mil pesos.

N. E.: –Nosotros teníamos un ajuste al año. Ahí es cuando subía nuestro salario. Viajábamos un mes entero, semanas enteras y la plata para los gastos la poníamos nosotras. Se rendía después.

–¿Ponían la plata de su bolsillo y después se la reintegraban?

N. E.: –Claro, después nos la depositaban. En algunos casos un mes después.

P. V.: –El año pasado se gestionó una caja chica con la cual nos daban un adelanto. Pero después de muchos reclamos.

N. E.: –No es solo nuestra situación, es la de todos los equipos en las demás provincias. Uno adelantaba su salario, ponía el auto para ir a escuelas remotas, a las que no se podía acceder con transporte público y por problemas administrativos el reintegro tardaba uno, dos, hasta seis meses. Ahí veías que poníamos nuestra parte para que esto funcionara. Como trabajadores le pusimos mucho a Conectar Igualdad y también desde una convicción. Eso hay que rescatarlo.

M. J. M.: –Hay algo que no mencionamos y también es importante. En el interior hay como mil compañeros que en algunos casos fueron despedidos sin cobrar desde enero, a algunos les difirieron el pago y otros con la visibilización del conflicto, recién ahora recibieron la comunicación del gobierno nacional de que iban a tener continuidad hasta abril, pero no firmaron ningún contrato. En otros casos directamente los despidieron. En las provincias no hay seguridad de que sigan estos equipos en el acompañamiento tecnológico, técnico y administrativo. Los perfiles del programa son técnico-pedagógicos. Como los técnicos informáticos que fueron capacitados en educación tecnológica. Y esos perfiles están desapareciendo.

–El ministro Bullrich denunció en la TV que las computadoras debían venir a Buenos Aires para arreglarse porque no se podía hacer en cualquier provincia. ¿Es cierto eso?

N. E.: –Las formas en que se resolvían las cuestiones técnicas se estaban cambiando. Existía la decisión política de transformarlas. El servicio técnico se hacía acá en Buenos Aires, era centralizado, tardaba, pero esas cuestiones se estaban resolviendo. Este año se iban a cambiar. Para mí lo importante es destacar que Conectar Igualdad es una política inédita a nivel mundial. En la cantidad de equipos, en la llegada y en la decisión.

–¿Cuántas computadoras se habían entregado hasta hoy?

P. V.: –Cinco millones y medio para escuelas públicas secundarias, escuelas de educación especial, institutos de formación docente y además se entregaron siete mil computadoras para primaria. En este nivel, en vez de dar una netbook a cada estudiante lo que se hacía era entregar un aula digital móvil con computadoras y otro modelo pedagógico. Esto tenía el nombre de Primaria Digital, que se sumó a Conectar Igualdad.

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