Final con incertidumbre

Lo único seguro del 28 de junio es que será un domingo y que habrá elecciones para renovación de cargos legislativos, pese a que una campaña totalmente confusa le quiera agregar otro tipo de propuestas que no pueden más que reflejarse en loables objetivos a mediano y largo plazo.

Desde el apoyo a un proyecto o el equilibrio para controlar al gobierno se pasó a mayor seguridad, mayor empleo y otras propuestas que no se logran con alquimia desde una banca levantando una mano. Una jugada más de la dirigencia política en general que volvió a correr el eje de la discusión.

Lo importante es que se llega a una nueva elección y que siempre es importante dado que luego no hay lugar para arrepentimientos.

Según señalan la mayoría de los encuestadores el kirchnerismo si gana habrá obtenido una victoria a lo pirro y perdiendo representación en el Congreso y en la Legislatura bonaerense. El 30 por ciento de promedio en territorio bonaerense se ha convertido en un techo pétreo. Salvo la existencia de un voto "vergonzante" de aquél que en silencio apoyará al oficialismo en el cuarto oscuro ese porcentaje con algún margen de error acompañaría los grandes titulares para el lunes siguiente.

El peronismo de Unión-Pro y el felipismo se relamen ante la segunda oportunidad, tras una serie de desprolijidades de costosa campaña, de poder reivindicar el "voto útil" y hablar de "fuerte polarización" concepto rechazado desde el Acuerdo Cívico que, con favorables guarismos en el interior, prefieren hablar de triple empate.

Los opositores –y a los nombrados se debe también agregar a los del Nuevo Encuentro de Martín Sabatella- saben que el diez o doce por ciento de indecisos en realidad ya optaron por un encendido antikirchnerismo y, por consecuencia, constituyen un importante universo para conquistar mediante la seducción del discurso y la imagen.

Saben que no sólo serán importantes los votos, sino la capacidad de acrecentar al máximo la posibilidad de conquistar bancas que es la verdadera batalla por ganar.

En ese sentido saben que un triunfo sólo quedará en testimonial si hay un triunfo en el cual el kirchnerismo aún con un porcentaje no muy alto se queda con más bancas en su condición de primera minoría.

Por su parte, el oficialismo también piensa en la elección con proyección a futuro en la Provincia. Por ejemplo en la quinta sección (correspondiente a la costa atlántica) y en la séptima (centro bonaerense) los pisos para alcanzar un senador son del 20 y 33 por ciento respectivamente. Durante varias semanas los sondeos ubicaban a los candidatos oficiales muy distantes de alcanzar el salvoconducto a la Legislatura. Sólo el día de la elección se sabrá si las recorridas del gobernador Scioli dieron sus frutos al respecto. Una posible recuperación en la intención del voto será adjudicada a quien dio la cara y no a otros.

Por su parte, Francisco de Narváez piensa en el panorama post electoral. Aún sin tener garantizado un triunfo que le dan algunas encuestas piensa que un buen resultado estará de su lado. El ruido publicitario y otras circunstancias ligadas a la danza y a la mímica en un programa muy conocido en la televisión, le dieron, según se cree, un incremento interesante en las encuestas, aún en distritos que parecían impermeables al discurso opositor. No se sabe si como operación o como datos proporcionados por recientes sondeos le adjudican en el conurbano, y en distritos duros como Matanza, un importante descuento de las ventajas que aún tiene el oficialismo. En ese municipio, cabe destacar, el oficialismo peronista sólo perdió una elección en el 97 a manos de la alianza.

Otro distrito paradigmático del interior es Pergamino. Allí, según señalan los merodeadores de la realidad local, prevén un tercer puesto cómodo para el kirchnerismo. Los resultados ubican a De Narváez primero, al Acuerdo Cívico en segundo lugar, pero con un fuerte corte de boleta para las categorías locales. Igual situación sucede en la capital bonaerense, donde el oficialismo local ocultando todo icono del kirchnerismo -e incluso con una oferta de listas desprendidas del matrimonio que ocupa la Casa Rosada- apostó a un plebiscito de la gestión de Pablo Bruera. El resultado le arroja un cómodo primer lugar en las encuestas que, si se traduce exactamente a resultados electorales, sería uno de los más significativos por fuera del conurbano. Pero también como una fuerza eminentemente vecinalista que no necesitó ningún paraguas nacional protector. Allí la fuerza de De Narváez obtendría el piso para ubicar legisladores provinciales y desde el Acuerdo Cívico esperaban igual resultado en base a la proyección sobre los indecisos.

En tanto, la pregunta es si todos los candidatos anotados como testimoniales responderán a esa alusión conceptual. No son pocos quienes señalan que don José María Díaz Bancalari estudiará sus decisiones en los largos cinco meses que hay desde los comicios hasta la asunción de los cargos. Si el kirchnerismo mantiene una ventaja en territorio bonaerense y, por ende, mantiene una mayoría legislativa el entonces diputado electo por la segunda sección electoral volvería a la arena parlamentaria bonaerense. Su intención es pelear y anotarse para ganar la presidencia de la Cámara de Diputados provincial heredando al actual hombre de Ituzaingó, Horacio González.

Supuestamente el actual diputado nacional deberá estar muy seguro de una victoria en su pago chico y en la sección electoral a la que pertenece. En política y en un partido con códigos muy claros como el peronismo los derechos se reclaman con resultados a la vista. Sobre todo si la pulseada es contra otra sección donde, de acuerdo con las estimaciones habrá una victoria oficialista donde, si bien no elige Diputados para esta ocasión, tiene una especie de voto calificado en la mesa de discusiones.

Pero la oposición tampoco escapa en su conjunto a poder definir, en un escenario de fuerzas favorable, sentar allí a un hombre ajeno al gobierno como ocurrió hace aproximadamente nueve años.

Esto ocurrirá si en conjunto el Acuerdo Cívico, Unión-Pro y el Nuevo Encuentro deciden coincidir alguien que los represente, algo que, hoy por hoy, está muy lejano de la realidad.

Mientras la oposición pelea por crecer en espacio de representación, en el Ejecutivo tratan de buscar reparos contra una serie de versiones políticas que, para no salir de la originalidad han llamado operaciones.

La primera de ellas, que han considerado "descabellada" es la de una renuncia del binomio Scioli-Balestrini para que Néstor Kirchner sea candidato a gobernador en la próxima elección. Un vocero cercano al Ejecutivo de sólo tener que desmentir tal especie exterioriza su irritación y decepción por tanta permeabilidad en el periodismo respecto de estas hipótesis.

Pero cabe aclara que la permeabilidad surge también de la cristalización de otras presunciones que otrora parecían también muy extrañas a la práctica política y ahora no, por ejemplo, que un gobernador o varios intendentes sean candidatos en pleno ejercicio de sus funciones.

La otra versión que martillaba el ánimo del entorno de Scioli fue la publicación de un desembarco importante desde el kirchnerismo en el gabinete provincial y a un lugar clave como es el ministerio de Economía. Carlos Fernández, huésped de esa cartera durante la última época de la gestión de Felipe Solá fue nombrado en más de un trascendido que algún sector del periodismo decidió comprar sin mayor trámite.

Los voceros del poder bonaerense nuevamente desmienten tal posibilidad señalando que el actual ministro Alejandro Arlía tiene no más de tres meses en su función, que es del círculo íntimo del gobernador y que no ha dado hasta el momento motivos para que su permanencia sea motivo de análisis.

Sin querer abrir grietas en plena campaña con el matrimonio de la Casa Rosada, los portavoces resaltan la condición de sciolista químicamente puro frente a un enviado del kirchnerismo, también puro.

Más allá de eventuales cambios de gabinete hay una preocupación extrema por los resultados electorales y su correlato legislativo, con el serio riesgo de que el oficialismo pierda los dos tercios en Diputados y el quórum.

Se vienen temas pesados para los dos años que restan de gestión y allí esperan en la lista alguna posible declaración de emergencia, restricción de gastos fiscales y eventuales reformas al organigrama estatal que no suelen ser el mayor agrado de los bonaerenses. Este tipo de leyes tendrán al menos un doloroso camino para su aprobación frente a una oposición que tiene varias facturas para pasar en mostrador por frustradas normas que impulsó sin éxito en el primer bienio.

Con lo cual es posible que Scioli aproveche al máximo el período de largos cinco meses que le quedan hasta el recambio legislativo, ante una eventual reducción de su apoyo en ambas cámaras.

En eso si, el 28 de junio puede ser un día de madre de todas las batallas y una fecha clave donde empezará a pintarse un panorama con enormes desafíos en el futuro de su administración. (www.agencianova.com)

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