El final más cantado

Por: Adrián Casaccio

Cinco meses atrás, el lunes 5 de mayo, cuando asumió, Claudio Borghi tenía un objetivo. Y lo dio a conocer hablando en plural, en nombre de su cuerpo técnico.

"Lo que soñamos con nuestra llegada es recuperar el sello que caracterizó a los grandes equipos de Independiente". Tres derrotas consecutivas en este torneo, la anterior y dolorosa eliminación de la Copa Sudamericana, lo despertaron. Lejos, muy lejos de los objetivos planeados quedaron todos: Borghi renunció ayer tras la derrota ante Huracán. Lo había anunciado en la semana. Su ciclo pendía de un delgado hilo. El equipo que puso ayer en la cancha no dio respuestas y, más allá del resultado adverso, el entrenador, apenas terminó el encuentro le comunicó su decisión irrevocable a los jugadores y al presidente Julio Comparada. Se espera que Miguel Santoro acepte ser su reemplazante, pero no en calidad de técnico interino (ver página 15).

Borghi, ante los micrófonos, después del partido, pronunció una frase, cuanto menos sugestiva: "Muerto el perro, se terminó la rabia". Justo él, que cuando asumió en mayo había dicho: "No hay partidos de vida o muerte". Pero, durante esta semana, quien observó sus movimientos y escuchó sus declaraciones en la previa del partido ante Huracán armaba sin dificultades este escenario. "Mantenerse en un estado de partidos perdidos es muy difícil. Sería deshonesto quedarse y decir que vamos a levantar", dijo ayer el entrenador con la sinceridad que lo caracteriza. Una sinceridad que lo costó caro desde su misma llegada, cuando reconoció que era hincha de Racing. "Aquí buscan un técnico, no un hincha", sostuvo entonces. O como cuando le dijo a Clarín: "Tal vez yo no le sirva al fútbol argentino". Hubo puntos determinantes para la salida de Borghi. Jamás pudo consolidar el esquema táctico que tanto resultado le dio en el Colo Colo cuatro veces campeón en Chile, al que llevó a las máximas competiciones del fútbol de América, incluida la final de la Copa Sudamericana, donde perdió de local con el Pachuca. De hecho, ayer jugó en el partido crucial con tres defensores, cuatro mediocampistas, un enganche y dos delanteros, pero otra vez la derrota y, lo que resultó peor, el anodino funcionamiento del equipo ante un rival que había ganado un solo partido de los últimos trece que había diputado, fue el resultado que marcó el final.

"Yo me voy dignamente, como siempre he trabajado como jugador y entrenador. Lo único que me molesta en la vida es defraudar, y cuando un entrenador no consigue resultados, defrauda", sostuvo más tarde el Bichi.

Con su particular estilo, el técnico no se despidió del plantel. Apenas terminó el partido mantuvo un encuentro con sus compañeros del cuerpo técnico, su ayudante de campo Cristian Saavedra y su preparador físico Hernán Torres. También habló con Comparada. Su decisión estaba tomada. "No soy de los que se despiden. La situación estaba clara. Lo habíamos hablado con los jugadores antes del partido y de ellos no tengo nada que decir. Su disposición siempre ha sido muy buena. Si fuéramos campeones con un mal grupo de gente a mí no me serviría". Ayer, por primera vez, los hinchas reprobaron a Borghi. Desde las tribunas, tras reclamarle a los jugadores, bajaron cantos contra el DT y le recordaron que era hincha de Racing. "Yo no le puedo mentir a la gente. Soy hincha de Racing; ahora mi trabajo, malo o bueno, fue honesto", insistió. Su sinceridad lo llevó a decir ayer en la despedida: "Si alguna vez vuelvo, evidentemente no voy a ser el mismo".

Se fue Borghi, justo en la cancha de Argentinos Juniors, donde hace 28 años debutó haciendo rabonas. Se fue dolido por haber defraudado en su primera experiencia como entrenador en el fútbol argentino. ¿Cambiará?

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