Al final, los bolivianos votarán en enero su nueva Constitución

Después de una noche en vela y 18 horas de sesión ininterrumpida, el Congreso de Bolivia aprobó ayer la ley de convocatoria a un referendo, que se realizará el 25 de enero, para ratificar o rechazar la nueva Constitución que promueve el gobierno.

El presidente Evo Morales promulgó la norma casi de inmediato, emocionado por el acuerdo alcanzado entre oficialistas y opositores tras semanas de duros enfrentamientos, y en medio de los festejos de una multitud de seguidores en el centro de La Paz.

El presidente no ocultó las lágrimas al abrazar a su vocero Iván Canelas y al vicepresidente Alvaro García Linera, ante miles de seguidores concentrados en la Plaza Murillo desde el lunes.

"Siento que este proceso de cambio es sin retorno, digan lo que digan, hagan lo que hagan, ya no va a volver el neoliberalismo", afirmó el presidente. "Ahora puedo irme contento al cementerio, porque he cumplido con el pueblo boliviano", remarcó.

Mientras, miles de campesinos y obreros bailaban y cantaban en la Plaza Murillo, frente al Congreso, donde dieron por terminada la "Marcha por la Refundación de Bolivia", que había arrancado ocho días antes en la localidad andina de Caracollo, a 200 kilómetros de La Paz, a donde llegó el lunes.

"Tenemos la ley que tanto pidió el pueblo boliviano por el aporte de cuatro fuerzas políticas", destacó García Linera, al concluir la histórica sesión que dará paso a la consulta popular sobre el nuevo texto constitucional de 411 artículos.

La sesión concluyó después del mediodía, y los parlamentarios del gobernante Movimiento Al Socialismo (MAS), abandonaron de inmediato el Congreso para abrazar al presidente y dirigentes sociales en vigilia desde el lunes.

El "sí" de los legisladores por una mayoría de dos tercios --la cantidad necesaria de votos-- fue posible luego de un acuerdo alcanzado el lunes entre oficialistas y opositores, que prevé la realización de elecciones generales en diciembre de 2009, un año antes de lo previsto, e incluye el compromiso de Evo Morales de no presentarse a un eventual tercer mandato.

La posibilidad de una nueva reelección del presidente era uno de los puntos de la nueva Constitución que generaba mayor rechazo de la oposición de derecha.

Morales asumió en enero de 2006, y su mandato debería terminar en enero de 2011. Al adelantar las elecciones, se habilitaría su postulación por cinco años más por una sola vez, hasta 2014.

Además del tema de la reelección, el MAS accedió a modificar "sustancialmente" un centenar de artículos del texto aprobado por la Asamblea Constituyente en Oruro en diciembre, en una sesión en la que estuvo ausente la oposición.

El lunes, antes de que se alcanzara el acuerdo, los manifestantes habían amenazado con "cerrar el Congreso" si los legisladores de la oposición no votaban a favor del llamado a referendo. El propio Evo debió frenarlos en dos oportunidades para evitar disturbios.

Ayer, en su discurso improvisado y con altas dosis de emoción, Morales, el primer presidente aymara en la historia de Bolivia, dijo que "el pueblo estará siempre para derrotar al imperio y al neoliberalismo" y acotó que la nueva Carta Magna permitirá cerrar las históricas brechas sociales.

"Renuncié (a una segunda reelección) por el bien del país y de este proceso de cambio. Evo no es ambicioso, Evo no tiene intereses", aseguró, refiriéndose a sí mismo en tercera persona. Y contó que durante la marcha que encabezó el lunes, muchas personas le pidieron que se quede en el gobierno 30, 40 o incluso por 500 años.

Ese pedido, aclaró, lo entiende como la exigencia de que "obreros y originarios (indígenas)" también puedan gobernar Bolivia y no sólo "doctores y militares" como, según él, pasaba antes, sobre todo durante las dictaduras.

El mandatario fue severo con sus opositores. "Si rechazan algunos dirigentes, algunas autoridades cívicas y algún prefecto (gobernador) esta nueva Constitución, quiere decir que son enemigos de la patria", disparó, en una clara alusión a los líderes de las cinco provincias opositoras, Santa Cruz, Tarija, Beni, Pando y Chuquisaca.

La ley promulgada ayer parece poner fin a semanas de turbulencia política, cuyos hechos más graves se produjeron en septiembre en las regiones opositoras, que dejaron una veintena de muertos.

El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, expresó ayer su satisfacción por el acuerdo en Bolivia, y afirmó en un comunicado que es "una demostración de que la flexibilidad y el diálogo son los únicos instrumentos para resolver las crisis políticas, por difíciles que puedan parecer".

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