La fila de despedidos que no puede tapar el INDEC

La fila de despedidos que no puede tapar el INDEC
Cinco horas de cola para pidir un amparo legal y una indemnización. Trabajo admite un incremento, pero no da datos oficiales.
En la esquina de Callao y Bartolomé Mitre, cualquier día hábil de la semana, la realidad choca contra el discurso oficial de estabilidad laboral. Allí se encuentra la oficina del Ministerio de Trabajo correspondiente al Servicio de Conciliación Laboral Obligatoria (SECLO). Desde la puerta del edificio, la fila de trabajadores despedidos que piden amparo legal ocupa más de una cuadra.

Los ex empleados esperan un promedio de cinco horas para ser atendidos. Los motivos de los reclamos son diversos, pero la mayoría está ahí para hacer valer su derecho a una indemnización y para que alguien lo ayude a encontrar la respuesta que su jefe no le dio cuando lo dejó en la calle.

La larga fila de personas desemboca en un hall amplio y con cómodos asientos al que ingresan de a veinte personas por vez. Allí aguardan el llamado de alguno de los empleados del SECLO y ante él presentan el reclamo.

A partir de ese momento, a los flamantes trabajadores desempleados se les asigna un conciliador, que será el encargado de solicitar las audiencias y mediar para solucionar el problema. Si no se logra, recién ahí se recurre a los tribunales.

Si, en cambio, se consigue un acuerdo, este organismo del Ministerio de Trabajo es el encargado de homologarlo y de esa manera sellar definitivamente la conciliación.

El coletazo de la crisis internacional se sumó al incipiente deterioro que ya mostraba le economía argentina, y el principal reflejo de la caída de la actividad es el desempleo. La larga hilera en esta dependencia oficial hace pensar que los últimos datos oficiales, que midieron una tasa de desocupación del 8,4% para el primer trimestre del año, similar a la del mismo período de 2008, disimulan una realidad mucho más dura.

Un vecino anónimo de Callao y Bartolomé Mitre da cuenta de la misma impresión: "La verdad es que no recuerdo haber visto una fila tan larga en este lugar. ¿Quiere que le diga?, ni siquiera en 2001 había tanta gente esperando aquí", lamentó el hombre y se alejó caminando.

En la cola estaba Daniel Rizzo, un ex empleado de Laprida, la fabricante de papel y artículos de librería, que llevaba casi cuatro horas de espera. En diciembre, luego de varios meses sin cobrar su salario, Daniel junto a otros diez compañeros fueron despedidos.

La empresa alegó problemas financieros y les envió el telegrama de desvinculación sin darles lugar a ningún tipo de reclamo. Rizzo trabajó siete años para la papelera y quiere una justa indemnización. Algunos de sus compañeros "arreglaron con la empresa" por menos dinero del que les correspondía. Otros, como Daniel, optaron por demandar la indemnización pertinente.

Como Rizzo, hay muchos trabajadores que en los últimos meses fueron despedidos de un día para el otro, sin preaviso y sin derecho a réplica. Ése es el caso de José Moyano, quien llegó un día a la pizzería donde trabajaba y le dijeron que ya no lo necesitaban. El caso de José es más complicado porque no estaba registrado como empleado, aunque cuenta con las pruebas necesarias para reclamar una respuesta, y por eso está en la fila.

Justamente, la informalidad laboral es otro de los motivos de reclamo más frecuentes además del despido. Hasta el INDEC lo reconoce. Según el instituto estadístico, el empleo "en negro" subió un 1,8% en el último trimestre de 2008 y alcanzó el 37,8 por ciento.

Laura Dois era empleada de un bar de Palermo y forma parte de ese 37,8 por ciento. En los primeros meses del año, cuando ya se empezaban a sentir los efectos nocivos de la crisis, dejaron de pagarle el sueldo. Ante los infructuosos reclamos, Laura se dio por despedida. Ahora apela ante el SECLO para que junto con su abogado logren regularizar su situación y pueda cobrar el dinero que le corresponde.

Fuentes del Ministerio de Trabajo reconocieron el aumento de los reclamos en los últimos meses, pero no pudieron proporcionar cifras oficiales. Ahora ofrecen la posibilidad de que los trabajadores que cuentan con un abogado hagan el trámite por intermedio de él porque de esa manera se asignan turnos y, por lo menos, el desocupado evitará esperar su turno en la cola. Así la gente se salvará de hacer interminables filas y el Gobierno esconderá otra evidencia del creciente desempleo.

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