Fin de fiesta

Fin de fiesta
Hay señales claras que el fin de la fiesta K ya comenzó. Los intendentes del Conurbano han iniciado el éxodo hacia otros ambientes más acogedores y simpáticos que la acidez corrosiva de los K.
A pesar de no tener mínima afinidad política con la escritora argentina Beatriz Guido (cuyo furibundo y recalcitrante antiperonismo hizo que se la calificara como coherentemente gorila), debo admitir su talento literario y su interesante producción. Algunas de sus obras, aun en forma novelada, descubren etapas negras de nuestra historia política, y por ese motivo me he permitido anteriormente (y me permito en esta oportunidad) plagiarle el título para mi artículo.

En 1958 se publicó en nuestro país Fin de Fiesta, una conocida novela de la escritora argentina que fuera llevada exitosamente al cine en 1960 por su esposo, el afamado Leopoldo Torre Nilsson.

Ese libro, ambientado en la "década infame" de la Argentina, cuenta vida y obra de un caudillo conservador (queda claro que es Barceló de Avellaneda), aunque los nombres y lugares son ficcionados. Durante el descarnado relato se evidencian los métodos brutales (empanada y vino para los amigos, garrote, tortura y muerte para los opositores), que tiñeron de vergüenza y oprobio un largo período de la historia nacional.

El caudillo, dueño absoluto del pueblo y de su familia, impone a sangre y fuego su ley y sus códigos siniestros. Su nieto, que se rebela una y otra vez, es castigado severamente, en la creencia que los hombres se hacen a golpes. Sin embargo, cuando en una fiesta familiar el nieto increpa al abuelo por las felonías y atropellos cometidos, el anciano se infarta y queda severamente discapacitado. A partir de allí, se exhibe su declinación, su decadencia y su decrepitud, mientras el nieto intenta ser un exponente de las nuevas políticas.

Los K

Lamentablemente, en este tercer milenio, por obra y gracia del Gobierno K, la Argentina parece haber entrado en otra oscura época de caudillismo brutal, autoritario y con metodología burdamente "clientelística". Los hechos son bien conocidos, y muchos de sus negativos resultados, también.

El cacareado fútbol televisado para todos, por decreto y a través del mentado convenio AFA-Gobierno-canal de TV estatal, cuyo costo de casi 700 millones anuales y que sería recuperado con creces a través de la venta de publicidad es hoy un fiasco total, y la "fiestita" la pagamos todos los argentinos, nos guste o no el fútbol.

La mentada ley de Medios K, donde "el guapo de Olivos" puso toda la carne al asador, está hoy severamente cuestionada por el Poder Judicial, a través de sucesivos fallos que impiden la aplicación de artículos pretendidamente mortales para la prensa considerada rebelde.

El sistemático apriete que se ha hecho de gobernadores e intendentes por parte de los K, apelando al garrote y la billetera, hoy muestra sus efectos no queridos. Provincias que amenazan imprimir las cuasi monedas, jefes comunales cuestionados en sus propios feudos que miran impotentes cómo el poder se les escurre rápidamente de las manos, y puebladas que piden por seguridad, por obras públicas y por mejor distribución de la riqueza son hoy moneda corriente en el panorama nacional, sobre todo en las grandes provincias centrales.

Confrontación

Las políticas de confrontación permanente han hecho posible cosas impensables, como juntar toda la atomizada oposición en cuestiones esenciales. Se ha confrontado (sobre todo en el año que termina) con el campo, con la oposición, con la Iglesia, con los medios considerados rebeldes, con el Poder Judicial, con la CTA, con los piqueteros no K, con ciertos sectores de la industria

y del comercio, y con cuanto individuo o institución osara marcar diferencias o disidencias.

Las tribunas son para el "guapo de Olivos" un escenario inmejorable para desafiar, amenazar y prometer dádivas a quien se muestre servil y sumiso. Y si no, veamos qué pasó con el actual gobernador Colombi de Corrientes, que acaba de ser premiado con el envío de suculentos fondos, a cambio de públicas promesas de obediencia debida. Todo eso, a pesar de su origen radical y su prédica opositora durante la reciente campaña electoral correntina. Excelente ejemplo abyecta metodología caudillesca y clientelística en pleno siglo XXI.

Sin embargo, hay señales claras que el fin de la fiesta K ya comenzó. Los intendentes del Conurbano, mayoritariamente, han iniciado el éxodo hacia otros ambientes más acogedores y simpáticos que la acidez corrosiva de los K. El último congreso del PJ mostró ausencias muy sugestivas, y la mansedumbre (casi servil) de algunos gobernadores está siendo desbordada por sus propias tropas, que no quieren quedar atados a la paliza descomunal que en todos los campos sufrirá el matrimonio K.

Los jueces, aunque tibiamente, están lanzando fallos que hacen tambalear las construcciones K, consideradas monolíticas poco tiempo atrás. Muchos ex funcionarios renunciantes (algunos renunciados de urgencia), son hoy prolijamente investigados y la mayoría no podrá justificar muchas de sus movidas económicas.

La Justicia

Por otra parte, cuando la Justicia profundice los vasos comunicantes entre los grupos de medicamentos truchos, de la efedrina, del narcotráfico y de algunas ejecuciones mafiosas, con ciertos funcionarios sospechados de, por lo menos, "tolerancia culposa" con esas actividades non sanctas, es posible que la opinión pública, la gente de a pie, se conmocione de manera irreversible y pida ejemplificadores escarmientos.

La Iglesia, en su saludo navideño ha puesto nuevamente énfasis en aspectos descuidados y abandonados por el Gobierno K: la pobreza, la marginalidad y la inseguridad. Hace tiempo que los obispos vienen machacando con cuestiones que el grueso de la sociedad argentina ve cotidianamente.

Por último, no podemos dejar de mencionar que al "guapo de Olivos" le han salido desafiantes: el más nuevito es otro caudillo de hacha y tiza, ex presidente y portador de voluminosa cabeza. En su desbordante entusiasmo, "el cabezón" hasta anunció parte de su gabinete, que comparándolo con el actual, es como comparar kaka con dulce de leche. La confrontación promete ser electrizante.

Levantemos entonces las copas el próximo 31, y brindemos por un porvenir venturoso para nuestra Nación y para todos los argentinos. Y brindemos también porque, gracias a Dios, comenzó el fin de la fiesta K.

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