La "fiesta" financiera, lejos del derrame sobre la economía real

Por: Daniel Fernández Canedo

El mercado financiero vive su fiesta.Si bien en los últimos dos días la suba de los bonos se tomó un respiro, la trepada de los últimos dos meses fue histórica.Tuvieron buenas ganancias los inversores de adentro y de afuera, incluyendo los bancos y los especuladores

El raíd fue categórico y los bonos argentinos que hace seis meses rendían 60% anual, fruto de la desconfianza y el excepticismo, ahora ofrecen a los inversores un 13%.Ese cambio implica una baja sensible del riesgo financiero de la Argentina. En otras palabras, los mercados creen que el Gobierno va a pagar las deudas.Eso se complementa con la creencia de que los discursos oficiales sobre que buscarán retornar a los mercados de crédito voluntarios algún día se transformarán en realidad.De hecho, lo que hicieron los mercados fue adelantarse a la posibilidad de que la Argentina llegue a un acuerdo con el FMI, a refinanciar la deuda de 6.000 millones de dólares con el Club de París y a un entendimiento con los bonistas que se quedaron fuera del canje de 2005.

La vieja regla especuladora de comprar bonos cuando están baratos al ritmo de los rumores de posibles medidas, y venderlos cuando se conoce la noticia, puede volver a cumplirse.

La baja del riesgo argentino, sin embargo, no generó una mejora relativa a nivel regional.

El costo del dinero para el Gobierno sigue siendo el triple del promedio de los países emergentes y resulta casi tres veces y medio superior al que paga el poderoso vecino brasileño.A pesar de toda la mejora, el costo que la Argentina paga por su deuda es de los mayores del mundo.Y buena parte de esa sobretasa la explica un denso manto de desconfianza.La salida dólares aflojó, pero no logra revertirse.En junio se fueron 2.700 millones, en julio 1.400 millones y en agosto 700 millones de dólares.Se creía que con la entrada de capitales para comprar bonos y el proceso de lenta "desdolarización" de parte de los que habían comprado divisas antes de las elecciones, septiembre dejaría un resultado positivo.

Pero, a pesar de que la fuga disminuyó mucho, este mes el saldo cambiario seguiría en el terreno negativo por unos 300 millones de dólares. Evidentmente, parte de los tomadores de decisiones en materia económica matiene el excepticismo.Por segundo mes consecutivo, el índice de confianza del consumidor que elabora la Universidad Di Tella volvió a caer.Y el indicador de la inversión que calcula Orlando Ferreres mostró una baja de 13,6%.

La mejora financiera todavía no "derrama" sobre la actividad económica.Otro indicador lo están dando los bancos.Los depósitos privados en pesos volvieron a crecer a razón de 1.500millones al mes, pero el crédito está "clavado". En parte eso ayudó a una leve baja de la tasa de interés que ahora, para depósitos a plazo fijo grandes está en 12,3% anual, un nivel que empata con el ritmo anual que viene teniendo la inflación según los cálculos de los estudios privados. Lo financiero camina por un carril, mientras lo fiscal lo hace por otro y mucho más complicado.

El aumento de impuestos en Buenos Aires, la colocación de una Letra por $1.630 millones en la caja de la obra social de los jubilados por parte del Tesoro Nacional o la posibilidad de que Santa Fe coloque un bono para pagarle una deuda a la policía y a los empleados de un ex banco provincial, son sólo algunos ejemplos de que las arcas públicas empezaron a secarse.

Y además, se acerca una de las que podría considerarse la madre de las batallas en materia fiscal.La prórroga de los impuestos al cheque y a las Ganancias volverá a poner sobre la mesa el tema de la coparticipación de impuestos entre la Nación y las provincias.

En el caso gravamen sobre los cheques, creado por Domingo Cavallo en 2001 como un impuesto de emergencia, el Gobierno pretende prorrogalo por dos años y no por uno como es habitual.Actualmente, 30% de la recaudación es coparticipable, con lo cual sólo 15% llega a las provincias. De hecho, el 85% del total es manejado por el Gobierno.En Ganancias la Nación reparte con las provincias el 64% de lo recaudado pero hay un 20% con el que se queda para Seguridad Social que habría perdido sentido político después de la estatización de las AFJP.

Las provincias necesitan entre 7.000 y 8.000 millones de pesos para cumplir con sus compromisos y el 70% de su deuda está en manos del Tesoro nacional. La dependencia financiera de las provincias respecto del Gobierno va en ascenso y eso las pone en posiciones cada vez más débiles frente a la arbitrariedad a la hora del reparto de fondos.

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