La fiebre por el dólar se llevó 450 millones

La presión compradora de pequeños y grandes ahorristas llevó el dólar a 3,27 pesos. En una semana, el Central usó 1.160 millones. aunque no lo admite públicamente.

 

Espera. La expectativa devaluatoria sacó a los ahorristas a las calles en busca de billetes verdes. En algunas agencias se quedaron sin stock. Hay que importar más.

En otra jornada de furia en la City, el Banco Central tuvo que vender 450 millones de dólares de sus reservas para evitar que se escapara el tipo de cambio. La intervención oficial se produjo hacia el final de la tarde, cuando las casas de cambio ofrecían desde sus pantallas billetes verdes a 3,29 promedio. En algunas se expendía a 3,31. Y en el mercado “negro”, la cotización había saltado entre 3,50 y 3,55 pesos. Tras la aparición del Central, el dólar cerró en $3,27 para la venta, con una suba de tres centavos respecto del día anterior. Alcanzó su pico máximo desde el gobierno de Eduardo Duhalde. Frente a las casas de cambio y bancos del microcentro porteño se formaron largas filas de ahorristas, como no ocurría desde la época del colapso de la convertibilidad. Algunas agencias se quedaron sin billetes, ante el fuerte salto de la demanda. También subieron las tasas de interés. Desde Washington, el Gobierno dijo que continuará con esta estrategia.

La presión cambiaria no es exclusiva de la Argentina. Ocurre lo mismo en países de la región, como Brasil, México y Chile, donde los bancos centrales también debieron intervenir para atenuar la devaluación.

La estrategia de Martín Redrado provocó un debate puertas adentro de la Casa Rosada. Algunos funcionarios cercanos al matrimonio presidencial le achacan al jefe del Central liquidar reservas, sin que ello signifique una defensa del tipo de cambio.

Entre el lunes y ayer, el Central vendió un total de 1.160 millones de dólares.

Aunque nadie en el Gobierno se atreve a ponerle techo a la cotización debido a la intensidad de la crisis, fuentes de la delegación argentina que viajó a Washington para la asamblea anual del FMI y el Banco Mundial aseguraron que seguirán interviniendo para evitar saltos bruscos. Apuestan a la “flotación administrada”, mientras crecen las colas frente a las casas de cambio.

El ministro de Economía, Carlos Fernández, y el presidente del Banco Central, Martín Redrado, coinciden en el criterio de utilizar las reservas (que ayer cerraron en 46.931 millones de dólares) para abastecer la demanda de los ahorristas y las empresas. Esa demanda, motorizada por la crisis y por la incertidumbre sobre cómo la enfrentará el matrimonio Kirchner, absorbe la masa de divisas que aportan los exportadores pero en los últimos días pidió más.

Según fuentes privadas, el Central debió vender 450 millones, pese a que voceros de la autoridad monetaria dijeron no haber sacrificado más de 80 millones.

“Nadie sabe cómo se va a asentar la situación internacional, pero nosotros tenemos claro que las subas en Argentina se sienten más que en Brasil u otros países de la región. Y por eso tenemos que actuar para evitar la histeria”, dijo una de las fuentes consultadas en Washington.

Redrado aprovechó un encuentro académico al margen de la cumbre del Fondo para sondear los planes de sus colegas Enrique Meirelles (Brasil) y Guillermo Ortiz (México). Este último debió vender más de 6 mil millones de dólares de sus propias reservas y sólo consiguió frenar la suba, sin lograr que baje.

Cerca de Redrado aseguraron que los tres coincidieron en que los bancos centrales deben jugar fuerte para morigerar los vaivenes del tipo de cambio. “Cada uno con sus particularidades”, se apuraron en aclarar. Una salvedad comprensible: Meirelles dejó que el real se devaluara un 40% en menos de un mes y la inflación brasileña se mantuvo por debajo del 5% anual. Algo inimaginable en una Argentina que todavía piensa en verde.

Los ahorristas particulares, por las dudas, inundaron las veinte manzanas de la City.

Y los bancos subieron las tasas de interés, con el objetivo de que los ahorristas no se lleven los depósitos.

Los plazos fijos ya rinden entre 15 y 16% anual. Mientras, las empresas de primera línea, que hasta mitad de semana pagaban un costo del 20% anual, ayer afrontaron 27 por ciento.

Frente a este escenario, en el equipo económico que viajó a Estados Unidos se muestran tranquilos. Aseguran que no habrá más desequilibrios comerciales con Brasil. Argumentan que la Argentina es cada vez menos Brasil-dependiente.

La caída de la soja, otro de los coletazos de la crisis mundial, tampoco enciende aún luces rojas en el equipo de Economía. “La participación en el total de los recursos de la recaudación es limitada”, dijeron ayer sus principales espadas en Washington.

OPINIÓN

No jodan por Perón

Artemio López (Director de la consultora Equis)

¡Ojo con nosotros, Caparra! Cuando el finado Lehman a sugerencia de Mondino dijo lo que dijo acerca de la “montaña rusa argenta” y nos bajó la nota, a la semana le pasó lo que le pasó. Hace un par de días, Morgan Stanley –en Floresta, Morgan a secas–, como Filomeno a Nueva Chicago, nos mandó al descenso, suspendió el estadio y recalamos en la C de un plumazo, advirtiendo que somos una triste economía emergente de frontera. Algo así como considerarnos “más buenos que la mierda”, una vez más buenos... viene la mierda y después, nosotros. Pues bien, no pasó una semana y los efluvios argentos ya los tomaron por la entrepierna, apretaron fuerte sus manazas y lo sacuden sin prisa ni pausa, desoyendo el gritito de dolor del buen piratón. Ayer nomás ya cayeron sus títulos un 26%, por las dudas enormes sobre su solvencia financiera, tal como el mismísimo Pedro Eugenio Lanata no tiene más remedio que reconocer ayer en este diario. En fin, están en la asadera y con las papitas noisette ya a su alrededor. Conclusión: Señores calificadores de las brumas, rigurosos analistas de la nada, no jodan con Perón, vayan a calificar a Islandia que son más racionales, que lo nuestro en temas de brujos y brujerías viene de lejos.

Comentá la nota