Fidel hace saltar todas las apuestas

Los deseos de sus enemigos chocan contra la resistencia física del enfermo líder cubano. Una nota desde la costa norteamericana.
Las cantidades perdidas en apuestas sobre la desaparición física o política de Fidel Castro deben de sumar ya cientos de miles de dólares, sobre todo en Miami, cuando ha pasado un año del relevo del líder revolucionario a cargo de su hermano Raúl.

El menor de los Castro manda en la isla desde el 18 de febrero de 2008, día del retiro formal del mayor. Lo hace a su estilo, con un equipo muy militar y dentro del marco del Partido Comunista. Pero Fidel sigue influyendo. No ordena, pero pesa: por lo que dice y por los límites más o menos implícitos.

La última prueba de la influencia ejercida por el convaleciente pero “muy activo y ágil” líder cubano data de hace escasos días, cuando la presidenta chilena se hallaba de visita oficial en la isla.

En una reflexión relativa al encuentro que acababa de tener con la propia Michelle Bachelet, Fidel hizo una disquisición histórica que estuvo a un paso de ocasionar un incidente diplomático.

El ex presidente recordó cómo “la oligarquía chilena, vengativa y fascista, arrebató a Bolivia la costa que le daba amplio acceso al Pacífico”. Así respaldaba la reclamación histórica de La Paz para recuperar su salida al mar.

Bachelet expresó su indignación nada más bajarse del avión en Santiago. Indicó que había expresado su “molestia” a Raúl. Y añadió: “No aceptamos las injerencias de terceros en asuntos domésticos ni bilaterales”. Antes, el canciller cubano, Felipe Pérez Roque, le había dicho a su homólogo andino que no había ninguna posibilidad de desautorizar al líder de la revolución.

Las relaciones diplomáticas son precisamente uno de los campos en los que más mejoraron las cosas en la isla desde que Raúl asumió la jefatura del gobierno. De una política exterior basada en la camaradería con los amigos incondicionales de Latinoamérica, África y Asia, Cuba pasó a practicar una diplomacia más constructiva e integrada mediante la cual reforzó lazos y tendió puentes con casi todo el mundo. Destacan los renovados vínculos con China, Rusia, y Brasil, así como el deshielo y relanzamiento del diálogo con la UE.

Incluso la vieja enemistad con Washington está hoy en cuestión tras la llegada de Barack Obama, al menos como no lo estaba desde Clinton y Carter. Raúl mostró varias veces su deseo de negociar una salida al conflicto bilateral, mientras se haga “de igual a igual y sin unilateralismos”. Pero la buena predisposición hacia Obama encuentra un límite claro en Fidel, que no parece tan de acuerdo con Raúl.

El hermano mayor lo demostró hace un par de semanas, cuando acusó a Obama de “compartir el genocidio contra los palestinos” y de incurrir en “soberbia y abuso” por no devolver a Cuba la base naval de Guantánamo.

Fidel Castro, que de un modo u otro lleva 50 de sus 82 años en el poder, es aún el primer secretario del PC, comandante en jefe y máximo consejero del presidente por acuerdo parlamentario. Todo eso sigue pesando en la política de Raúl, que en el ámbito interior no ha cubierto por ahora las expectativas de reforma.

Los anunciados “cambios estructurales” no acaban de verse. No será porque Raúl y su equipo no quieran o porque no trabajen. Debe de ser, según opinión casi unánime, que las circunstancias, las resistencias al cambio y algunas que otras personas no les dejan.

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