Fidel Castro cree "humillante" que EEUU exija a Cuba democracia y derechos humanos

Fidel Castro cree "humillante" que EEUU exija a Cuba democracia y derechos humanos
El ex presidente Fidel Castro calificó de "humillante y prepotente" la advertencia del gobierno de Estados Unidos de que sólo habrá un dialogo abierto con La Habana cuando haya en la isla cambios sobre derechos humanos y movimientos hacia la democracia.
En un nuevo artículo de "Reflexiones", Castro comenta noticias de agencias internacionales de prensa que citan a un funcionario estadounidense que anunció el viernes que Cuba aceptó reabrir las negociaciones bilaterales sobre migración y el envío directo de correo, algo que hasta ahora no había sido ni confirmado ni publicado en la isla.

También anota el líder cubano que la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, dijo que el gobierno de Barack Obama estaba "complacido de reanudar las conversaciones con La Habana sobre esos temas".

Pero Castro agrega que hubo "un exabrupto diplomático" al advertir los estadounidenses que "habrá un diálogo abierto tan pronto como haya (en Cuba) cambios sobre derechos humanos y movimientos hacia la democracia".

"¿Cuál es la "democracia" y los "derechos humanos" que Estados Unidos defiende?. ¿Era realmente necesario lanzar esa humillante y prepotente advertencia?", pregunta.

También comenta el ex mandatario cubano algunos detalles del discurso de toma de posesión que pronunció el nuevo presidente de El Salvador, Mauricio Funes, a quien reprocha estar muy pendiente de Clinton.

Según la nueva "Reflexión", divulgada por medios oficiales, cuando Funes anunció el restablecimiento inmediato de relaciones con Cuba, "un ensordecedor aplauso y gritos de júbilo estallaron en aquella sala, como no se escucharon en ningún otro momento de su discurso".

"Allí entre los invitados estaba Hillary. Previamente el orador (...) había cometido el error de saludar a la Clinton, que ocupa el cargo de secretaria de Estado, antes incluso que a Lula da Silva, presidente del gigante suramericano, allí presente entre un grupo de presidentes de nuestra área", señala Castro.

"El orador, sin concluir todavía el prolongado aplauso a Cuba -que tal vez lastimaría a la señora Clinton-, tomó la palabra y mencionó de nuevo a Estados Unidos, con la mejor intención del mundo. Sin embargo, muy pocos en aquella gran sala aplaudieron a ese país", agrega el artículo.

"En determinadas circunstancias -afirma Castro-, no solo las palabras hablan por sí mismas, sino también los aplausos y los silencios", termina Castro.

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