Festival de la T

Talleres fue muy superior a Racing y lo goleó 3-0. El Matador aprovechó tres errores defensivos para marcar a través de Díaz, Cosaro y Solferino.

La palabra merecimiento es la excusa ideal para no sentirse superado. La palabra merecimiento denota una falta de autocrítica. La palabra merecimiento simboliza lo que no pasó. Que lo que sucedió en la teoría no es lo que refleja la práctica. Cuando se gana, se gana. Cuando se pierde, "tocó perder". A Talleres ayer no le hizo falta hablar de merecimientos.

El 3-0 final refleja casi con exactitud lo que fue el 3-0 final con el que el Albiazul goleó a Racing. La T fue muy superior a la Academia y le ganó con tranquilidad, casi sin despeinarse en el Chateau.

El equipo de Roberto Saporiti le hizo pagar a los de Alejandro Cánova cada uno de sus pecados capitales. El Matador lo mató con las conquistas de Agustín Díaz, Guillermo Cosaro y Damián Solferino. Ah, todos los goles llegaron luego de tremendas fallas defensivas del perdedor.

Otro del Klan Fernández. Talleres empieza a marcar presencia desde el comienzo mismo del juego. Antes de los 10 minutos, la T le sopla la oreja cuatro veces a Racing. Los cuatro del fondo académico se miran y parece que hablan en distintos idiomas. No se entienden para nada. En ese período Solferino lo pierde con dos cabezazos y Pereyra hace lo propio en otras dos chances.

El sofocón pasa para la Academia y Valero empieza a manejar el medio campo. Sin embargo, salvo escasos centros de Bergese (uno de ellos pegó en la mano de Cosaro y el árbitro no sancionó penal), Racing no tenía cómo ni sabía cómo crearle peligro a Giordano.

Después, el partido volvió a las manos de la T. Díaz por poco sorprende a Del Olmo con un centro que casi se mete y pocos minutos después el enganche sí festejó ante el 1 albiceleste. La jugada de la apertura del marcador llegó tras un pelotazo largo del arquero matador, la pelota picó y le cayó en la cabeza de Hernán Fernández. El defensor, que tuvo más errores que Cristina, Aníbal, Alberto y todos los Fernández juntos, se la quiso dar a Del Olmo y no hizo más que habilitar a Díaz, que definió por arriba del 1. Iban 37 minutos y Talleres ganaba merecidamente 1-0. Cinco después, el defensor de Racing dejó a su equipo con un hombre menos.

Rapidito, rapidito. La segunda mitad no dejó ni terminar de tragar el vaso de gaseosa del entretiempo. Pasó poco más de un minuto cuando la línea de fondo de la Academia volvió a dejar mucho que desear. Dudaron todos los albicelestes y no hubo perdón. Lussenhoff anticipó, Pereyra la metió en el área y Cosaro la mandó a guardar. 2-0 y el principio del fin para un partido que parecía sentenciado.

Con el resultado a favor, el juego de Talleres empezó a florecer. Federico Lussenhoff, la gran figura de la tarde, se convirtió en un muro inderribable para cualquier avance académico.

Con el Colorado empezaba el juego de la T. Al medio, Díaz y Galarraga le daban siempre buen destino a la pelota. Y arriba, Pereyra y Solferino estaban bien cerquita de sepultar el resultado con una goleada.

En medio de tanto dominio, Del Olmo le tapó una pelota a Solferino, a los 12 minutos.

¿Racing? Casi nada. Muy pero muy poquito lo de la Academia. De hecho, la única jugada clara que tuvo fue a los 33 minutos tras un remate de Riaño que se fue arriba cuando el partido estaba 3-0 en contra.

Obvio, antes de eso vino el tercer regalito defensivo para que Solferino liquide la historia. Rodrigo López (pidió falta) cabeceó la pelota hacia atrás. Díaz la hizo propia, la amasó, la miró y con todo el tiempo del mundo se la cedió al ex Argentino de Quilmes. El delantero aprovechó la salida de Del Olmo y definió a un costado del arquero, a los 28. Pocos minutos después, Solferino estampó un cabezazo en el palo que podría haber puesto un resultado lapidario.

Talleres tuvo su festival en el Chateau. Lo hizo justo ante Racing, el rival más rival que tiene en este Argentino A. El 3-0 final refleja lo que sucedió en un estadio que tuvo a un solo protagonista, que aprovechó tremendos errores de la Academia y que los tradujo en goles. No hace falta hablar de merecimientos. El 3-0 lo dice todo.

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