Festival de conflictos en la Neuquén electoral

Nada ha cambiado, por lo que se ve, pero la situación es cada vez un poco peor: con epicentro en el Estado (como siempre) la puja por la distribución se incrementa en directa relación con la insatisfacción del Tesoro provincial.
En la misma medida que aumenta la virulencia retórica desde el gobierno contra la "extorsión" y el "apriete" de los gremios estatales -la referencia es fundamentalmente ATE en este caso- el mismo gobierno satisface una profesía autocumplida: la negociación y la predisposición al diálogo no hacen mella en una situación caracterizada desde hace años por la necesidad de co-gobernar el presupuesto que representa la CTA neuquina.

Este jueves, el panorama siguió tan desalentador como fue durante toda la semana. Mientras el gobierno se abroquela en su costado desarrollista, poniendo énfasis en obras e incentivos a la producción, el aparato multiestelar de reclamos al Estado de sus satélites prebendarios se mostró a pleno.

A la misma hora -el mediodía- el panorama frente a Casa de Gobierno era revelador. En una calle de la Plaza Roca -la Carlos H. Rdríguez- había un bloqueo al tránsito de combis alineadas para protestar de parte de los proveedores del Estado, que hace meses que no cobran. En la otra calle, la Roca, la columna de ATE circulaba para reclamar aumento.

El día antes, fueron los estudiantes secundarios organizados en los centros, réplicas enyasísticas de la cultura del reclamo sindical permanente, financiados incluso desde la CTA y en particular desde ATE, que tiene allí una verdadera usina de futuros dirigentes sindicales. El reclamo fue por un boleto estudiantil gratuito, un reclamo histórico que la Argentina moderna enterró en todos lados menos en Neuquén, donde parece que todavía todo es posible, si se trata de gastar plata desde los contribuyentes para subsidiar cosas que las empresas privadas cobran después igual, incluso con más ventajas que si lo hicieran por la vía normal de cobrar boleto por boleto.

En los hospitales, la situación tiende a agravarse y el "diálogo" no ha conseguido más que embarullar las cosas a tal punto que ya nadie sabe para dónde agarrar o por dónde empezar a arreglar el despiole. Hay conflictos en todos lados, si del Estado se trata. Hasta en el Registro Civil, donde ATE pretende un convenio colectivo diferenciado para tres centenares de empleados, casi una lágrima en el mar de los 48.000 empleados públicos provinciales.

En definitiva, lo que se está comprobando día a día es que no hay estilos ni cambios metodológicos que influyan en el proceso político de fondo, en la puja distributiva dentro del ombligo estatal. Y que lo único que habría que hacer -a los efectos de proteger al ciudadano común- sería cumplir y hacer cumplir lo que las leyes dicen, que para algo se han creado.

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