La felicidad ja, ja, ja ja...

Por: Osvaldo Pepe

Paradojas de esa argentinidad afín a la desmesura: parece que los habitantes de estas tierras nos sentimos entre los más felices en una medición internacional. Lo dice un estudio de la Universidad Erasmus de Rotterdam en 140 naciones sobre cuestiones ligadas con la felicidad y el bienestar. Sacamos un 7,5 sobre una escala de 10

Buena nota y sorpresa para un país que en dos generaciones, desde comienzos de los 70, no para de retroceder en todos los indicadores que consagran derechos constitucionales (salud, vivienda, educación, empleo, jubilaciones) y en donde la pobreza alcanzó definitivamente niveles de escándalo. Vale aclararlo: es hora de comparar los indicadores no ya con la hecatombe del 2001, sino con los de los tiempos anteriores a la devastación de la última dictadura. Estamos mucho peor que aquél país de 1974 en donde los ingresos de los asalariados rozaban el 50% de la riqueza nacional. Hoy, los privados lo estiman entre 30 y 35%. Y el INDEC, claro, lo imagina en 43,6%.

¿Nos estaremos encaminando hacia los destinos de Bután, enclave budista en el corazón del Himalaya, tierras blindadas al mundo, con rasgos de aislamiento medieval? Allá, el poder decidió que la Felicidad Nacional Bruta es un índice más importante que el Producto Nacional Bruto. Aspira a ser un reino de felicidad, como si tuviera su propio INDEC. Por acá estamos empobrecidos y degradados, pero según estadísticas oficiales con "sensación de felicidad". O con ella limitada a familia y amigos, según la encuesta hoy analizada.

Eso sí: con fútbol en continuado, que pagan aún quienes no quieran verlo: curioso sentido de la equidad, usado con ropaje democratizador, para ocultar el rescate casi obsceno a las desquiciadas economías de los clubes con plata del Estado.

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