Federico Faggionato Márquez, un juez en la campaña

Federico Faggionato Márquez, un juez en la campaña
El magistrado que acumula el récord de 36 pedidos de juicio político cobró notoriedad al tomar decisiones polémicas en causas de alto impacto mediático. La última, cuando días atrás, en el marco de la investigación por la efedrina, citó a declarar a De Narváez
El juez recorre con su dedo índice el lomo del los libros desordenados en su biblioteca hasta que encuentra el que buscaba. Lo abre en la página marcada y, con tono grandilocuente, lee: "Para sobrevivir a la tormenta la forma es no entrar en ella". Viniendo de Federico Efraín Faggionato Márquez, titular del juzgado federal de Zárate-Campana, parece una broma.

En el último año, este magistrado de 43 años, aviador en sus ratos libres, tomó decisiones de alto impacto en causas de lo más mediáticas y no guardó para nada un bajo perfil: arrestó a un ruralista por la quema de pastizales en el Tigre en plena pelea entre el Gobierno y el campo, montó un operativo al estilo Hollywood en busca de un multimillonario mexicano, detuvo al padre de uno de los galanes más famosos de la televisión y complicó más que a nadie a Francisco De Narváez, instalado ya como un referente de la oposición. "No se va a despegar así nomás", dijo. Lo extraño es que De Narváez no era acusado sino testigo. Se refería a la megacausa que investiga la ruta de la efedrina.

Esta declaración resultó una buena carta para ganarse la simpatía de los miembros kirchneristas del Consejo de la Magistratura, cuerpo donde Faggionato ya hizo historia. Con 36 pedidos de juicio político tiene el récord: ningún otro juez había reunido jamás tantas denuncias.

Las acusaciones son de lo más variadas. Desde integrar una supuesta asociación ilícita con policías de la bonaerense hasta haberse quedado con la cosecha de soja de un campo del Consejo del Menor y la Familia, haber dejado morir en prisión a un detenido que debía liberar y haberse investigado a sí mismo en un expediente.

El 30 de abril presentó su defensa ante el Consejo de la Magistratura, donde el kirchnerismo tiene un enorme poder.

A las pocas horas de aquella audiencia, se supo que el juzgado de Zárate-Campana había citado a declarar a De Narváez por llamadas hechas desde un teléfono que estaba a su nombre y que tenían como destinatario a Mario Segovia, acusado de ser "el rey de la efedrina".

La situación tomaba cada vez mayor voltaje político. Y esta semana alcanzó niveles insospechados: Segovia dijo que el juez lo había presionado para que comprometiera a De Narváez y el propio ministro de Justicia, Aníbal Fernández, tomó partido. Dijo que era "estúpido" creer algo así. "Es la típica estrategia del narcotraficante: acusar al juez para que deje la causa", se defendió Faggionato.

Mientras tanto, el bloque kirchnerista del Consejo busca mostrarse aséptico. "Para nosotros él es uno más -dijo a LA NACION Diana Conti-. Nos enteramos de que había citado a De Narváez por los medios, ¿si goza por eso del favor del oficialismo? Para nada."

Los detractores de Faggionato, que no son pocos en la Justicia, lo acusaron también de haber vendido sentencias en los tiempos del corralito, de demorar los expedientes y de haberse enriquecido ilícitamente. Nada fue probado en los tribunales.

Su respuesta es siempre idéntica: "Son todas represalias por la lucha que este juzgado libra contra el narcotráfico". Cuentan en el Consejo de la Magistratura que lo mismo dicen quienes abogan por él. "Yo no vengo a defender a la Madre Teresa de Calcuta... ni cerca. Será lo que sea, pero es un cruzado contra la droga".

No será la Madre Teresa, pero estuvo cerca de ser sacerdote. Cuando tenía 18 años decidió entrar en el seminario. "Mi padre estaba preocupado. Finalmente me di cuenta de que no tenía la vocación", dice Faggionato, con dos matrimonios en su haber.

Hoy no es siquiera practicante, pero cuenta que en aquella época tenía una fuerte militancia católica (militancia política no tuvo jamás). Estaba terminando el secundario en el Colegio Nuestra Señora de Guadalupe, del barrio de Palermo, y dedicaba horas a componer canciones de misa. "El gordo", como lo llamaban sus amigos, tocaba además la guitarra eléctrica en Sanguíneo, una banda que tenía con sus compañeros de colegio.

Contactos políticos

Faggionato nunca fue un estudiante destacado. En la Facultad de Derecho de la UBA reprobó ocho finales y sólo encaminó su carrera al final, cuando ya trabajaba en la Cámara de Diputados, donde lo llevó su padre, que era empleado de seguridad.

Su primer cargo fue de cadete en la oficina de pasajes, dependencia de la que llegó a ser jefe. Cuando dejó el Congreso, en 2001, ya era el apoderado de la Cámara (cuenta que lo promovió el secretario administrativo de Diputados, Alberto Balestrini, hoy vicegobernador bonaerense). Entonces, Faggionato tenía, en paralelo, un estudio jurídico especializado en derecho penal y ya daba clases en varias facultades.

Fueron sus contactos en el Congreso los que le permitieron dar el salto. El era un extraño para la familia judicial cuando, en 2001, Fernando de la Rúa firmó el decreto que lo nombró juez federal.

Cuentan en Tribunales que su padrino fue Darío Richarte, ex número dos de la SIDE. Faggionato lo desmiente. "Me conocía mucha gente y muchos me apoyaron para que me nombraran juez, tanto del radicalismo como del peronismo", dijo.

El juzgado que recibió le daría un enorme poder: tiene competencia sobre el puerto y la aduana. Investiga todo lo referente al narcotráfico y los delitos ambientales. "Está en la puerta del Mercosur. Y eso significa que por ahí pasan causas con muchísimo dinero en juego", dijo, esbozando media sonrisa, un camarista penal porteño.

El edificio del juzgado es de tal austeridad que cuesta creer que adentro se acumulen causas millonarias. Es una vieja casa de campo, con baldosas coloradas y un aljibe en el centro. Para agrandarlo, Faggionato dispuso techar el patio interior con chapas. Queda en Campana, en 25 de Mayo 483, justo donde la calle se hace de tierra.

En total, tiene 21.000 causas en trámite. Además de casos de narcotráfico y de delitos medioambientales, hay expedientes por secuestros extorsivos y falsificación de marcas; cientos de causas de derechos humanos y miles de juicios ejecutivos.

"Y todo con 28 empleados", protesta Faggionato cuando le recriminan atrasos. El juez le pidió a la Corte la creación de 55 cargos más, que por ahora no le concedieron.

En el despecho de Faggionato los expedientes se apilan en delicado equilibrio. Conviven con un montón de objetos. Hay cruces, decenas de libros, una gran bandera argentina, fotos con su familia (tiene tres hijos; dos varones del primer matrimonio y una mujer del segundo), una reproducción de Diego Rivera y una pequeña fuente de la que brota agua todo el tiempo, apoyada sobre una columna estilo griego.

Carismático, inteligente y seguro de sí mismo, Faggionato hace gala de su erudicción. En sus conversaciones intercala citas de Roberto Fontanarrosa y Albert Einstein, y recita letras de canciones que traduce del inglés (ese es uno de sus pasatiempos favoritos). Quienes no lo quieren dicen que es insoportablemente soberbio. "Lo cierto es que soy arisco, poco social y muy analítico", responde él.

Uno de sus motivos de orgullo es haber sido el primer abogado que sin haber trabajado jamás en la Justicia fue designado juez luego de un concurso del Consejo de la Magistratura, el mismo organismo que hoy lo tiene en la mira.

La mayor parte de las denuncias las presentaron sus superiores de la Cámara de San Martín y los fiscales Pablo Quiroga y Orlando Bosca. Están divididas en tres grandes expedientes. El primero investiga el episodio de la soja. Faggionato tenía bajo administración judicial un terreno que pertenecía al Consejo Nacional del Menor y la Familia, y había sido usurpado. Según la denuncia, ordenó levantar la cosecha y se quedó con parte de lo producido.

El juez ordenó que se ocuparan de la cosecha dos comisarios, Roberto Anauatti y Fabio Bloise, que terminaron exonerados de la Policía. Faggionato, Anauatti y Bloise están acusados, además, de asociación ilícita. En el marco del caso de la soja se le endilga, además, haberse autoinvestigado. En ese mismo megaexpediente, está acusado de no haber cumplido la orden de liberar al detenido que finalmente murió y de haber visitado a un imputado en la cárcel, haberle dicho que él no quería que estuviera preso y haberle entregado su tarjeta personal.

El segundo de los procesos contra Faggionato es por las demoras en el trámite de las causas. Casi todas las denuncias son del fiscal Quiroga, de la Cámara de San Martín, quien no respondió a los llamados de LA NACION para hablar sobre el tema.

El tercero comenzó con una denuncia de los consejeros Ernesto Sanz (UCR) y Carlos Kunkel (FPV), que recogieron una noticia periodística. El 17 de noviembre, la Policía Federal realizó un allanamiento por orden de la justicia de Tres de Febrero en San Miguel. Cuando llegó al galpón, donde había 750 kilos de cocaína, encontró a efectivos de la bonaerense junto a dos presuntos narcotraficantes mexicanos que terminaron detenidos.

De acuerdo con la investigación, los policías sorprendidos dijeron que estaban haciendo un procedimiento para Faggionato, en busca de efedrina. La orden de allanamiento sólo apareció después, cuando la mandó por fax un funcionario del juzgado de Zárate-Campana, explicaron en el Consejo.

Los dos primeros expedientes los tramita el radical Ernesto Sanz, principal impulsor de la destitución de Faggionato; el tercero, el representante de los jueces Luis María Cabral. No obstante, cuando llegue el momento de decidir, la suerte de Faggionato dependerá del kirchnerismo. Desde la reforma del Consejo de la Magistratura, ningún juez puede ser sometido a juicio político sin el voto de al menos uno de los cinco consejeros oficialistas.

Paz Rodríguez Niell

LA NACION

© LA NACION

Quién es

Nombre y apellido:

Federico efrain faggionato marquez

Edad:

43

Clave personal:

Se crió en el barrio de Palermo y cursó sus estudios en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe. Está casado con su segunda esposa y tiene tres hijos. Vive en el country Los cardales y es piloto aficionado.

Ruta profesional:

Estudió Derecho en la UBA y llegó al Congreso a través de su padre, que era empleado de seguridad. De la Rúa lo hizo juez federal en 2001 y desde entonces acumuló 36 pedidos de juicio político en el Consejo de la Magistratura.

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