Federer estuvo muy cerca de seguir el sendero de Nadal

El suizo le ganó a Haas después de estar dos sets abajo; continúan las repercusiones por la eliminación del N° 1
"Le tomó dos sets a Federer comprender que Nadal había perdido." El hombre lo decía con una sonrisa canchera, pegado a uno de los ventanales de la cancha central. Apenas un rato antes se había disipado una sensación parecida a la de un día atrás. Roger Federer pisó sin querer las huellas de Rafael Nadal y se acercó a la misma cornisa. Lo empujó el alemán Tommy Haas, que por un buen rato instaló la idea de un contagio inminente, de otra sorpresa enorme en un certamen en el que los candidatos parecen transitar sobre arenas movedizas. A diferencia de su ilustre enemigo, el suizo reencauzó su historia cuando parecía tarde. Quedará en el misterio por qué pasó de las penurias a un dominio tan aplastante: 6-7 (4-7) y 5-7 los dos primeros capítulos; 6-4, 6-0 y 6-2 los restantes para el ex número 1 del mundo, que se mantiene en la ruta en busca de la Copa de los Mosqueteros.

No hubo manera de no vincular el martirio que atravesó ayer Federer con el de Nadal, salvo por un elemento significativo: con el suizo, el Philippe Chatrier tuvo todas las formas de devoción que le negó al español. Roger pudo haberse sentido francés, perfectamente. Una obviedad, el síndrome Nadal lo siguió acompañando, porque era natural preguntarle por su contrafigura. Federer tuvo todo un día para preparar una respuesta. Eligió ablandarla con tono de broma: "¡Epa?! No se retiró todavía, ¿no?", seguida con una mirada condescendiente: "Rafa va a regresar, y con fuerza. Estoy convencido de eso. Es cierto que fue un gran golpe el que recibió, pero mi foco, para ser honesto, no estaba puesto ahí. Esto demuestra lo duro que es estar ahí arriba. Todos somos humanos. La prensa exagera cuando nos define como invencibles".

No le será sencillo mantener el favor del público, porque su próximo adversario será la última esperanza local, Gael Monfils, que se sacó de encima a Andy Roddick en sets corridos.

Con la tierra todavía temblando, no solamente en boca de Federer estuvo Nadal ayer. Tal vez disparada por una incredulidad aún latente, no faltó una versión periodística que habló de una supuesta exhibición del número 1 del mundo, antes de Roland Garros, en Uzbekistán, con los hijos del presidente de ese país. Su tío Toni lo desmintió de plano: "Para nada hubo tal partido. Sólo estuvimos en Ginebra para almorzar con gente interesada en abrir una academia. Rafa no jugó ningún partido", le dijo a la agencia DPA. Y de paso, renovó sus críticas hacia el público parisiense.

De su sobrino siguió ocupándose todo el mundo, y también las voces argentinas. "No tenía fuerza. Con el revés no podía hacer nada. Estaba desconocido. Fue increíble, rarísimo", conjeturó Guillermo Vilas. "Para mí el torneo de Madrid lo complicó; hizo un esfuerzo muy grande por ganarlo y nunca se sintió bien, y no llegó acá como otras veces", arriesgó Franco Davin. Cuesta aceptarlo, pero Nadal ya va siendo un recuerdo en este Roland Garros. Incluso para Federer, ahora que se libró por muy poco de caer en su misma desgracia.

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