Federalismo: La odisea inconclusa

Hace un año, en este mismo espacio, se planteó la posibilidad de que en 2009 la Argentina asistiera a una "Odisea federal". Un movimiento que empezara a corregir el desequilibrio entre un Gobierno central concentrador de recursos y espacios de decisión arrebatados a las provincias y al Congreso, y que detuviera el deterioro institucional de éstos últimos.
Por entonces, la Justicia se mostraba renuente a dirimir conflictos –básicamente, en torno del reparto interjurisdiccional de recursos y competencias- que en los países "normales" se resuelven a través del proceso político.

Los antecedentes inmediatos no abonaban la esperanza. En la segunda mitad de 2008, tras la derrota en el conflicto con el campo, el Gobierno nacional no sólo había logrado hacer pasar por el Congreso medidas "nacionales y populares", como las reestatizaciones de Aerolíneas Argentinas y del sistema previsional.

Superpoderes

También había prorrogado los "superpoderes", la emergencia económica, el impuesto al cheque (con su leonina distribución, que deja en manos de la Nación el 85 por ciento de la recaudación) y la emergencia económica.

Peor aún, tras la reestatización jubilatoria, a las provincias no sólo no se les devolvió el dinero que habían aportado durante 14 años en concepto de "solidaridad previsional", sino que siguieron resignando recursos fiscales para financiar una "transición" que perdió validez, incluso retrospectiva. El Congreso hasta soportó el veto presidencial a la ley de Glaciares, que había sido aprobada por unanimidad en Diputados y con sólo tres votos en contra en el Senado.

En 2009, lejos de corregirse, todos esos desequilibrios se acentuaron. Este año, por caso, las provincias recibirán apenas 25 por ciento de los recursos fiscales totales de recaudación nacional contra 34 por ciento que recibieron en 1998.

Institucionalidad

La "odisea federal" se frustró a nivel institucional, pero el 28 de junio, en unas elecciones que el gobierno nacional adelantó cuatro meses respecto del calendario original, en las que introdujo las "candidaturas testimoniales" para mejorar las chances de Néstor Kirchner y concibió como un "plebiscito" de la gestión de la presidenta Cristina Fernández, la ciudadanía rechazó masivamente la prepotencia oficial.

Tras ciertas vacilación inicial, con amago de desbande, el Gobierno convocó a un "diálogo" inexistente y usó su mayoría legislativa residual para prorrogar hasta 2011 el dispositivo concentrador (superpoderes, emergencia económica, facultades legislativas delegadas y reparto de impuestos excepcionales), aprobar una ley de Medios para imponer su "relato" e instaurar una reforma política a medida.

Disposición

Sin embargo, por más instrumentos de que disponga, es dudoso que la empresa kirchnerista tenga éxito. No sólo por el disfavor de la ciudadanía dado las más objetivas encuestas, Cristina Fernández es la mandataria más impopular de América Latina, y Néstor Kirchner el político argentino con más alta imagen negativa, sino también por la traducción institucional de ese hartazgo.

La sesión preparatoria de la Cámara de Diputados, en la que un heterogéneo abanico opositor pudo imponerle condiciones al oficialismo, y decisiones del Poder Judicial, como los fallos contrarios a la aplicación de la ley de Medios y otros en materia sindical, más la reciente reunión de tres miembros de la Corte Suprema de Justicia con una maciza delegación de Senadores que reclamaron ser escuchados cuando el máximo Tribunal decida sobre el reparto de recursos federales, son señales en ese sentido. La "odisea federal", aunque lenta, aún tiene chances.

A ras del piso

Mientras tanto, los argentinos atravesamos el día a día. Al respecto, la presidenta repitió varias veces, en la última semana, que nos espera un 2010 de crecimiento y que "lo peor de la crisis ya pasó".

La cuestión, sin embargo, es si una leve mejoría alcanzará para revertir un deterioro económico-social que ya lleva, meses más o menos, unos tres años. Los dos arietes han sido la inflación y el debilitamiento –primero- y la reversión –después- de la creación de empleo. La respuesta oficial ha sido la negación de lo primero, en la forma de la manipulación de los índices de precios, y el reconocimiento retorcido de lo segundo, a través de la multiplicación y el uso clientelar de los "planes sociales".

Así, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), desde fines de 2006 la canasta básica total (CBT, que define la llamada "línea de pobreza) aumentó apenas 13 por ciento, contra el 72 a 84 por ciento que surge de cálculos más realistas. Y entre el último trimestre de 2008 y mediados de 2009, el nivel empleo, que se había frenado ya a mediados de 2007, decayó en aproximadamente 300.000 puestos de trabajo.

Aunque la pérdida de empleos es más dramática, la persistencia de la inflación es el factor que resta más margen para aprovechar el retorno del viento a favor. Como precisa el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, la Argentina tiene, aún en recesión, una inflación tres veces y media más alta que la de sus pares del mundo en desarrollo y siete veces superior a la de los países desarrollados. Y como el problema ni comparece en el discurso oficial, cabe esperar un agravamiento.

Enriquecimiento

Este lunes, en tanto, se sabrá si el fiscal Eduardo Taiano apela el sobreseimiento dispuesto por el juez federal Norberto Oyarbide en la causa sobre presunto enriquecimiento ilícito de los Kirchner.De mantenerse firme el sobreseimiento, el matrimonio presidencial se habrá sacado un peso de encima. Su fenomenal enriquecimiento de los últimos años se basó en rendimientos financieros y rentas hoteleras concedidos por banqueros y empresarios amigos y compra-venta de propiedades al calor de los privilegios de poder. Como ya se dijo aquí, tal vez los Kirchner no hayan hecho nada (que se pueda probar) ilegal, pero es una certeza que no hicieron la plata trabajando.Cuando se trata de gente que, como los Kirchner, no conciben la vida fuera del poder, la opinión pública y la consecuente opción ciudadana puede ser más eficaz que la veloz y sospechosa decisión de un juez.

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