Un favor siempre se paga con otro favor

Un favor siempre se paga con otro favor
La Unión Tranviarios Automotor capacitará a los choferes de colectivos y micros, a cambio de reconocer a los delegados de base de los subterráneos. Un acuerdo al más puro estilo Moyano.
La tregua por un año en el conflicto del subte le costó al Gobierno más que una agotadora negociación con los sindicalistas. A cambio de aceptar un reconocimiento para los delegados de base del servicio, la Unión Tranviarios Automotor (UTA) quedará a cargo del negocio de la capacitación de los choferes de colectivos y micros de larga distancia. De este modo, el sindicato que lidera Roberto Fernández quedará a la par de otros gremios poderosos, como el de camioneros, que encabeza el líder de la CGT Hugo Moyano, que lograron concentrar para sí el otorgamiento de licencias profesionales para los conductores.

La concesión fue gestionada por el ministro de Planificación, Julio de Vido, a través de las áreas de transporte a su cargo. Y se tradujo en un principio de acuerdo firmado días atrás entre los dirigentes de la UTA y los jefes de las cámaras empresariales del transporte. Los términos del entendimiento fueron confirmados a Crítica de la Argentina por fuentes oficiales y del sector patronal.

La facultad de otorgar las licencias fue el mecanismo que encontró el Poder Ejecutivo para conjurar una amenaza concreta de la UTA. El gremio le había advertido al Gobierno que paralizaría todos los servicios de transporte de pasajeros –y promovería medidas de fuerza de la CGT– si se les otorgaba a los representantes de base del subte, que no reconocen el liderazgo del gremio, la inscripción de un nuevo sindicato para la actividad.

El jefe de una de las cámaras empresariales del transporte de pasajeros explicó que el financiamiento de las nuevas escuelas de conductores se obtendrá de un porcentaje de los pasajes vendidos por las compañías del sector.

En el caso del sindicato de camioneros, la entrega de la licencia nacional habilitante (LNH) y el manejo de los exámenes psicofísicos de los choferes se convirtieron en dos de las principales fuentes de ingresos de la organización. Un sistema similar rige para los conductores de trenes afiliados al sindicato La Fraternidad.

La negociación con la UTA corrió en paralelo con la realizada por el Ministerio de Trabajo con los delegados del subterráneo. Mientras la cartera laboral acordaba un mecanismo de tutela sindical y facultades para negociar a favor de los representantes de base, el secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, operaba para evitar la reacción de la UTA. Con el mandato de De Vido, interlocutor central del Gobierno con los sindicatos, Schiavi y el interventor de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), Eduardo Sícaro, convencieron a Roberto Fernández de abandonar las protestas a cambio del nuevo negocio.

Fuentes oficiales explicaron que el Estado, hasta ahora al comando de las escuelas de capacitación que funcionan en zonas como la de Retiro, le cederá al gremio la potestad de abrir nuevos centros para brindar los cursos y extender las licencias. Un funcionario admitió que la concesión también respondió a una demanda de los empresarios del transporte para facilitar el ingreso a las compañías de nuevos conductores.

"Las escuelas que funcionan no dan abasto para cubrir la demanda de choferes de las empresas. Hoy los cursos tienen una demora de hasta dos años", agregó. El principio de acuerdo contempla en una primera etapa que las escuelas organizadas por la UTA brindarán cursos de capacitación para los choferes de las empresas de larga distancia, y que luego harán lo propio para las del servicio urbano de colectivos. En el sector calcularon que a partir de marzo el sindicato podrá dar los cursos para más de 120.000 choferes en todo el país y para los aspirantes a conductores.

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