Hay "fastidio" con Moyano, dicen ahora en el Gobierno

Los Kirchner siguieron desde el sur el bloqueo a las plantas de los diarios. Y ordenaron a Tomada que destrabara el conflicto con los distribuidores. Ningún funcionario habló públicamente del episodio.
Los Kirchner no estaban en Buenos Aires en el momento en que los camioneros de Hugo Moyano bloquearon las plantas de impresión de Clarín y La Nación. Estaban en El Calafate. Viajaron el jueves por la noche. Desde su residencia patagónica, Los Sauces, con el escenario de fondo de un cuidado jardín donde en esta época empiezan a florecer las rosas mosquetas, controlaron los movimientos de los sindicalistas que frenaron durante más de dos horas la salida de los diarios. La profundización del conflicto, y su inevitable rebote mediático, les terminaron generando "fastidio" al matrimonio presidencial, aseguraron fuentes oficiales.

Fue por eso que instruyeron al ministro de Trabajo, Carlos Tomada, a que dictara la conciliación obligatoria entre las partes involucradas en esta puja. La decisión es leída por el Gobierno como un mensaje inequívoco a los Moyano –Hugo y su hijo Pablo, el brazo ejecutor de la operación de bloqueo–, ya que a partir de ahora se ven obligados a evitar al menos por quince días el corte de la distribución de los medios gráficos. El clima de "fastidio" generado por los métodos extremos utilizados por los jefes de Camioneros tiene también su correlato dentro de la CGT (Ver Los gordos...).

Con los Kirchner en El Calafate, buena parte del Gabinete se encargó de seguir el tema desde la Casa Rosada. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, habló varias veces con la Presidenta, lo mismo que el ministro del Interior, Florencio Randazzo, y el de Trabajo, Tomada. Aunque el matrimonio presidencial estaba en la Patagonia, lo que suele relajar los horarios laborales del resto de los funcionarios, muchos de ellos se vieron obligados a quedarse hasta después la medianoche en la Casa de Gobierno intentando destrabar el conflicto. Randazzo, por ejemplo, dejó su oficina pasada la una de la madrugada. Ayer por la tarde, Tomada, que pasó una semana difícil debido no solo a las aventuras de los Moyano sino también a las pujas gremiales en el subte, se recluyó en una quinta en busca de descanso.

Los Kirchner mantuvieron una posición ambigua respecto al bloqueo de la distribución de los diarios. A pesar de que el Gobierno dictó la conciliación obligatoria, hasta el cierre de esta edición ningún funcionario había expresado su opinión pública sobre los hechos. Tampoco se dieron explicaciones sobre por qué la custodia policial dispuesta en la planta de impresión de Clarín en la calle Zepita al 3200 no actuó. Su presencia había sido dispuesta por el jefe de Gabinete "en prevención de eventuales bloqueos".

Ayer, la presidenta Cristina retomó el contacto con sus funcionarios. A los problemas políticos ocasionados por los Moyano, sumó una nueva preocupación: la escalada de protestas sociales que provocará nuevas huelgas y movilizaciones esta semana.

La Presidenta mandó a uno de sus principales voceros, Randazzo, a contestar los dichos del titular de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), Carlos Alderete, quien había alertado sobre la posibilidad de encabezar tomas de edificios públicos. "Hay sectores que quieren desestabilizar al Gobierno, y crear un clima de violencia", replicó el funcionario en declaraciones radiales. Por la tarde, la Policía Federal denunció penalmente a Alderete.

En sus apariciones mediáticas, Randazzo no dijo nada sobre el bloqueo a los diarios. Igual que el resto del Gabinete.

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