Farizano, el agua y el verano del descontento

El país se puso a hervir en los primeros 10 días del año. Una crisis institucional muy fuerte, que no obstante en Neuquén pretendió disimularse, en medio de una atonía llamativa. En este contexto, vuelve el intendente capitalino y marcará diferencias que pueden influir mucho en la realidad provincial.
Cuando todos parecen decididos a empujar al intendente capitalino, Martín Farizano, a definir con claridad si está con Horacio Quiroga y el resto de la UCR en el camino de la oposición a los K de adentro y de afuera, la sensación que se percibe entre sus colaboradores más allegados es la de que el jefe comunal por ahora lo único que hará será reforzar su perfil hacedor.

Se comenta que Farizano insuflará a su gestión una avalancha de vitalidad que tal vez se note ahora con más fuerza, en medio de una virtual desaparición de la acción política desde el Estado, que ha transformado a Neuquén nuevamente en una isla de la fantasía llena de defectos en un concierto nacional tan agitado como el de los tifones del Pacífico tropical.

Hacía muchos años que no se percibía en Neuquén tal desapego por la coyuntura, explicable solamente por las "vacaciones" de enero. En medio de una crisis institucional descomunal, con los K en llamas, y toda su corte activa trabajando contra la "conspiración" liderada involuntariamente por Martín Redrado, en la provincia se asiste a una calma chicha, que sería propiamente tal si no fuera porque los problemas arrecian y se repiten.

Allí está por ejemplo el de la falta de agua potable en la capital neuquina, con un fatalismo agobiante, sin que nadie pueda responder el por qué de semejante situación cuando la solución está al alcance de la mano, con el canal del lago Mari Menuco terminado y pronto a entrar en funcionamiento pleno.

El problema del agua, unido al de la contaminación, está servido en bandeja de plata para el oficialismo municipal. Es un tema que une filas que tendían a separarse. Farizano parece haber comprendido que el problema es para él una solución, al menos enfocado desde la política: sólo falta hacer, trabajar, mostrar disposición, y de paso, enarbolar consignas de campañas pasadas, como la del marco regulatorio municipal, que pretendía poner en caja al Ente Provincial de Agua y Saneamiento, único prestador del servicio de agua y cloacas en la capital neuquina, no porque el pueblo lo haya decidido, sino porque simplemente nunca hubo ni se permitió otra opción.

Este parece ser el camino para el año que emprenderá este lunes, después de sus vacaciones, el intendente capitalino. Más acción de gobierno, y cada vez que se hable de candidaturas, alianzas, o cualquier otro retruécano de la política, reiterar alguna de sus frases favoritas como "estoy cansado de que se hable siempre de lo mismo y no se solucionen los problemas".

El rasgo coyuntural y estival de este Neuquén atribulado no puede despreciarse ni enfocarse únicamente desde lo excepcional de unas vacaciones, porque estas no han sido ni serán unas vacaciones cualquiera. Los primeros 10 días de enero pusieron en vilo al país. Pero en Neuquén hubo ausencia, una inexpresividad llamativa, como si para la provincia fuera nada que se discuta el rol de las instituciones mezclado con la utilización o no –indiscriminada y arbitraria, como estamos acostumbrados- de 6.500 millones de dólares de reservas con el equívoco nombre de "Fondo del Bicentenario".

Los 200 años de la Revolución de Mayo son, a esta altura de las circunstancias, una paparruchada: el país solamente ganaría si se festejaran desde la austeridad y el trabajo, no desde pomposas fiestas revestidas de elogios ególatras hacia la mejor administración de la República de toda la historia, como tantas veces ha dicho la propia presidenta Cristina Fernández.

Mucho menos si para festejarlos se decide integrar por decreto de necesidad y urgencia un fondo, que es del bicentenario pero para asegurar "el pago de deuda" de un gobierno que ha hecho gala del des-endeudamiento. Todo esto, con un coro complaciente de gobiernos provinciales que –como el neuquino- van camino del crecimiento de sus propias deudas, para tapar déficit asimismo crecientes, mientras no se avanza un ápice en obras y acciones imprescindibles.

La política argentina es cruel, pero también elemental. Por eso, se han escuchado políticos como Rodríguez Saa, o como el ambicioso Mario Das Neves, cargar desde las provincias contra el matrimonio K. No son voces convincentes porque hablan desde la interna del peronismo y sus objetivos son claramente subordinados a la necesidad de enterrar a Néstor Kirchner bajo toneladas de excremento.

Muchos políticos de partidos de la oposición, lógicamente, se han expresado. En defensa del Banco Central, de las "instituciones", y contra el descarado método de gobierno de los K, que –como dice claramente por ejemplo Florencio Randazzo- se limita a utilizar un mecanismo "avalado por la Constitución" como son los Decretos de Necesidad y Urgencia.

Pero es absolutamente decepcionante esta doble cara de la realidad nacional: los que hablan son los que no tienen dependencia de los fondos "arbitrarios" que distribuye el matrimonio. El resto, hace un piadoso silencio. En un verano cargado de dinamita, se enarbolan cañitas voladoras como herramientas opositoras, una frágil pirotecnia que elude hablar de las cuestiones de fondo: Argentina sin federalismo, sin coparticipación, sin precios del gas, sin obras públicas que no pasen por el dedo de Julio de Vido, sin policía que no haga lo que dice Aníbal Fernández, una Argentina que se permite amenazar desde la propia residencia de Olivos a la jueza Sarmiento con un juicio político por haber admitido recursos judiciales y negarse a recibir apelaciones en su domicilio.

Volvemos a Farizano: por ahora, es el que más inteligentemente está dispuesto a utilizar esta coyuntura. El hombre quiere hacer y pegar al mismo tiempo en la matadura de la ineficiencia provincial para resolver –o por lo menos aparentar resolver- nada menos que el crónico desabastecimiento de agua en la ciudad más importante de la Patagonia, que casualmente es Neuquén.

No es un detalle ni un dato menor esta realidad. El EPAS es poco creíble, y el gobierno provincial hace poco para levantar su autoestima: oscila entre entregarlo del todo al sindicato ATE, o en encarrilarlo desde lo empresarial acertando con alguna estrategia u hombre adecuado.

El gobierno provincial pierde en esta situación, aunque finalmente puede mostrar que se inaugura el acueducto y el agua comienza a fluir –por fin- en cantidad suficiente. Pierde por la demora, porque se ha machacado tanto sobre el tema que se le ha quitado importancia a lo que realmente es muy importante, la obra más importante, en realidad, de los últimos años.

Farizano tiene sólidos argumentos. Por un lado, las leyes le darían la razón si embate sobre la autonomía municipal de manejar por concesión o directamente los servicios públicos que la población necesita. Por el otro, es indudable que puede influir sobre el EPAS más que el propio gobierno, utilizando la conexión semiclandestina que tiene con ATE a través de sus funcionarios del ala UNE.

En el verano donde todos se fueron de vacaciones, hay uno que vuelve con ganas de marcar la diferencia. Es Farizano.

Habrá que ver si el gobierno provincial despierta de su letargo, y se da cuenta de que este enero no es cualquier enero, sino un mes que le puede costar todo el año.

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