Un fantasma llamado George W. Bush

Un fantasma llamado George W. Bush
La vida después de la Casa Blanca no es tan glamorosa como algunos imaginan. Joggins, cajas de mudanza, cenas con amigos, días enteros de encierro en el rancho de Crawford, Texas, junto a su esposa Laura y un libro sin vender.
Qué rápido se desvanecen. El pobre George W. Bush decidió que ir sin anunciarse a una ferretería en Dallas durante el fin de semana sería una forma divertida de aparecer después de un mes de reclusión pospresidencial y causar un revuelo entre sus nuevos vecinos. Pero quién lo recibió adentro del negocio, un jubilado llamado Henry Long, no lo reconoció.

Pudiera ser que Bush parezca más bajo en la vida real de lo que parece en TV. Eso, por lo menos, fue la observación que hizo ayer Andrea Bond, la directora de marketing de Elliott’s Hardware, que estaba presente en el momento en que el 43º presidente de Estados Unidos abrió la puerta el sábado y le preguntó a Long dónde podría encontrar una linterna y baterías. Probablemente no ayudó que Bush estuviera vestido con un jogging y un rompeviento, dice Bond.

Nadie va a culpar a Bush por haber mantenido un bajo perfil –especialmente en su rancho en Crawford con su mujer Laura; es sólo buena educación, ya que otra persona está a cargo–. Pero lo anodino del jogging no es algo que se pueda dar el lujo de contemplar. Hay memorias que vender – sin suerte por ahora– y conferencias que dar y ya tiene el serio handicap de haber dejado las funciones con los niveles de aprobación más bajos que cualquier otro presidente en la historia moderna.

La aparición de “W” comenzó con los camiones de mudanza llegando el viernes al nuevo hogar de dos pisos de los Bush en el elegante barrio de Preston Hollow, al noroeste de Dallas. La casa, un “rancho” de ladrillos de cuatro dormitorios de 1959 al final de un cul-de-sac- llamado Daria Place, pronto será cerrado con portones de seguridad que los Bush han aceptado pagar. Una cabina de control de la policía es un lugar para desalentar a los mirones.

Unos pocos carteles “Bienvenidos, George y Laura” surgieron en los jardines locales. El área queda cerca de donde Bush vivía antes de ser gobernador de Texas en 1994 y queda a mano del Centro Preston, donde tendrá una oficina temporaria para planear y financiar su biblioteca presidencial.

El retiro es duro, especialmente si el trabajo ha sido desgastante como manejar una superpotencia. “Por experiencia personal, le tomará un tiempo aclimatarse”, dijo James Oberwetter, un texano y amigo de la familia que fue embajador en Arabia Saudita. Don Evans, el secretario de Comercio de Bush, dice que los Bush están haciendo un buen comienzo. “Se están adaptando rápidamente a su nueva vida, a no estar en la Casa Blanca y fuera de la burbuja proverbial”, dijo. La mudanza del fin de semana fue bien. Hubo una comida el sábado a la noche en la casa de Preston Hollow del millonario Harold Simmons y su mujer Annette, con número vivo del pianista Adrian King, quien es un favorito entre los copetudos de Dallas. King es británico, originalmente de Peterborough, pero se dice que dio una buena interpretación de “Salve el Jefe”.

Y puede ser que apareciendo así como un “George común” en Elliott’s fue parte de una movida. Bond insiste en que su personal no había sido advertido de su visita. “Escuché a mi jefe decir algo sobre los servicios secretos afuera y pensé que era una broma. Luego George Bush entraba por la puerta con una gran sonrisa en su rostro. Entró y dijo que estaba buscando trabajo y se rió.”

Esta no era un broma espontánea, sin embargo. Hacía unas pocas semanas los propietarios de Elliott’s publicaron una carta abierta al ex presidente ofreciéndole un empleo –en realidad el de Long, como recepcionista– en el periódico de Dallas como una forma graciosa de promoverse. Alguien entre el personal de Bush lo debe haber detectado. “Estamos confiados en que su experiencia trabajando en su propio negocio de familia, así como las habilidades desarrolladas a través de los años para reunirse con dignatarios extranjeros, harán de usted un excelente candidato para el puesto”, decía el aviso firmado por Kyle Walters, el presidente y jefe ejecutivo de Elliot’s Hardware.

“Además, igual que usted, muchos de nuestros recepcionistas son jubilados del mundo corporativo, de manera que estamos seguros de que usted no tendrá ningún problema para hacerse de nuevos amigos.” Como otros ex presidentes, en especial Bill Clinton, han demostrado, no sería necesario tomar un trabajo de recepcionista. En general, los ex líderes del mundo ganan muchos más dinero que el sueldo de 280.000 dólares que recibían anualmente mientras eran presidentes. Asegurarse que le va tan bien como a su predecesor es ahora la primera prioridad de Bush.

“Los anteriores presidentes han descubierto que dejar las funciones es a menudo una mina de oro”, dije Stephen Hess, un compañero de Brookings Institution. Tampoco puede ignorar el desafío de lanzar su biblioteca presidencial. Según los últimos planos, será construida en los terrenos de la Universidad Metodista del Sur en Dallas y tendrá el doble del tamaño de la de su padre e incluirá un centro de política que ya tiene informalmente el nombre de Freedom Institute (Instituto de la Libertad). El reunir un estimado de 300 millones de dólares quedará en manos casi exclusivamente de Bush trabajando por teléfono.

Comentá la nota