El fantasma del déficit, detrás del intento de seducción a los capitales

Por: Daniel Fernández Canedo

¿Por qué ahora el ministro Boudou dice que la Argentina quiere volver a los mercados, flirtea con el FMI y Néstor Kirchner no lo reta?

La respuesta obvia es: necesita plata. Restando los 700 millones de pesos que el Banco Central le pasó en julio al Tesoro, el superávit fiscal del mes pasado hubiese representado sólo 56 millones de pesos.

La Argentina está al borde del déficit, una categoría temida por un Gobierno acostumbrado a vivir al contado. Pero que ahora cae en la cuenta de que seguir haciéndolo implicaría reducir mucho las posibilidades de volver a crecer.

Desde la Casa Rosada se podrá esgrimir que son numerosos los países que tienen déficit y varios de ellos en la región, incluido el vecino, y principal cliente, Brasil.

Pero la diferencia es que la mayoría de esas naciones, y desde ya Brasil, pueden conseguir crédito a costo razonable, una posibilidad vedada para la Argentina.

Basta recordar que, mientras los bonos brasileños rinden 5,5% anual, y los emitidos por un país desconfiado por los mercados como Venezuela pagan 13,5%, los argentinos ofrecen 20% anual, un rendimiento sideral para estos tiempos.

Esa podría considerarse la escalera que marca la desconfianza. Y que la Argentina, según las palabras de Boudou, estaría pensando en desandar al decir: "es hora de volver a los mercados".

Uno de los requisitos para ese regreso sería permitir que el Fondo Monetario saque una radiografía de la situación económica, lo que se conoce como "Artículo 4". Es un examen sobre las principales variables de la economía, que permite trazar un diagnóstico sobre la solidez y capacidad de pago del país.

Al decir de un funcionario de la Casa Rosada, el Artículo 4 "deja en evidencia el estado del paciente".

La Argentina tiene resultados económicos recientes para mostrar.

Agosto, por ejemplo, va camino a transformarse en el mejor mes del año en materia cambiaria después de la fuerte salida de capitales que dominó el panorama económico hasta junio.

El freno a la salida de divisas fue principalmente por motivos financieros. Y todavía no puede decirse que sea una reversión de tendencia.

Buena parte de la entrada de dólares fue para aprovechar las jugosas rentas de los bonos públicos. Capitales que hoy ingresan pero que -como ya lo demostraron- pueden salir con facilidad. El Gobierno en estos días refuerza la idea de dejar el dólar quieto y algunos funcionarios apuestan cenas a que a fin de año no sobrepasará los $ 4.

Creen que la baja internacional del dólar, como consecuencia de que el mundo desarrollado habría empezado a dejar atrás la crisis, favorece la estabilidad cambiaria local.

También apuestan a que en la última parte del año, a diferencia de la primera, la renta de la tasa de interés le gane a la suba del dólar.

El dólar quieto es la carta que el Gobierno volvería a jugar en tiempos de turbulencia política y cuando la pelea con los productores del campo entra en una nueva etapa.

Entre los resultados a mostrarle al FMI, también está que los depósitos a plazo fijo comenzaron tímidamente a crecer.

Y que las reservas de divisas vuelven a tocar los US$ 45 mil millones, después de haber caído por el pago de los servicios de los bonos Boden 2012.

Muy difícilmente las estadísticas del INDEC puedan pasar cualquier prueba ácida de credibilidad para el Fondo Monetario.

Y deberían darse muchas explicaciones sobre lo que está pasando con el manejo del gasto público.

En el último año esas erogaciones crecieron muy por encima de lo que lo hicieron los ingresos. Además, el Gobierno insiste en que no tiene intenciones de modificar lo que viene haciendo.

De la mano del dinero de la ANSeS, de los depósitos oficiales en el Banco Nación y de las ganancias del Banco Central, el Tesoro viene gambeteando el déficit pero por esa vía quedaría poca tela para cortar.

En parte lo demuestra una versión que indica que precisamente la ANSeS le habría frenado pagos al Ministerio de Infraestructura por $ 1.750 millones. Y que el Gobierno tiene 10 meses de atraso con los contratistas.

Las cuentas están ajustadas, las provincias reclaman y algunas, como Córdoba, que no gozan de la simpatía de la Casa Rosada, hablan de volver a emitir cuasimonedas para poder hacer frente a sus pagos.

Hasta ahora, en la visión oficial, todo desequilibrio del Tesoro tendió a cubrirse aumentando la recaudación.

Tal vez, en el imaginario gubernamental, la idea vuelva a ser a que la suba de la soja le llene un poco más la caja.

Para eso habrá que esperar unos meses clave a ver si se puede retornar a la senda del crecimiento.

Desde ya que ese tiempo podría destinarse a hacer la plancha, a rezar para que llueva y otra vez una buena cosecha genere bonanza.

Pero para recuperar la confianza y conseguir fondos frescos será necesario mucho más que flirtear con el FMI.

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