Ese fanatismo por la evolución

Desde Jesse Owens hasta Usain Bolt, la superación de las marcas en el hectómetro, una competencia que siempre conmovió al mundo
No hay discusiones en las carreras. El más rápido es el mejor. Una frialdad indiscutible que tiene hoy a Usain Bolt como el mejor de todos los tiempos. La evolución tecnológica y biomecánica hace imposible tratar de comparar a los velocistas más importantes de la historia, más allá de técnicas y preferencias.

Donald Lippincott, como cualquier otro rival, apenas se agazapaba detrás de la línea de cal en una pista de carbonilla. En los Juegos de Estocolmo, en 1912, logró el tiempo de 10,3/5 (10 segundos y tres quintos), que luego se tradujeron en 10s6/10, para ser considerados por la IAAF (Federación Internacional) el primer récord mundial de los 100 metros en la historia. En 1928, en los Estados Unidos, comenzaron a hacer pequeños hoyos detrás de la línea de partida. Ese apoyo resultaba indispensable, a modo de tacos de salida que ayudaban considerablemente las partidas detenidas. Esa técnica se usó en 1936, cuando en los Juegos Olímpicos de Berlín, en el mismo lugar en que Usain Bolt hizo historia ayer, Jesse Owens logró, frente a Adolf Hitler, un triunfo que hoy se cuenta como una leyenda.

Dos pequeñas anécdotas de la prehistoria de la velocidad en el atletismo. En los 60 comenzó la era moderna, con los controles electrónicos. Cuando Jim Hines marcó 9s95/100 en los Juegos de México, en 1968, lo que se dijo es que fue ayudado por la altura y por la pista sintética.

Otras cosas fueron cambiando. Antes, el biotipo del velocista era lo más flaco posible para evitar la resistencia del viento. Hoy se buscan cuerpos enormes, fibrosos y capaces de rebotar cada vez más lejos en las pistas. Pero también hay que tener en cuenta las zapatillas especiales, livianas y con suelas con clavos que impulsan hacia adelante a los atletas, y el increíble trabajo de biomecánicos que, a través de cientos de repeticiones de imágenes digitales, corrigen la pisada, la posición del cuerpo, el movimiento de los brazos.

Por supuesto, aunque fuera de regla, el doping ha desempeñado su papel en la historia. Todos recuerdan que Ben Johnson corrió los 100m en 9s79/100. Luego lo descalificaron por un control positivo, pero la realidad indica que un registro igual no se dio hasta once años después (con Maurice Greene). Tim Montgomery y Justin Gatlin reinaron en la velocidad hasta que los eliminaron de la lista de los récords por dar positivo. Pero ¿cuántos de los recordmen mundiales habrán logrado eludir los controles? Todo forma parte de la lucha por superar los límites humanos. ¿Límites? Tal cosa parece no existir para Usain Bolt.

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