Las familias reclaman reconocimiento

Dicen que la Universidad no los acompañó, aunque destacan que la comunidad educativa siempre estuvo cerca.
Con el dolor que aún no logran procesar, la incertidumbre por lo que pasó aquella fatídica mañana del 5 de diciembre del año pasado, y la bronca por algunas respuestas que tuvieron de parte de la Universidad Nacional, las seis familias de las víctimas de la Planta Piloto llegarán hoy al campus para participar del homenaje que se hará al equipo de investigación que encabezaba Miguel Mattea y del que formaban parte además Liliana Giacomelli, Gladys Baralla, Damián Cardarelli y el alumno Juan Politano. Carlos Ravera, la sexta víctima, no integraba el grupo de trabajo, aunque sus tareas se concentraban también dentro de la planta experimental. Allí se descubrirá un monumento, junto a los seis árboles que se plantaron el 5 de septiembre pasado.

A un año de la peor tragedia de la historia institucional de la casa de altos estudios, los familiares reiteran que aún esperan una respuesta amplia de parte de las autoridades de la Universidad que despeje las dudas surgidas en torno a la actividad que los científicos estaban realizando. Es que a partir del incendio hubo un sinfín de denuncias sobre irregularidades en los convenios firmados a través de la Fundación Universidad Nacional de Río Cuarto, sobre la falta de medidas de seguridad -algo que después fue ratificado con las pericias de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo- y también se mezclaron cuestiones políticas, internas y externas.

En medio de este clima, las familias intentaron elaborar un duelo que aún hoy confiesan que no tienen resuelto. Y rápidamente recuerdan el aviso de los sumarios que recibieron en las puertas de sus casas. Y se indignan.

“Fue la única vinculación que tuvimos con la Universidad durante el último año. Esperábamos un reconocimiento del equipo de investigación por todo su aporte a la Universidad y recibimos un sumario administrativo”, repiten incansablemente.

Incluso destacan por qué llegó De Smet a proponer el desarrollo a un grupo de investigadores locales: “Querían avanzar en esta técnica nueva y entonces averiguaron quién en el mundo podía hacer eso y se encontraron que no había más que dos, y uno era Río Cuarto”, recordaron.

Lo cierto es que tras doce meses, el dolor se sigue mezclando con la bronca, pero todos creen a esta altura que al menos la Universidad debió dar un giro y se consuelan pensando que el altísimo costo pagado sirvió para correr un velo. Quedó expuesta la falta de medidas de seguridad, la obsoleta estructura eléctrica y el hacinamiento en muchas de las dependencias universitarias, resultado de años de desinversión y de falta de políticas.

Mientras tanto, la Justicia intenta determinar qué pasó, algo que esperan las familias para empezar a recolectar respuestas en un camino de incertidumbres.

Gonzalo Dal Bianco

gdalbianco@puntal.com.ar

“Sentí abandono el último año”

La foto de Miguel Mattea está en el ingreso a la casa, sobre un mueble. Sonríe tomado de la mano de una de sus hijas, bailando un vals. Ella dice que lo siente siempre presente en su casa. Que lo percibe.

Mabel Gramiger es la viuda del jefe del equipo de investigadores que quedó atrapado en el incendio de la Planta Piloto, hace un año. Tiene los ojos al borde de las lágrimas, y por momentos tiene que detener su relato para no llorar. Admite que es muy difícil su vida después de aquel hecho y que pelea todos los días para tener el clima que había en su casa hasta ese momento.

“Ha sido más que difícil llevar adelante este año porque se han juntado dos cosas en forma paralela, el dolor por la pérdida y lo que tiene que ver con los sumarios y la situación dentro de la Universidad. La nuestra era una linda familia y nuestra casa era un lugar lindo donde vivir. En este año intenté sostener esto, con mucho esfuerzo, dolor e incertidumbre”, comienza contando mientras sostiene su celular inquieto entre sus manos.

“Se generaron muchas dudas sobre lo que se estaba realizando en la Planta Piloto, sobre el modo en que trabajaba el grupo, sobre el vínculo con la Fundación. Y en realidad lo hacían como lo hacían siempre y como lo hacían todos”, señaló Mabel, insistiendo en un punto que les hizo saber en la última sesión del Consejo Superior a las autoridades universitarias.

“En realidad en este año sentí abandono. Esperaba otra cosa de la Universidad. El único acercamiento que tuvimos durante este tiempo fueron los sumarios. Se lo dijimos a la sumariante y me acuerdo que me largué a llorar cuando nos llamó para informarnos, y nos dijo que la Universidad nos comunicaba las cosas buenas y las malas”, remarcó.

Y volvió sobre las dudas: “Me gustaría que dentro de la Universidad no existieran dudas de que de parte del equipo se hizo todo lo que estaba a su alcance. Es injusto intentar señalar al grupo por una falla evidente de seguridad. Y era evidente por lo que pasó y por lo que comenzó a hacerse después, tomando muchas medidas para corregir. Si se hubieran hecho antes...”

La viuda de Mattea explicó que el grupo “trabajaba después de las seis de la tarde porque había menos gente en el lugar. Pero el accidente ocurrió a las 10 de la mañana, cuando estaban en otras tareas. Estaban corrigiendo parciales y en la oficina cuando escucharon un ruido y corrieron... los envolvió el fuego. Siento que se podía haber evitado si se hubiesen hecho las cosas antes”, relató antes de hacer una pausa.

¿Hay un acercamiento con las autoridades universitarias?

Agradecí el acto del martes porque fue un acercamiento. En el Consejo Superior hubo mucha gente que nos apoyó y mucho. De parte del Rectorado creo que hubo una actuación errónea desde el comienzo y ya después no pudo corregirse. Por ahora no siento un acompañamiento de parte de la Universidad pese a lo del martes. Es como que siento que es un acercamiento. Me gustaría que no se ponga en duda que era un grupo que trabajaba en forma responsable y que lo que ocurrió fue un accidente. Esto no lo veo claro y más bien lo siento confuso de parte de la Universidad. La institución debe aportar pruebas a la Justicia y debía ser la primera en salir a reivindicar al equipo.

“La vida se termina imponiendo”

Osvaldo Simone reconoce que en el último año lo asaltaron sentimientos de mucha confusión por la pérdida de su esposa, Gladys Baralla, y la falta de respuestas institucionales de la Universidad que siente como su segunda casa. Cree que esto aún no le permitió elaborar el duelo, aunque asegura que ha logrado iniciar un proceso de recuperación apoyado en sus hijos.

“Ha sido un año en el que viví atravesado por la congoja, por la angustia, por la pérdida. Creo también que a un año hemos podido cada uno de los miembros de la familia volver a retomar alguna de nuestras cosas”, dijo.

“Al final, la vida se termina imponiendo”, dice recordando una frase que escuchó en el Instituto del Quemado, en Córdoba, mientras esperaba que un milagro salvara a su compañera. “En ese contexto -continuó- yo lo siento de manera diferente, es una persona que vivió simultáneamente una historia de vida con uno. Es distinta la relación de la pareja que la de los hijos. Hay aspectos de la ausencia, de la falta, que son muy particulares.

¿Cómo jugó su historia con la Universidad en esto?

Yo tengo mucha historia con la Universidad de Río Cuarto porque además de ser de la primera promoción de la Facultad de Ingeniería, fui secretario académico de esa facultad y después tuve el mismo cargo en la Universidad, todo con mucho compromiso institucional. Mi relación de pertenencia con la Universidad es muy alta.

Esto incidió fuertemente en ese ambiente posterior al accidente y ese silencio que yo particularmente era uno de los que menos lo entendía. Por eso el martes reconocí lo hecho por este Consejo Superior, y aún a un año, representa un alivio. Porque no es que lo necesitan los que fallecieron, lo necesitamos los que quedamos. Porque si algo distinguía a ese equipo de trabajo era el compromiso con la institución. Y que no haya una respuesta inmediata de la institución, y me refiero a las autoridades, poniéndose al frente, no se entendía.

¿Por qué ese silencio?

Creo que se exageró esto de que en la búsqueda de la verdad el silencio ayudaba a la Justicia. Y yo digo respetuosamente que una cosa no quita a la otra. La respuesta institucional debía ser categórica. Y no poner en dudas si era un trabajo que estaba dentro de las líneas, por favor, ¡claro que estaba dentro de las líneas! Estos tipos hacían honor a la dedicación exclusiva, no tenían ninguna otra actividad fuera de la Universidad. Para mí particularmente esto fue un golpe muy duro.

¿Hubo un cambio el martes?

Tal vez el tiempo permitió a algunas mentes ordenar algunas ideas y esa confusión inicial.

¿Por qué cree que pasó lo del 5 de diciembre?

Todo proceso de investigación o de transferencia tecnológica como era éste implica riesgo porque se trabaja sobre cuestiones conocidas y sobre cuestiones por conocer.

Y esto último implica riesgo, más aún en la ingeniería química y en un proceso donde hay elementos de riesgo. El equipo lo conocía perfectamente. Segundo, no era un grupo de aventureros; no eran improvisados. Incluso Gladys, Damián y Miguel al momento del suceso estaban haciendo otra tarea en sus oficinas. Y cuando escuchan el ruido bajan. Además, por lo que cuentan, todos salieron por sus medios fuera del edificio. Pero ni bien supe lo que estaba haciendo en ese momento Gladys y conociendo su espíritu solidario, expliqué que ella haya atinado a ir hacia el lugar de los hechos y no hacia otro lado. No me hizo falta más nada.

“Hace un año que vivo día a día”

Fabiana San Martín es la viuda de Damián Cardarelli y vive con sus dos pequeños hijos, Ignacio y Martín. Recuerda que cuando volvieron de Córdoba, ya con la pérdida de su esposo, decidieron despedir a todos sus familiares en la puerta para enfrentar la situación haciéndose fuertes entre los tres. Después destacó que el grupo familiar se volvió clave para avanzar en la recuperación. Cada almuerzo y cada cena, brindan “por el viejo” y comienzan a sacar todos sus deseos a futuro. “Eso, que parece una pavada, nos está ayudando a salir adelante”, asegura, en un año de muchas dualidades.

“Arrancamos en un estado de shock del que nos costó mucho salir. La noticia de la explosión llegó en medio de una rutina diaria, de dejar la comida hecha, de encargarte de los chicos, y de golpe una mañana como cualquiera, un llamado telefónico nos cambió la vida a todos. Fue un impacto muy grande. No sabíamos lo que había sucedido, la magnitud, ni las heridas de Damián y del resto”, recuerda.

“Después -continuó- vino como la nube negra de la explosión, sobre nuestras vidas al ver lo que pasaba con nuestros seres queridos. Vimos que la situación era gravísima, y no pudimos dimensionarlo. La primera muerte, la de Juan -Politano-, nos puso delante de la realidad, que algo grave estaba pasando. El miedo nos invadió y se hizo evidente con los partes médicos que eran cada vez peores. Yo veía que se iba deteriorando rato a rato. Cuando me avisaron de la muerte sentí un vacío, un vacío muy profundo, que nunca había sentido. Yo perdí a mis padres, a muchos familiares, pero nada como esto”.

En medio de su relato, abrió un paréntesis para referirse a su compañero perdido: “Damián no sólo era mi esposo, el padre de mis hijos, sino que era mi mejor amigo, mi hermano, mi compinche, teníamos proyectos hasta los 90 años para hacer cosas juntos. Y fue un desmoronamiento de todo. El proyecto de vida quedó en la nada”, afirmó con lágrimas en los ojos.

Y los momentos de soledad comienzan desde temprano: “El primer impacto que sigo sintiendo es al despertar, esos primeros segundos, y notar la ausencia. Y después pienso en mis hijos, que son chicos, y eso me hace levantar de la cama. Vivimos el día a día, los proyectos son a muy corto plazo. Después sí me costó mucho también lo judicial, que tuvimos durante todo el año, todos los días”, agregó.

¿Y lo del sumario?

Fue un impacto que todavía cuando me acuerdo se me pone piel de gallina. La imagen de abrir la puerta y leer ese papel tan injusto, con tanta agresión en el momento en que estábamos pasando... Fue muy doloroso. Y con esto no es que estamos en contra de la tarea de la Justicia, pero esto estuvo fuera de lugar y nos consumió muchas energías positivas. Ahora, siento la obligación y la necesidad de continuar lo que habíamos empezado juntos, sabiendo que nada será igual que antes.

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