Familias que ocuparon viviendas en el Mapic dicen que resistirán el desalojo

"No vamos a dejar las viviendas. Es la primera vez que tenemos un techo digno. Nuestros padres, abuelos y tatarabuelos nunca conocieron lo que es tener una casa de material.

No nos vamos a ir de acá", dijo ayer Alicia Ramírez, integrante de una de las familias que desde hace una semana ocupan en forma irregular un grupo de 46 viviendas que estaban a punto de ser adjudicadas en el barrio Mapic. Dicen que están cansados de promesas preelectorales, y aseguran que resistirán cualquier intento de desalojo. Algunos, incluso, amenazan con prenderse fuego.

Son una docena de familias numerosas de la etnia toba y otras tanto criollas que hasta hace una semana vivían en precarios asentamientos de Villa Cristo Rey II y Angel de la Guarda, levantados en terrenos privados, que también fueron usurpados. Casi todas tienen algún familiar enfermo: mal de chagas, dengue, pulmonías, afirman, son moneda corriente entre niños y adultos. Hay mujeres embarazadas, y una de ellas tiene HIV.

Sin trabajo formal y en condiciones de extrema pobreza, explican que se las arreglan como pueden para dar de comer al ejército de niños que tiene cada familia. Algunas mujeres señalan que desde que tomaron las viviendas se les suspendió la ayuda oficial que recibían.

"Estamos cansados de promesas. Cada vez que nos necesitaban para ir a un acto político, venían y nos llevaban en colectivos o camiones. Pero no vamos a ir más. Estamos cansados de que nos mientan", sostuvo Alicia Ramírez, una joven que pertenece a la comunidad toba y es madre de cuatro niños.

La mujer exhibe un cuaderno que usaron los integrantes de la comisión vecinal que se formó en el asentamiento para dejar constancia por escrito de los acuerdos firmados con las autoridades del Instituto de Vivienda.

Ramírez hace hincapié en el texto que lleva la firma del vocal de Vivienda, Fabricio Bolatti, donde se dejó constancia que el funcionario se comprometía a gestionar la compra de materiales para entregar a las familias, para que pudieran mejoras las viviendas del asentamiento."Recién ahora empezaron a llevar los materiales", señaló Ramírez.

Dispuesta a todo

Marta Quintana, asegura estar dispuesta a llevar las cosas a un extremo si intentan desalojarla. "Me voy a encerrar en la casa con mis hijos y me voy a prender fuego", amenaza, mientras muestra un bidón con combustible.

El comentario lo hizo a raíz de las versiones que llegaron hasta el barrio usurpado que indican que algunas personas a las que se les adjudicaron las viviendas se estaban organizando para intentar desalojarlos. Ayer, varios efectivos uniformados de la Policía del Chaco montaban guardia en otro sector de las viviendas. "No tenemos miedo, vamos a resistir", aseguró Ramírez.

Las madres también coincidieron ayer en solicitar ayuda a la empresa Sameep para que les provea de agua potable, ya que las viviendas tienen todas las instalaciones pero no están conectadas a la red. Por otra parte, solicitaron ayuda a la comunidad para contar con jabones y otros elementos para la higiene de las familias.

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