“Hay familiares de las víctimas que empezaron a perdonarnos”

“Hay familiares de las víctimas que empezaron a perdonarnos”

Entrevista con Patricio Fontanet, a una semana de su liberación. Desde Córdoba, el ex líder de Callejeros habló de Cromañón, de Chabán, de su familia y su futuro en la música.

La cara se le transforma y sonríe cuando habla de Homero, su hijo de casi dos años, que apenas tenía dos meses cuando la Cámara de Casación le ordenó ir a prisión en Ezeiza. A Patricio Santos Fontanet se le nota en el cuerpo el peso de la tragedia ocurrida hace casi una década, la noche del 30 de diciembre de 1994, cuando en un incendio durante un recital de su banda Callejeros en la disco Cromañón, en Once, murieron 194 jóvenes y adolescentes, entre ellos su novia Mariana Sillota y la mejor amiga de su familia. “Hay padres que han perdido a sus hijos y no se pueden explicar por qué. Pero hay otros padres que perdieron alguno de sus hijos, pero los otros hijos, los que quedaron vivos, les explicaron cómo fueron las cosas y han cambiado su opinión. Han empezado a perdonarnos”, le cuenta a Clarín Fontanet, en el estudio de su abogado Marcelo Brito. Durante el juicio, los músicos de Callejeros resultaron absueltos, pero luego una Cámara de Casación penal, en fallo dividido, los halló culpables y les ordenó ir presos. Fontanet estuvo internado en una clínica psiquiátrica cordobesa durante seis meses y en abril del año pasado fue trasladado al complejo carcelario de Ezeiza, donde aumentó 23 kilos. “La cárcel es la nada misma. Estás adentro, pero estás todo el día pensando en estar afuera. Y cuando te das cuenta, tomás conciencia de que estás adentro y de que no sabés cuándo estarás en libertad”, explica, sobre su experiencia tras las rejas. Sin embargo, rescata que en el pabellón PRISMA para pacientes psiquiátricos –que depende del Ministerio de Salud de la Nación– “hicieron un trabajo maravilloso”. Y agrega: “Yo estaba con tratamiento psiquiátrico y psicológico; volví a trabajar y eso me hizo muy bien para mantener mi cabeza ocupada”. A los 35 años, Fontanet está entero y con ganas. Se lo ve entusiasmado con su nueva realidad cordobesa, contenido desde lo afectivo por su mujer Estefanía “Telu” Miguel y su hijo, al que llamó Homero en honor al genial Manzi. “Me dedico a disfrutar de ‘Telu’ y Homero. En Ezeiza ella me visitaba una vez a la semana y Homero cada 15 días. Ahora está más grande y entiende más las cosas. Entonces, cada vez que se iba, la tristeza se hacía inmensa para los dos”, cuenta. Y agrega, orgulloso: “Con Homero cambiaron todas las prioridades; los problemas pasan por otro lado. En Córdoba formé una familia, armé esta familia hermosa, convencido de lo que estaba haciendo”.

Dijiste que en la cárcel grabaste algunos temas. ¿Piensan volver a tocar en vivo?

Tenemos diez temas que hicimos en la cárcel, pero no entran para este disco ni para el otro. Sí hay dos temas que van a estar en el disco y sí son de Ezeiza: El reto y Mis latidos (N. de R.: ver Escrito en la cárcel). Hicimos el demo de siete canciones, pero el disco nuevo, Casi Justicia Social. Parte 1, tiene 14 temas y sólo tenemos cinco listos. Nos faltan nueve. Tenemos que ensayar con los chicos. Ayer (por el lunes) estuve en Tribunales en Buenos Aires, donde comparecí y me explicaron cómo es este nuevo régimen. Además los notifiqué que desde septiembre me voy a ausentar de Córdoba entre martes y jueves, porque esos días tenemos los ensayos.

¿Pensás en la posibilidad de que vuelva Callejeros?

Callejeros no vuelve más. Intentamos seguir tocando, pero el peso de la banda se hizo insostenible. Cada uno estaba con sus problemas. Lo de Eduardo y Wanda se nos hizo muy doloroso y muy triste. Hubo mucha angustia con esa cuestión. Líder de Casi Justicia Social, su nueva banda formada en 2010, Fontanet cuenta cómo volvió a engancharse con la música. “Al principio no podía agarrar la guitarra. Estaba muy triste por la situación, no podía tocar temas de Callejeros. Me puse a hacer canciones nuevas. Un día empecé a tocar Rocanroles sin destino y así comencé a hacer las pases con lo que me generaba la banda. Nos dimos cuenta que tocar nos sacaba de la tristeza”, recuerda. También se defiende de las acusaciones sobre aquella noche trágica de fines de 2004. “Nunca fuimos socios de Chabán, ni tampoco cogestionamos los shows. Nosotros siempre hicimos contratos de palabra. Los contratos de palabra tienen que ver con el honor de cada persona. A los 25 tenés más ingenuidad e idealismo. Chabán era una institución en el ambiente del rock. Hasta Cromañón, la banda había crecido en público, pero no en estructura. El nos decía que en Cromañón había capacidad para 5 mil personas y nosotros le creímos. Después de Cromañón salió a decir que tenía capacidad para 3.500. Nosotros siempre trabajamos tratando de cumplir con la legalidad. No sabíamos que Chabán se movía desde lo ilegal”. Como ejemplo de la relación entre el dueño de Cromañón y los artistas, apunta: “Hubo un juicio que Chabán perdió con el Sindicato Argentino de Músicos, por la forma de contratación. Quedó en claro que los artistas eran contratados por Chabán”.

¿Callejeros promocionaba sus shows como “la banda de las bengalas”?

Se buscó demonizar a la banda diciendo lo de las bengalas. Eso fue un invento plantado. Entre que vi el fuego de la candela y frenamos el show debe haber pasado un minuto. Cuando se cortó la luz todo se convirtió en caos. Somos la pantalla de distracción para que la gente discuta si somos inocentes o no. Y por atrás pasa todo. La gente no le conoce la cara a los funcionarios ni a los policías que actuaron fuera de la ley.

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