La familia de Tomaso cargó contra la policía

Juan Carlos Tomaso y Graciela Villalba, padres de Marcos, el joven de 18 años asesinado el domingo cuando salía del cabaret Jarana, exigieron justicia y acusaron a la policía de haber actuado como testigo pasivo del crimen.
Los Tomaso recibieron ayer a este diario en su casa del Plan 5000. "La policía miente", repitieron una y otra vez. Junto a los padres de la víctima estaban Juan y Mario, dos de sus hermanos, y Belén, pareja del primero y cuñada de Marcos, todos testigos del hecho, quienes coincidieron en apuntar contra algunos efectivos de la Seccional Segunda, a los cuales acusaron de estar presentes, mirando, cuando la víctima fue atacada por el único detenido y acusado del crimen, Matías Cejas.

Esto último también provocó un airado reclamo de la familia. "¡No puede ser que el único detenido sea Cejas! ¡Eran como veinte los que nos atacaron! Uno de ellos le dio el cuchillo para que lo apuñale. Ese es el dueño de la camioneta de donde sacaron los fierros y las cadenas con las que nos pegaron", dijo Juan Carlos.

Salvo Graciela, que no estuvo ese día en el lugar, todos declararon como testigos ante el Juzgado de Instrucción 4, de Hugo Farías, que investiga el crimen. Ante LA ARENA confirmaron que aportaron a la Justicia los nombres de, al menos, seis de los agresores y remarcaron que no se trató de un enfrentamiento entre bandas, sino de un ataque artero de dos decenas de personas contra cinco, entre las cuales había una joven embarazada.

Respecto al momento de la agresión, Tomaso y sus hijos afirmaron que todo comenzó cuando se retiraban del local, pasadas las 8 del domingo. "Cuando me iba, vi que unas personas le estaban pegando a un sobrino mío, entonces les dije que lo dejaran. Se los dije a la pasada. Cuando llegué al auto, los chicos ya estaban ahí, esperando para volvernos, pero no alcancé a abrir la puerta que me pegaron con algo en la cabeza y me caí", relató.

A partir de ahí, narraron, Marcos y sus hermanos intentaron defenderlo pero fueron golpeados brutalmente con caños de metal y cadenas. "Nos levantábamos y volvíamos a caer de un golpe, estoy seguro que si nos quedábamos tirados nos mataban a todos", enfatizó Juan Carlos.

Mario, al igual que los demás, insistió en que la golpiza ocurrió ante la mirada pasiva de varios policías armados con Itakas. "Había al menos tres o cuatro patrulleros. A mi hermano lo corrieron y cuando se cayó lo apuñalaron", afirmó. Todos coincidieron en afirmar que la policía inventó la versión de la pelea entre bandas para justificar su inacción. "No sólo que miraban mientras lo apuñalaban sino que después tardaron un montón en llamar a la ambulancia", recordaron.

Graciela, visiblemente afectada, recordó a su hijo como un joven trabajador y reclamó que sean apresados todos los responsables de su asesinato. Su esposo y sus hijos tenían en sus rostros varios hematomas y excoriaciones.

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