La familia, primero.

Por Roberto De Vicenzo.

El golf dio sus muestras de apoyo al conocerse la decisión de Phil Mickelson, N° 2 del mundo, de alejarse momentáneamente del circuito por la enfermedad de su esposa, Amy, que padece cáncer de mama.

-¿Qué opina de esta situación?

-Lógicamente que este problema que atraviesa la familia de Mickelson me entristece, pero, al mismo tiempo, me alegra que el golf haya reaccionado de tan buena manera. Porque los sponsors no presionaron al zurdo de San Diego a seguir en el ruedo, el público entendió la postura de Phil de acompañar a su esposa y, al mismo tiempo, los jugadores se mostraron a entera disposición de su colega. Esto significará todo un estímulo para Mickelson.

-¿Cómo cree que el norteamericano está abordando el problema?

-Con la certeza de que la prioridad es su familia, y no el golf. Extraerá muchos aprendizajes de este difícil escenario. Estoy seguro de que se verá fortalecido cuando regrese al circuito y se encuentre en situaciones de juego comprometidas. Minimizará las contingencias de quedarse en un búnker o caer eventualmente al agua. Al fin y al cabo, hay cosas más importantes.

-¿Alguna vez usted sufrió algún contratiempo que lo haya llevado a la inactividad?

-La verdad, fui un afortunado, Dios me ayudó en todo. No recuerdo haber abandonado un torneo, o haber padecido un accidente o un robo que me hubiera obligado a alejarme del tour. Tampoco una lesión o una operación importante, como la que atravesó Tiger Woods hace un tiempo.

-También usted puso mucho de lo suyo para que así se dieran las cosas?

-Sí, pero por más que uno entregue todo de sí, cuando las cartas vienen mal, no hay vuelta que darle. También es una cuestión de suerte. Yo jugué toda mi vida y pude cumplir siempre con los compromisos, tanto deportivos como comerciales, de clínicas o actos solidarios. Pero también es decisivo el apoyo familiar.

-Usted se casó a los 23 años, cuando ya estaba encaminado como golfista profesional. ¿Cómo manejó esta cuestión?

-Bien, porque Delia siempre estuvo al lado mío. Pero también es cierto que no había tanta competencia como ahora. Los torneos empezaron a moverse mucho más después de la década del 60. Por entonces, los tours se volvieron más fuertes y tuvieron mayor respaldo. En estos días, la oferta de circuitos para los profesionales es muy variada y tentadora, lo que provoca que el jugador esté saltando de uno a otro todas las semanas y que no aparezca por su casa durante meses, tal vez. Pongo el ejemplo de Angel Cabrera, que tras obtener el Masters tiene su agenda ocupada de aquí a fin de año.

-¿Hay alguna forma de equilibrar la vida familiar con el golf profesional?

-Al máximo nivel es difícil, casi imposible. No podés pretender que tu mujer se siente en el sofá del Club House y te espere desde las once de la mañana hasta las seis de la tarde para que termines la vuelta del torneo. Puede ser en algún caso especial ?en un Major o en un certamen de nuestro país?, pero no hay forma de compatibilizar ambas cosas, como si se tratara de una situación normal. Mucho menos cuando tenés hijos.

-¿Cómo vive una mujer los avatares de un marido golfista?

-Hay de todo, están las pacientes, y las otras, las que dicen: "Pero ¿cómo? ¿No ganaste nada? ¿Para qué viajaste?". Son las que esperan al cheque con el premio antes que a vos en la puerta de tu casa. He conocido a muchos jugadores que, lamentablemente, rompieron con su matrimonio por la poca tolerancia a las demandas de este deporte. También es cierto que es diferente la expectativa que puede tener una esposa de un jugador top, respecto de otro que la está peleando en un circuito menor.

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