La familia Obama impondrá su propio sello en la Casa Blanca

Por Jodi Kantor

NUEVA YORK.- Cuando Verna Williams se comunicó con Michelle Obama para felicitarla por el triunfo de su esposo, le preguntó, medio en broma medio en serio, si debía dejar de llamarla "Meesh", su viejo apodo en Harvard, y empezar a dirigirse a ella de una manera más respetuosa.

Entre risas, la señora Obama y su amiga comenzaron a intercambiar posibles apelativos, uno más gracioso que el otro, y todos demasiado ridículos para ser mencionados en las páginas de un diario, según afirma Williams.

Un día después de las elecciones presidenciales, la familia Obama de Hyde Park, Chicago, ha comenzado a pensar en cómo convertirse en la familia presidencial de los Estados Unidos.

Por ser los primeros afroamericanos que ocuparán ese lugar, serán la encarnación del progreso racial, y sus amigos afirman que la pareja es plenamente consciente de que todo lo que digan y hagan -su modo de vestirse, la escuela a la que asistan sus hijas, Malia y Sasha, de 10 y 7 años, respectivamente, y hasta la mascota que adopten- estará cargado de un profundo valor simbólico.

Para el presidente electo y su familia, abandonar Chicago implica desmantelar ese capullo protector que han construido.

A lo largo de la campaña, Malia y Sasha -que serán los habitantes más pequeños de la Casa Blanca en décadas- pasaron muchas horas en el diminuto departamento del South Side de su abuela, el mismo donde creció su madre. La escuela privada a la que asisten en la Universidad de Chicago está plagada de vecinos y partidarios que vigilan a las niñas con amoroso cuidado.

Cuando las niñas y su madre necesitan privacidad, se refugian en el patio trasero de sus amigos de toda la vida, donde saltan la soga o suben el volumen de su iPod para entregarse al baile al ritmo de las canciones de Soulja Boy y Beyoncé Knowles.

La señora Obama ha pasado casi todos los domingos de los últimos diez años con las mismas dos amigas y su camada colectiva de hijos, últimamente en el local de California Pizza Chiken donde cada una pasa revista de su semana. Ahora todo eso cambiará. Ahora comienza la búsqueda de una nueva escuela, comentó Michelle a sus amigas.

En Hyde Park, es famosa por su celo maternal, alguien que estudia atentamente el movimiento de piernas de su hija Malia en los partidos de fútbol mientras los otros padres se escapan. "Conociéndola -dice Sandra Matthews, una amiga de Chicago-, Michelle va a querer ocuparse ella misma" en vez de delegar en terceros la elección de la nueva escuela.

Como padres, los Obama creen en darles a sus hijas cierto margen de decisión en temas que las afectan, agrega Matthews. Así que atención, directores de escuela: la opinión de Malia -una fanática de Harry Potter de ojos solemnes- y de Sasha -la histriónica de la familia- tiene mucho peso.

Fiestas de pijamas

Aunque seguramente los Obama seguirán recibiendo a los dignatarios y jefes de estado que visitan Washington, las huéspedes más preciados serán las amigas de las niñas. "Es probable que tengamos fiestas de pijamas en la Casa Blanca", dice la señora Williams.

En vez de intentar crear un entorno social completamente nuevo en Washington, los amigos anticipan que los Obama trasladarán parte de su mundo de Hyde Park a la capital. Durante la campaña se los veía acompañados de grupos de parientes y amigos: Craig Robinson, hermano de Michelle; Martin Nesbitt, tesorero de la campaña; Eric Whitaker, ejecutivo de un hospital, y muchos otros. Y para que las niñas tuviesen con quien jugar, todos viajaban también con sus familias.

Los Obama desembarcarán en Washington con un quinto miembro de su familia, alguien que hasta el momento ha permanecido detrás de cámaras. Marian Robinson, la madre de Michelle Obama, viuda y secretaria de banco jubilada, estará como siempre a cargo de las niñas durante las frecuentes ausencias de su madre. Los allegados dicen que todavía no saben si la señora Robinson se instalará formalmente en la Casa Blanca, pero no cabe duda de que la abuela de Malia y Sasha estará al alcance de la mano, lista para suplir a los padres cuando viajen.

No bien la señora Obama haya instalado a sus hijas, según ella misma ha dicho, se ocupará de dilucidar qué tipo de primera dama quiere ser. Según ha dicho, planea convertirse en abogada de los padres que trabajan, en especial los de las familias de militares, para conseguirles mejor atención y cuidado infantil.

"Ella misma tendrá que hacer malabarismos con su tiempo", dice Doris Kearns Goodwin, historiadora presidencial.

Pero en muchos aspectos la vida de la familia Obama será mucho más sencilla. Desde 1996, cuando fue elegido senador por Illinois, Barack Obama ha pasado períodos prolongados fuera de su hogar, y según él mismo ha confesado, en el mejor de los casos ha sido un padre de medio tiempo.

Su elección como presidente ayudará a que se cumpla un sueño familiar largamente anhelado: durante los próximos cuatro años, los Obama finalmente podrán cenar juntos.

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