La familia ampliada, un fenómeno social en el Jujuy de estos tiempos

Son núcleos conformados por los hijos con familia que no tienen forma de salir de la casa paterna y es, según especialistas de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia, el fenómeno más notable que se observa en los Centros de Desarrollo Infantil, el nuevo nombre de las viejas guarderías en las que se cuidan a los niños de hasta cinco años. Talleres de reflexión para padres muestran esa realidad y aportan otros datos, como que la familia tradicional es casi una rareza.
Los talleres "Crecer en familia" que realiza la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia en varios Centros de Desarrollo Infantil de la capital jujeña, dejaron en evidencia que la imposibilidad de independizarse de la familia de origen es un fenómeno recurrente.

"El tema más común es la convivencia de distintas generaciones; se genera una lucha de poder entre padres y abuelos; a los padres les cuesta ponerse en sus lugares de padres y entender que son ellos los que dirigen y toman las decisiones. A los abuelos les cuesta aceptar el lugar de los hijos y aceptar el rol que tienen ellos", explicó a El Libertario la licenciada en Trabajo Social Ana Barramontes quien junto a la psicóloga y magister en investigación educativa María del Carmen Rodríguez conducen los talleres en los barrios Cuyaya, Alto Comedero, Santa Rosa, Chijra y San Pedrito. Durante el 2009, aproximadamente unos 700 personas participaron de estas actividades que tienen por objeto brindar orientación sobre la muy compleja tarea de ser padres.

Lo que más se ve en estos lugares son las madres solas, luego las familias ensambladas ("los tuyos, los míos y los nuestros") y las familias extensas, que por motivos económicos no pueden independizarse. La familia tradicional, aquella que integran los padres y los hijos del matrimonio, es casi una rareza, indicaron. "En Jujuy es una particularidad la multiplicidad y pluralidad; se conjugan cuestiones muy tradicionales atravesadas por el posmodernismo", describió Rodríguez ante una consulta.

Si poner límites a los hijos es una tarea difícil en cualquier familia, más lo es en la ampliada, donde conviven cara a cara dos paradigmas: el de la familia tradicional, de normas rígidas, representada por los abuelos, y la familia "moderna" constituida por los padres jóvenes que no siempre saben cómo tomar decisiones con seguridad y mantenerlas ante los chicos, explicaron las responsables de los grupos de reflexión.

Agregaron que "trabajamos la cuestión de la diferencia entre los padres y abuelos y entre las épocas; una época es la mía y otra es la de los abuelos. El tema es ubicarse frente a esta diferencia".

"Lo que les proponemos es hacer una ‘carpita’ simbólica, que esa familia asuma su propia identidad, que constituya su propio espacio en el que otros no tengan injerencia", precisó Rodríguez.

Pero los conflictos derivados de la familia ampliada no son las únicas cuestiones que salieron a la luz en la experiencia. La figura masculina desdibujada, la irrupción de los "padres solos" –tanto mujeres como hombres-, mujeres que se sienten culpables por dejar a sus hijos para trabajar y los jóvenes que quieren ser padres pero no criar a los chicos, son otros de los hechos que más emergen en los talleres, donde –llamativamente- el problema económico no aparece identificado como la primera causa de todos los males, señaló Rodríguez. "La cuestión está focalizada en las relaciones, en los vínculos con los hijos", aclaró.

Poner límites a los niños es el gran tema, más complejo dentro de una familia ampliada.

Poner límites a los niños es el gran tema, y más complejo dentro de una familia ampliada.

La situación de la mujer tiene relieves particulares: "al trabajar, la mujer se recargó y la crianza cae más fuertemente en ella. La mayor responsabilidad siempre es de la mujer, que se culpabiliza. Además de la carga objetiva que tiene sobre sus espaldas, debe aceptar la realidad y encontrar maneras de sentar presencia a pesar de la ausencia física". Lo que importa –advirtió la psicóloga- es la presencia simbólica, aunque esté ausente físicamente y para ello la recomendación es organizar la casa: "no estoy pero mi presencia está".

La experiencia de escuchar y hablar con la gente que se acerca a los Centros de Desarrollo Infantil mostró otras cosas, como "mucha capacidad en la gente en reflexionar" en torno a sus problemas. Un ejemplo que asombró a Barramontes y Rodríguez es el de una mujer que, preocupada por los problemas de su hijo en la escuela, se presentó en el centro con su pareja actual y con el ex marido. Los tres. Ella explicó que se llevaba mal con el padre de su hijo pero que se habían puesto de acuerdo para ir juntos al taller y mejorar sus relaciones por el bien del chico.

"Como trabajadora social, yo apuesto a los cambios internos y a elegir esta forma de llegada que no es un contexto formal sino un espacio donde se comparte, hay un clima grupal y cada uno aporta al otro. No damos respuestas magistrales sino que ayudamos a la gente a que reflexione", describió Barramontes.

Y Rodríguez: "el ideal de familia no se compadece con la realidad de la familia que tenemos y eso hay que trabajarlo mucho. Los cambios son muy grandes, a veces nos manejamos con las ideas que tuvimos en la niñez y que están muy lejos de la familia de hoy".

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