El año en que faltarán dólares.

Por: Miguel Olivera.

Una combinación entre fuga de capitales y menores exportaciones hará evidente la escasez de divisas. Eso marca la gran diferencia en 2009.

Para ser constructivos es mejor dejar de lado las culpas: serán del mundo, serán propias, serán del voto no positivo. Ésa es otra discusión. El hecho duro es que hoy la Argentina es un país más pobre en dólares…, pero aún no nos dimos cuenta.

La caída en el precio de las principales exportaciones argentinas y la fuerte devaluación de las monedas de otros países, especialmente Brasil, empobrecieron a la economía. Vale la pena mirar a Brasil, ¿cómo ajustó frente a la caída en el precio de las materias primas y la fuerte salida de capitales? Devaluando.

Cuando el dólar cotizaba a 1,70 reales (llegó a 1,50), Brasil tenía un ingreso por persona (en jerga: PBI per cápita) de 8.700 dólares. Hoy, con el dólar a 2,30 reales, el ingreso promedio de un brasileño bajó a 6.500 dólares anuales. Paradójicamente, reducir el PBI en dólares puede ser una manera de tener que ajustar mucho menos el consumo en la moneda local (alguien siempre tendrá que ajustar algo: cayó el valor de las exportaciones).

En la Argentina, el ajuste cambiario fue mucho más moderado, el ingreso por persona quedó en alrededor de 7.500 dólares al año.

¿Por qué ajustó devaluando?

El tipo de cambio es uno de los precios más importantes de la economía (junto al salario y la tasa de interés) porque define la inserción en la economía internacional. El precio del dólar decide desde cuántos pesos recibe quien exporta soja hasta cuánto cuesta la TV importada en el mercado local. La decisión de producir o importar es parte de la gimnasia de muchos empresarios argentinos. La devaluación hace más competitiva a la producción local en forma pareja sin necesidad de recurrir a medidas sectoriales o capitalismo de amigos.

Brasil no es el único que cuidó reservas. Chile y Colombia también devaluaron en forma importante. Del otro lado, el club de los que devaluaron poco. Junto a la Argentina están Ecuador, Perú o Venezuela. ¿Por qué? Cada uno tiene su historia. Ecuador eligió la dolarización (por ahora); Venezuela fijó el dólar (por ahora y ¿hasta el referendo?); Perú tiene un altísimo nivel de dolarización de deudas financieras, y en la Argentina, ¿por qué se eligió el gradualismo cambiario?

Devaluar en la Argentina nunca fue fácil. La historia de la política cambiaria argentina en pocas líneas es así: largos períodos de fijación (o baja fluctuación) del dólar para “anclar” seguidos de grandes devaluaciones para corregir la pérdida de competitividad (los historiadores lo llaman stop-go o parada y arranque).

Hoy no existe el problema de la dolarización bancaria y las deudas en dólares –públicas y privadas– son menores que durante la convertibilidad. Lo que sigue intacta es la dolarización mental argentina. La fijación con el dólar resulta un comportamiento defensivo que, frente a mayor incertidumbre, lleva a una mayor compra de dólares. Entonces, una devaluación acelerada compromete la estabilidad porque puede provocar (o reforzar) la huida del peso.

El otro problema que plantea la devaluación es el traslado a precios, especialmente a precios claves como los alimentos. La deflación global de los precios de las materias primas debería dar algún respiro (aunque, ¿por qué, si los alimentos subían en la Argentina debido al alza de las commodities, ahora no bajan? ¿O no dejan de subir, al menos?).

La devaluación necesita seguramente medidas compensatorias a los sectores de ingresos más bajos y es el uso óptimo para ingresos fiscales que pierden fuerza y que, ajustados por inflación y la nacionalización de las AFJP, caen.

Mientras tanto, hay que financiar niveles altos de gasto público y privado en dólares. Insisto: en dólares, no en pesos. Y demasiado altos. Con mercados financieros y organismos multilaterales casi cerrados, lo que le queda para ajustar es una combinación de menos reservas, menos actividad o dólar más caro. Las dosis son aún un misterio pero, por ahora, el gradualismo manda.

La diferencia del año 2009 con los seis años anteriores es que no sobran dólares sino que faltan. Un botón de muestra son las exportaciones. Los legisladores aprobaron un Presupuesto donde se supone que las venta al extranjero aumentan casi 5% en relación con las de 2008 y que terminarán en alrededor de 70 o 71 mil millones de dólares. El Banco Central no está de acuerdo y espera que las exportaciones caigan a 69 mil millones de dólares en 2009. El problema es que ambas proyecciones pueden ser muy optimistas. En el sector privado hay estimaciones más cercanas a los 60 mil millones de dólares e, incluso, menores (Econométrica, M&S Consultores). Es decir, casi 10 mil millones de dólares menos que la estimación oficial más conservadora.

Hay un problema aún más serio: la fuga de capitales que alcanzó 28 mil millones de dólares entre 2007 y 2008. Este proceso de dolarización se financió de los dólares sobrantes, que, justamente, serán menos en 2009. Parte reprimida, parte regulada, parte estacional, la demanda de dólares bajó sustancialmente en los últimos días pero puede encenderse.

No es fácil hacer política económica en un país donde sus ahorristas fugan cantidades fenomenales de ahorro (5% del PBI) en un trimestre. La fuga de capitales es el piquete de las clases medias altas y altas. Más allá de si la reacción dolarizadora se justifica en la historia o en el presente, complica enormemente la política económica. En Brasil o en Chile se devalúa 40% y los ciudadanos no corren a comprar dólares.

El dólar relativamente barato también plantea dudas sobre una parte de la política fiscal compensatoria del Gobierno. ¿Es el consumo de heladeras y autos made in Brasil lo que debe promoverse? La clase media recibe la señal mixta de mayores ingresos (por la eliminación de la tablita de Machinea) y tarifas más caras. ¿No debería recibir la señal de que los productos importados son más costosos en lugar de promoverse su consumo? Ecuador, atado de manos y sin poder devaluar, comienza a racionar las importaciones para ahorrar dólares (en economía se ajusta por precio o por cantidad). ¿Cómo lo haremos en la Argentina si efectivamente los dólares faltan?

En 2009, la transición a menos dólares tiene un lado político. También es la transición de una economía de “más para todos” a otra de “sacarles a algunos para darles a otros”. Hay que administrar la desaceleración del crecimiento con el antecedente de un manejo conflictivo de las ganancias de la expansión. Menores márgenes de maniobra demandan mayor inteligencia política y económica.

Hay espacio: un stock de reservas generoso y cierta solidez fiscal. No es poco. Sin embargo, el desafío es realizar la transición a un ingreso por persona de 6.500 dólares privilegiando los objetivos de protección social y la generación de empleo.

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